
El Brent volvió a superar los US$100 por barril en medio de las tensiones en Medio Oriente. El escenario mejora el valor de las exportaciones argentinas de crudo, pero al mismo tiempo eleva los costos que enfrentan las refinadoras y vuelve a poner presión sobre los precios internos de los combustibles.
El fuerte repunte del petróleo está dejando a Argentina frente a una situación de doble efecto. Mientras el crecimiento de Vaca Muerta permite aprovechar precios internacionales más altos y aumentar los ingresos por exportaciones, el mismo movimiento encarece el crudo utilizado como referencia por la industria local y eleva la presión sobre las naftas y el diésel.
El Brent llegó a tocar los US$109,29 por barril este lunes 14 de septiembre, mientras el West Texas Intermediate (WTI) alcanzó los US$104,26 durante la jornada. El mercado reaccionó a nuevos ataques contra infraestructura energética de Arabia Saudita y embarcaciones en Medio Oriente, que volvieron a alimentar las dudas sobre el abastecimiento mundial.
Vaca Muerta enfrenta el alza desde una posición exportadora
Para Argentina, el escenario es distinto al de anteriores ciclos de petróleo caro debido al rápido crecimiento de la producción de Vaca Muerta. En julio, el país alcanzó un récord de 916.200 barriles diarios de petróleo, un 17,2% más que un año antes. De ese volumen, 643.100 barriles diarios provinieron de Vaca Muerta, cuya producción creció 26,4% interanual y ya representa más del 70% del total nacional.
El avance productivo también comenzó a reflejarse con fuerza en el comercio exterior. Entre enero y julio de 2026, las exportaciones argentinas de aceites crudos de petróleo alcanzaron US$5.722 millones, frente a US$3.594 millones en igual período de 2025, lo que equivale a un aumento de 59,2%. Solo durante julio, los envíos de crudo generaron US$1.020 millones.
Si los precios internacionales permanecen elevados y Argentina mantiene sus volúmenes de producción y exportación, las petroleras que operan en Vaca Muerta podrían recibir mayores ingresos por cada barril vendido fuera del país. Para la economía argentina, esto también significaría una mayor entrada de divisas por el sector energético.
La otra cara aparece en los combustibles
El problema surge puertas adentro. Un barril internacional más caro eleva la referencia para el petróleo que compran las refinadoras, especialmente aquellas compañías que no cuentan con producción propia suficiente para compensar el aumento. El impacto no implica automáticamente una subida equivalente en los surtidores, ya que también intervienen impuestos, tipo de cambio, márgenes de refinación y las políticas comerciales de cada empresa.
YPF aplicó durante este año un sistema de amortiguación de precios para evitar que toda la volatilidad internacional se trasladara inmediatamente a las naftas y al gasoil. El mecanismo buscó diferir parte del impacto cuando el Brent superó los US$100, para compensarlo posteriormente cuando las condiciones del mercado se normalizaran.
La nueva escalada volvió a complicar esa ecuación. Empresas del sector refinador ya analizaban ajustes en el mercado mayorista después de que el Brent retomara niveles superiores a los US$100, debido a la diferencia entre el costo internacional del crudo y los valores internos que venían aplicándose.
Argentina enfrenta así dos efectos simultáneos del petróleo caro: más ingresos potenciales por las exportaciones de Vaca Muerta y una mayor presión sobre el costo interno de los combustibles. La magnitud de ambos dependerá, principalmente, de cuánto tiempo permanezcan elevados los precios internacionales y de cómo las petroleras trasladen esa variación al mercado local.












