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Energía

MEPCO: bencina salta hasta $391,5 por litro en Chile y la señal que revela por qué el golpe fue tan brusco

MEPCO volvió a instalarse con fuerza en la conversación pública luego de que la última estimación semanal de combustibles confirmara un ajuste que golpeó de…

MEPCO: bencina salta hasta $391,5 por litro en Chile y la señal que revela por qué el golpe fue tan brusco
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MEPCO volvió a instalarse con fuerza en la conversación pública luego de que la última estimación semanal de combustibles confirmara un ajuste que golpeó de lleno a los hogares, al transporte y a buena parte de la actividad productiva. Según el último informe semanal de ENAP, la gasolina de 93 octanos subió $372,2 por litro, la de 97 avanzó $391,5 por litro y el diésel escaló $580,3 por litro a contar del jueves 26 de marzo. El dato no solo sorprendió por su magnitud, sino porque se produjo justo después de varias semanas de aparente estabilidad, lo que para muchos consumidores dio la impresión de que el mercado pasó, de un momento a otro, de la calma al descontrol. Pero detrás de ese salto no hubo improvisación ni un solo gatillante: lo que ocurrió fue la convergencia de una fuerte presión internacional sobre los precios de importación, un desfase acumulado que el mecanismo venía conteniendo y una decisión fiscal de dejar de seguir absorbiendo una brecha que ya se había vuelto demasiado costosa. REDIMIN ya había advertido ese escenario cuando anticipó que el precio de las bencinas en Chile subiría cerca de $30 por litro por la crisis global, aunque el ajuste final terminó siendo muy superior a lo que el mercado esperaba en ese momento.

El verdadero rol del MEPCO: amortigua, pero no elimina el problema

Una de las mayores confusiones que deja este episodio es creer que el MEPCO fija el precio final de la bencina o que puede congelarlo indefinidamente. No es así. El mecanismo funciona como un amortiguador sobre el impuesto específico, sumando o restando una componente variable para moderar la volatilidad de los combustibles, tal como explica la Comisión Nacional de Energía en la descripción oficial del sistema. Cuando el petróleo y los refinados suben con fuerza afuera, el MEPCO puede suavizar el traslado al mercado local, pero ese colchón no es infinito ni gratuito. De hecho, durante la semana previa al salto, ENAP había informado que las gasolinas y el diésel se mantenían en $0 por litro de variación, lo que reforzó la sensación de estabilidad justo antes del ajuste más duro. Ese contraste explica por qué el golpe se sintió tan violento: no fue una subida gradual, sino una corrección concentrada después de un período en que el mecanismo venía evitando que el incremento real se reflejara completamente en el surtidor. En esa transición, notas recientes como la que explicó cómo el Gobierno modificó el parámetro del MEPCO y fijó en cuatro semanas el cálculo del precio de paridad de importación ayudaron a anticipar que el alivio no iba a durar mucho más.

La brecha acumulada fue demasiado grande y el costo fiscal se volvió insostenible

La clave para entender por qué esta vez el ajuste fue tan agresivo está en la brecha que se había acumulado entre el precio que debía reflejar el mercado y el precio que seguía contenido por el mecanismo. En la presentación oficial del Ministerio de Hacienda sobre la emergencia energética, el Gobierno reconoció que mantener los precios congelados por las últimas tres semanas había generado un costo fiscal enorme. El documento detalla que al 25 de marzo ese costo ya ascendía a US$220 millones, de los cuales US$100 millones correspondían a menor recaudación del impuesto específico a gasolina y diésel, y US$120 millones a subsidio directo adicional para el diésel. El mismo material muestra una brecha de $372 por litro en gasolina 93 y de $580 por litro en diésel entre el precio contenido y el precio que debía reflejarse sin seguir profundizando el esfuerzo fiscal. Esa es la razón de fondo del nuevo golpe al bolsillo: no solo subieron los combustibles internacionales, sino que además el Estado dejó de seguir financiando parte importante del desfase. En ese contexto, el seguimiento editorial de REDIMIN ya había tomado posición con la nota donde el Gobierno confirmó una fuerte alza de combustibles desde el jueves, mostrando que la discusión ya no era si habría ajuste, sino cuán profundo sería.

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Por qué el petróleo internacional terminó pegando tan fuerte en Chile

La otra mitad de la explicación está fuera de Chile. El precio que ENAP considera para sus estimaciones incorpora referencias internacionales de importación, costos logísticos, seguros, tipo de cambio y la operación del propio MEPCO. Cuando esos factores se tensionan al mismo tiempo, el resultado puede amplificarse en muy pocos días. Lo que sucedió a fines de marzo fue precisamente eso: una presión internacional sobre los combustibles refinados se combinó con un mercado interno que ya venía artificialmente contenido. En vez de absorberse poco a poco, el alza terminó entrando de golpe. Esa dinámica es especialmente sensible en Chile, donde la economía depende de manera intensa del transporte por carretera y donde el encarecimiento del combustible no se queda solo en el estanque del automóvil particular, sino que se transmite al reparto, a la logística minera, a la agricultura, a los servicios y a la inflación cotidiana. Por eso el impacto excede el gasto familiar y pasa rápidamente a transformarse en un problema económico más amplio. No es casual que, apenas conocido el ajuste, REDIMIN reforzara su cobertura con el artículo sobre ENAP y el fuerte ajuste en combustibles que elevó las bencinas hasta $391,5 por litro, porque el mercado entendió que ya no se trataba de una variación semanal más, sino de un cambio de tono.

Lo que viene ahora para los automovilistas, las empresas y el debate político

El impacto inmediato será visible en el gasto de movilidad de las familias, pero también en sectores que consumen combustible de manera intensiva y que tendrán menos margen para absorberlo sin trasladar parte del costo. El diésel, por ejemplo, quedó bajo especial presión por su efecto en transporte, faenas, maquinaria y abastecimiento, lo que puede extender el golpe más allá del surtidor. Hacia adelante, la gran pregunta no es solo si la bencina volverá a subir o estabilizarse, sino cuánto espacio real le queda al Estado para volver a amortiguar nuevos shocks sin abrir otra discusión fiscal. Ese será el punto más delicado en las próximas semanas: cada nueva tensión internacional en petróleo y refinados podría reactivar el debate sobre cuánto debe contener el MEPCO, cuánto debe pagar el Fisco y cuánto termina asumiendo directamente el consumidor. Lo ocurrido ahora dejó una señal potente: cuando el mecanismo acumula demasiada presión y el costo fiscal se vuelve difícil de sostener, el ajuste llega igual, solo que más tarde y con mucha más violencia. Esa es, en el fondo, la razón por la que la bencina se disparó en Chile y por la que este nuevo episodio se siente como algo más que un alza semanal: es la prueba de que el colchón todavía existe, pero ya no alcanza para esconder por mucho tiempo el precio real del combustible.