Investigadores elevaron de 244 a 305 ppm la concentración de uranio en muestras de Larap mediante un circuito de preconcentración. El trabajo abre una nueva etapa de investigación, aunque todavía no establece la existencia de un recurso económicamente explotable.
Filipinas avanzó en la caracterización metalúrgica de una mineralización de uranio localizada en Bessemer, Larap, municipio de Jose Panganiban, provincia de Camarines Norte, luego de que investigadores probaran a escala de laboratorio un circuito integrado capaz de aumentar la concentración del elemento antes de las etapas posteriores de extracción química.
El trabajo fue desarrollado por especialistas de la University of the Philippines Diliman, el Philippine Nuclear Research Institute (DOST-PNRI) y Akita University de Japón. La investigación estudió material superficial con presencia de uraninita asociado a un sistema mineralizado que también contiene cobre, molibdeno y hierro.
La prueba es relevante desde el punto de vista metalúrgico porque aborda uno de los problemas centrales para una eventual recuperación de uranio desde minerales complejos: reducir anticipadamente la masa que debe ingresar a las etapas hidrometalúrgicas y, al mismo tiempo, elevar la concentración del elemento objetivo.
De 244 a 305 ppm de uranio
Los investigadores trabajaron con aproximadamente 180 kilogramos de material mineralizado, recolectados desde una zona superficial de alrededor de medio metro de ancho en Bessemer.
Los análisis determinaron una composición inicial de 244 partes por millón (ppm) de uranio, junto con 0,57% de cobre, 0,49% de molibdeno y 13,5% de hierro. La caracterización mineralógica identificó a la uraninita como el principal mineral portador de uranio, además de fases como calcopirita, molibdenita y magnetita.
A partir de esas características se diseñó un esquema integrado que contempla conminución, flotación y separación magnética.
La flotación permitió recuperar los sulfuros asociados principalmente al cobre y molibdeno. Los ensayos alcanzaron recuperaciones de 76% para el cobre y 79% para el molibdeno en el concentrado obtenido durante esta etapa.
Posteriormente, las colas de flotación fueron sometidas a separación magnética. El objetivo fue retirar magnetita y otros componentes ricos en hierro, dejando el uranio preferentemente en la fracción no magnética.
El circuito integrado consiguió elevar la concentración de uranio desde los 244 ppm iniciales hasta 305 ppm, con una recuperación de aproximadamente 74% del uranio en la fracción no magnética. El proceso alcanzó además una relación de concentración de 1,7 y una relación de enriquecimiento de 1,25.
La lixiviación aparece como la siguiente etapa
El resultado todavía no corresponde a un concentrado comercial de uranio ni a yellowcake, producto intermedio utilizado dentro del ciclo del combustible nuclear.
La importancia del ensayo está en la preconcentración. Al eliminar anticipadamente parte de los minerales acompañantes y reducir el volumen de material que debe continuar hacia las siguientes operaciones, el circuito podría disminuir la cantidad de reactivos requerida durante el tratamiento hidrometalúrgico.
El material enriquecido obtenido mediante flotación y separación magnética queda, por tanto, en condiciones de ser estudiado posteriormente mediante lixiviación y purificación, etapas necesarias para determinar cuánto del uranio puede extraerse efectivamente desde la matriz mineral y bajo qué condiciones metalúrgicas.
Esta distinción es clave: los resultados actuales demuestran que es técnicamente posible mejorar la ley del material mediante procesamiento físico, pero todavía no prueban que exista una ruta económicamente competitiva para producir uranio.
Un sistema con cobre, molibdeno y magnetita
Otro aspecto relevante es el carácter polimetálico de la mineralización. El uranio no aparece aislado, sino formando parte de un sistema que contiene cobre, molibdeno y cantidades significativas de hierro.
Desde una perspectiva de procesamiento, esa composición obliga a evaluar una estrategia de separación por etapas. La flotación permite retirar y concentrar una parte de los sulfuros de cobre y molibdeno, mientras que la separación magnética reduce la presencia de magnetita.
El uranio queda enriquecido posteriormente en la fracción no magnética.
Este esquema plantea además la posibilidad de estudiar diferentes corrientes de valor dentro del mismo material, aunque todavía no existe información suficiente para establecer que alguno de esos productos pueda recuperarse comercialmente en Bessemer.
La incógnita geológica sigue bajo superficie
Los resultados metalúrgicos tampoco equivalen al descubrimiento de una reserva minera.
El material analizado procede de una manifestación superficial y, por ahora, no se han determinado mediante este trabajo la profundidad, continuidad lateral, espesor ni volumen total de la mineralización. Tampoco existe a partir de estas pruebas una estimación moderna de recursos que permita establecer tonelaje y ley con los estándares utilizados habitualmente por la industria minera.
El siguiente desafío es, por tanto, geológico.
Una evaluación más avanzada requeriría levantamientos geológicos, radiométricos y geofísicos, seguidos de perforaciones sistemáticas y análisis de testigos capaces de construir un modelo tridimensional de la mineralización. Solo entonces sería posible determinar si existe suficiente tonelaje y continuidad para justificar estudios económicos y metalúrgicos de mayor escala.
El distrito Larap-Paracale tiene antecedentes históricos de investigación de uranio. Estudios desarrollados durante décadas anteriores ya habían registrado mineralización uranífera asociada a sistemas de cobre, oro y molibdeno en Camarines Norte, por lo que la investigación actual retoma con herramientas modernas una zona conocida por su complejidad mineralógica.
Investigación minera vinculada al desafío energético filipino
El trabajo adquiere además una dimensión estratégica por el interés de Filipinas en desarrollar capacidades vinculadas a la energía nuclear y al procesamiento local de recursos minerales.
Sin embargo, la distancia entre una prueba de preconcentración y una eventual operación minera sigue siendo considerable. Además de demostrar continuidad y volumen del recurso, cualquier desarrollo tendría que abordar recuperación metalúrgica integral, costos, manejo de residuos, protección radiológica, permisos ambientales, regulación nuclear y aceptación territorial.
Por ahora, el principal resultado está en el laboratorio: un mineral con 244 ppm de uranio pudo ser llevado hasta 305 ppm mediante una combinación de flotación y separación magnética, manteniendo aproximadamente tres cuartas partes del uranio contenido en la corriente enriquecida.
La próxima interrogante será determinar si ese material responde favorablemente a lixiviación y purificación y, sobre todo, si las concentraciones observadas en superficie tienen continuidad suficiente bajo tierra. El paso desde una ocurrencia mineralizada hacia un potencial recurso dependerá fundamentalmente de futuras campañas de exploración y perforación.









