
Distrito Vicuña se ha convertido en uno de los anuncios más disruptivos para la minería sudamericana en la última década. Con una inversión estimada en US$ 18.000 millones y una proyección de producción máxima de hasta 500 mil toneladas anuales de cobre, el megaproyecto ubicado en la provincia de San Juan, Argentina, no solo busca posicionarse entre las cinco mayores minas del mundo en cobre, oro y plata, sino que además introduce un nuevo polo de escala global en plena frontera con Chile. Su cercanía con la mina Caserones, en la Región de Atacama, abre interrogantes estratégicas sobre sinergias logísticas, competencia por infraestructura y el rol que jugará el eje andino en el suministro de metales críticos en las próximas décadas. La magnitud de los recursos reportados y la solidez financiera anunciada por sus controladores marcan un punto de inflexión en la carrera regional por atraer capitales de largo plazo.
Una apuesta binacional liderada por Lundin Mining y BHP
El Distrito Vicuña pertenece a Vicuña Corp., sociedad en partes iguales entre la canadiense Lundin Mining —operadora del proyecto— y la australiana BHP. El complejo integra los depósitos de Filo del Sol y Josemaría, ubicados sobre los 4.000 metros de altitud en San Juan y colindantes con la operación de Caserones en Chile.
Según los resultados de la Evaluación Económica Preliminar (PEA) informados por la compañía, el proyecto contempla una producción anual promedio de 395 mil toneladas de cobre durante su primera década, con picos superiores a 500 mil toneladas. A ello se sumarían cerca de 700 mil onzas de oro y 22 millones de onzas de plata anuales en los primeros 25 años de operación.
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La vida útil inicial supera los 70 años, con una producción estimada total de 22,3 millones de toneladas de cobre, 37,2 millones de onzas de oro y 763 millones de onzas de plata. En términos de recursos minerales, la estimación actualizada reporta 14 millones de toneladas de cobre en categorías medidas e indicadas (M&I) y 32 millones inferidas; en oro, 36 millones de onzas M&I y 61 millones inferidas; y en plata, 729 millones de onzas M&I y 1.051 millones inferidas.
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Inversión, costos y retorno: cifras de clase mundial
El desarrollo se estructurará en tres etapas. La primera —centrada en Josemaría— demandará US$ 7.100 millones e incluirá una mina a rajo abierto y una concentradora diseñada para futuras expansiones. La segunda etapa abordará los óxidos lixiviables de Filo del Sol mediante una planta SX/EW, mientras que la tercera ampliará la concentradora e incorporará infraestructura crítica, como una planta desalinizadora y ductos asociados.
El costo promedio en efectivo proyectado, neto de créditos por subproductos, se ubica en US$ 0,20 por libra de cobre durante los primeros 25 años, mientras que el costo total de mantenimiento alcanzaría US$ 0,47 por libra, situando a la operación en el primer cuartil global de costos.
En su escenario base —con precios de US$ 4,60 por libra de cobre, US$ 3.300 por onza de oro y US$ 40 por onza de plata— el Valor Actual Neto (VAN) después de impuestos asciende a US$ 9.500 millones, con una Tasa Interna de Retorno (TIR) de 14,8%. Con precios spot considerados en el análisis (US$ 6/lb de cobre, US$ 5.000/oz de oro y US$ 80/oz de plata), el VAN escalaría a US$ 28.800 millones y la TIR a 25,5%, reduciendo el período de recuperación a 5,4 años.
Financiamiento y régimen de incentivos
Para respaldar la construcción, Lundin anunció recientemente la ampliación de una línea de crédito por hasta US$ 4.500 millones, fortaleciendo la estructura financiera inicial del proyecto. La primera producción de concentrado está prevista para 2030.
El ministro de Economía argentino, Luis Caputo, confirmó que la iniciativa se acogió al Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI), mecanismo que otorga estabilidad fiscal y beneficios tributarios por 30 años a proyectos superiores a US$ 200 millones en sectores estratégicos.
Con una contribución proyectada de ingresos compuesta en 60% por cobre, 32% por oro y 8% por plata, Distrito Vicuña no solo consolida a Argentina como actor de peso en el mercado cuprífero global, sino que instala un nuevo eje competitivo en la frontera andina. Para Chile, el desarrollo abre tanto oportunidades de integración como un desafío estratégico en la carrera por capturar inversión minera de escala mundial.












