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Industria Minera

Mujeres alcanzan 24,1% de la dotación en la gran minería chilena y marcan un nuevo máximo

La participación femenina en la gran minería chilena alcanzó un récord del 24,1% en 2026, superando las 12.400 trabajadoras, aunque persisten desafíos en permanencia y liderazgo.

Mujeres alcanzan 24,1% de la dotación en la gran minería chilena y marcan un nuevo máximo

La presencia femenina supera las 12.400 trabajadoras y mantiene a Chile por delante de otras potencias mineras. El desafío ahora se desplaza hacia la permanencia, el desarrollo profesional y el acceso a cargos de liderazgo.

La participación de mujeres en la gran minería chilena alcanzó el 24,1% de la dotación total durante el primer semestre de 2026, el nivel más alto registrado por la industria. El indicador representa a 12.413 trabajadoras dentro de una fuerza laboral cercana a las 51 mil personas y consolida una transformación sostenida en un sector históricamente dominado por hombres.

El avance respecto del cierre de 2025, cuando la participación femenina llegó al 24%, fue acotado. Sin embargo, la comparación de largo plazo muestra una modificación más profunda: en 2014 las mujeres representaban apenas el 7,7% de la dotación de la gran minería del cobre.

En doce años, la proporción femenina se multiplicó por más de tres. La evolución refleja cambios en las políticas de contratación, infraestructura de faenas, formación técnica, conciliación laboral y acceso a funciones operacionales que durante décadas estuvieron prácticamente reservadas a trabajadores hombres.

El monitoreo considera compañías responsables de cerca del 95% de la producción chilena de cobre, además de operadores vinculados al hierro, oro y litio. En la medición participan empresas como Codelco, BHP, Antofagasta Minerals, Collahuasi, CMP, Gold Fields y Novandino Litio, entre otras.

Una transformación con velocidades distintas

El promedio sectorial de 24,1% esconde diferencias relevantes entre las compañías. La operación con mayor integración femenina alcanza una participación de 45,8%, mientras que el menor registro se sitúa en 10,2%.

La distancia entre ambos extremos llega a 35,6 puntos porcentuales, una señal de que las políticas de diversidad no avanzan al mismo ritmo en toda la industria. Las características de las operaciones, la ubicación territorial, la modalidad de trabajo, la disponibilidad de personal calificado y la antigüedad de la infraestructura pueden influir en la capacidad de cada empresa para incorporar y retener trabajadoras.

Las faenas más nuevas suelen integrar desde su diseño instalaciones, turnos y sistemas compatibles con dotaciones diversas. En operaciones antiguas, en cambio, la adaptación puede exigir inversiones adicionales en campamentos, transporte, servicios, vestidores, equipamiento de protección personal y protocolos internos.

La incorporación de mujeres también depende de la oferta de profesionales y técnicas en especialidades críticas. Mantenimiento, procesamiento de minerales, automatización, electricidad, geología, metalurgia, planificación y operación de equipos móviles concentran una parte importante de la demanda laboral minera, pero mantienen brechas de género desde las etapas de formación.

Por esta razón, el próximo salto no dependerá únicamente de abrir vacantes. La industria necesita ampliar la base de mujeres capacitadas para desempeñarse en áreas operacionales, tecnológicas y de supervisión, especialmente ante el avance de la digitalización, el control remoto y los sistemas autónomos.

Contratación femenina llega a 28,5%

Durante los primeros seis meses de 2026, las mujeres representaron el 28,5% de las nuevas contrataciones realizadas por las compañías incluidas en la medición. La cifra se mantuvo prácticamente estable frente al 28,8% registrado en igual período de 2025.

El indicador quedó por debajo del 46,5% observado durante el segundo semestre del año pasado. Esta diferencia responde, en parte, al ciclo de incorporación de personal de la gran minería, donde los procesos asociados a proyectos, campañas de mantenimiento, ampliaciones y preparación operacional suelen concentrarse durante la segunda mitad del año.

También en contratación existe una fuerte dispersión entre empresas. La compañía con mayor proporción de mujeres entre sus nuevas incorporaciones llegó al 61%, mientras que el registro más bajo fue de 16,6%. La brecha supera los 44 puntos porcentuales.

Para sostener el crecimiento de la participación femenina, la contratación deberá mantenerse por encima del peso que actualmente tienen las mujeres en la dotación total. Si las incorporaciones se estabilizan cerca del promedio existente, el avance porcentual será cada vez más lento.

El desafío incluye además reducir la rotación. Una mayor entrada de trabajadoras no garantiza un cambio estructural cuando persisten dificultades para proyectar carreras, asumir responsabilidades de supervisión o compatibilizar los sistemas de turnos con labores de cuidado.

Antofagasta concentra más de la mitad de las trabajadoras

La Región de Antofagasta reúne la mayor cantidad de mujeres empleadas en la gran minería. En ese territorio trabajan 6.334 mujeres, equivalentes al 51% de toda la dotación femenina incluida en el monitoreo.

La concentración se explica por el peso minero de la región, donde operan algunas de las mayores faenas de cobre del país y existe una amplia red de empresas proveedoras, servicios especializados, contratistas e infraestructura vinculada a la actividad extractiva.

Al medir la presencia femenina como proporción de la fuerza laboral minera regional, la Región de Coquimbo encabeza el indicador con 29,2%, correspondiente a 763 trabajadoras.

La macrozona centro, integrada por las regiones de Valparaíso, Metropolitana y O’Higgins, registra una participación femenina de 24,7%, con 3.616 mujeres.

Estas diferencias territoriales muestran que el crecimiento no se distribuye de manera homogénea. La disponibilidad de centros de formación, programas de aprendices, proveedores locales, conectividad y servicios de apoyo puede facilitar o limitar la entrada de mujeres a las operaciones.

El impacto regional también trasciende la contratación directa. Una mayor participación femenina puede ampliar la base laboral disponible para proveedores de mantenimiento, ingeniería, transporte, construcción, tecnología, seguridad y servicios a campamentos.

Chile supera a otras potencias mineras

Con una participación de 24,1%, Chile se mantiene por encima de otros países con industrias mineras de gran escala. Sudáfrica registra una presencia femenina de 22,1%, mientras Canadá alcanza 14,7%. En Australia, el último dato disponible correspondiente a 2025 situó el indicador en 22,6%.

La posición chilena resulta significativa por la escala de sus operaciones, la presencia de minería a rajo abierto y subterránea, la ubicación remota de numerosas faenas y el uso intensivo de sistemas de turnos.

El resultado también entrega una ventaja en un escenario donde la industria enfrenta dificultades para cubrir determinados perfiles laborales. La cartera de proyectos, la reposición generacional y la incorporación de nuevas tecnologías aumentarán la competencia por técnicos, profesionales y operadores especializados.

Ampliar la participación femenina permite acceder a una base de talento que durante años estuvo subrepresentada. Sin embargo, el sector deberá evitar que el avance quede concentrado en funciones administrativas o corporativas.

El indicador relevante será la presencia de mujeres en la cadena operacional completa: extracción, mantenimiento, plantas concentradoras, fundiciones, logística, planificación, proyectos, seguridad, innovación y liderazgo ejecutivo.

Permanencia y liderazgo marcan la próxima etapa

El crecimiento de la dotación femenina entra ahora en una fase más compleja. Después de superar el 24%, cada nuevo aumento exigirá reforzar las trayectorias laborales y no solamente los procesos de reclutamiento.

La industria deberá medir cuánto tiempo permanecen las trabajadoras, qué cargos ocupan, cómo evolucionan sus remuneraciones, qué acceso tienen a capacitación y qué proporción llega a posiciones de jefatura, gerencia o toma de decisiones.

También será necesario fortalecer la formación temprana. La disponibilidad de mujeres en carreras técnicas y profesionales vinculadas a minería, mantenimiento, automatización y procesamiento será determinante para sostener la expansión durante la próxima década.

La posibilidad de avanzar hacia una participación cercana al 50% permanece como una aspiración de largo plazo y dependerá de la disponibilidad de talento, la realidad operacional y la velocidad con que las empresas reduzcan las brechas internas.

El máximo registrado en 2026 confirma que la incorporación femenina dejó de ser un fenómeno marginal en la minería chilena. La prueba para los próximos años será convertir ese crecimiento en carreras duraderas, mayor presencia operacional y participación efectiva en los niveles donde se definen inversiones, producción y estrategia.

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