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Nieve acumulada supera en 51% el promedio histórico y mejora las perspectivas para riego y energía

La acumulación de nieve en la cordillera chilena supera en 51% el promedio histórico, lo que mejora las perspectivas para riego y generación de energía, aunque persisten déficits en el agua contenida.

Nieve acumulada supera en 51% el promedio histórico y mejora las perspectivas para riego y energía

La cordillera registra una acumulación muy superior a la observada en 2025, especialmente en las cuencas del norte y centro del país. El escenario entrega mayor respaldo hídrico para los meses secos, aunque la cantidad de agua contenida en la nieve todavía presenta déficits.

Los sistemas frontales de julio dejaron una importante reserva de nieve entre las regiones de Coquimbo y Biobío. Al 20 de julio, las diez rutas monitoreadas por la Dirección General de Aguas promediaban 150 centímetros de altura, cifra que supera en 51% el promedio histórico de 99 centímetros registrado para igual fecha.

El resultado representa un cambio significativo frente a 2025, cuando esas mismas estaciones promediaban solo 28 centímetros. La mayor acumulación podría favorecer la disponibilidad de agua para riego, consumo humano y generación hidroeléctrica durante la primavera y el verano, períodos en que disminuyen las precipitaciones y aumenta la demanda.

Sin embargo, el balance no permite asegurar que todos los problemas de abastecimiento estén resueltos. La altura del manto nival es elevada, pero la cantidad de agua que contiene permanece bajo el promedio histórico a nivel general.

Las cuencas del norte concentran los mayores aumentos

Las diferencias más importantes se observan en la zona centro-norte, donde varias cuencas han enfrentado más de una década de sequía y bajos niveles en sus embalses.

En Cerro Olivares, dentro de la cuenca del río Elqui, la medición alcanzó 120 centímetros de nieve. El promedio histórico para esta fecha es de 19 centímetros, por lo que la estación presenta un superávit de 545%. En julio de 2025 no había nieve registrada en ese punto.

Una situación similar se observa en Quebrada Larga, correspondiente a la cuenca del río Limarí. Allí se midieron 180 centímetros frente a un promedio histórico de 42 centímetros, equivalente a un aumento de 326%.

También aparecen cifras elevadas en otras rutas cordilleranas:

  • Cerro Vega Negra, cuenca del Limarí: 231 centímetros, 145% sobre el promedio.
  • El Soldado, cuenca del Choapa: 193 centímetros, 104% sobre el promedio.
  • Nacimiento del Sobrante, cuenca de Petorca: 182 centímetros, 101% sobre el promedio.
  • Laguna Negra, cuenca del Maipo: 127 centímetros, en línea con su promedio histórico.

La acumulación en las cuencas del Elqui, Limarí, Choapa y Petorca resulta especialmente relevante para la agricultura, debido a que estas zonas han enfrentado restricciones de riego, menor disponibilidad de agua y una fuerte presión sobre los sistemas productivos.

Cómo puede ayudar al riego durante el verano

La nieve cordillerana funciona como una reserva natural. Durante los meses más cálidos se derrite gradualmente y alimenta ríos, canales, embalses y acuíferos, permitiendo extender la disponibilidad de agua más allá de la temporada de lluvias.

Una acumulación elevada puede mejorar las condiciones para cultivos, sistemas de agua potable rural y actividades económicas que dependen directamente del recurso hídrico. El impacto, no obstante, dependerá de la velocidad del deshielo, las temperaturas de primavera, la capacidad de los embalses y el estado de la infraestructura de conducción.

Un derretimiento lento y sostenido permite aprovechar mejor el agua. En cambio, episodios de calor extremo pueden acelerar el proceso, aumentar los caudales en períodos breves y reducir la cantidad disponible durante la parte más exigente del verano.

También será necesario evaluar los daños que dejaron las lluvias en canales, bocatomas, tranques y caminos rurales. Una mayor disponibilidad en la cordillera no garantiza por sí sola que el agua pueda llegar oportunamente a los predios agrícolas.

Mejor escenario para la generación hidroeléctrica

La acumulación de nieve también mejora las perspectivas para el sistema eléctrico. El deshielo aporta agua a centrales hidroeléctricas de embalse y de pasada, particularmente durante la primavera, el verano y parte del otoño.

Una mayor disponibilidad hídrica permite contar con generación flexible en momentos de alta demanda o baja producción de otras fuentes renovables. También puede reducir la necesidad de recurrir con mayor intensidad a centrales que utilizan combustibles fósiles y que presentan costos operacionales más altos.

El beneficio no implica una rebaja automática en las cuentas de electricidad. Las tarifas pagadas por los hogares dependen de contratos de suministro, costos de transmisión y distribución, cargos regulados y mecanismos de estabilización, entre otros componentes.

Aun así, una temporada con mejores condiciones hidrológicas puede contribuir a moderar los costos marginales del sistema y entregar mayor seguridad operacional, especialmente en horarios en que la generación solar disminuye rápidamente.

El dato que obliga a mantener la cautela

Pese al fuerte aumento de la altura de la nieve, el equivalente en agua del manto nival todavía se encuentra bajo los niveles habituales. Este indicador estima cuánta agua líquida se obtendría al derretir la nieve y permite proyectar con mayor precisión su aporte a ríos y embalses.

El promedio de las diez rutas llega a 331 milímetros de agua equivalente, un 15% menos que el promedio histórico de 390 milímetros. Esto indica que parte de la nieve acumulada tiene una densidad menor y, por lo tanto, contiene menos agua de la que podría sugerir su altura.

Las diferencias son especialmente marcadas hacia el sur. Laguna Negra presenta un déficit de 57% en agua equivalente, pese a registrar una altura normal. En Lo Aguirre, dentro de la cuenca del Maule, la brecha alcanza 68%; en Volcán Chillán llega a 69%, y en Alto Mallines, en la cuenca del Biobío, alcanza 76%.

Estas cifras muestran que el escenario es favorable, pero desigual. Mientras varias cuencas del norte registran superávits excepcionales, algunos puntos del centro-sur siguen bajo sus referencias históricas.

Qué se debe observar en las próximas semanas

La evolución de las temperaturas será determinante para conocer cuánto durará la reserva y cómo se distribuirá el agua durante la temporada de deshielo. También será clave revisar los próximos registros de la Dirección General de Aguas, ya que las mediciones disponibles corresponden al 20 de julio y todavía no incorporan completamente las precipitaciones posteriores.

La acumulación también abre mejores perspectivas para los centros de montaña, hoteles, restaurantes, operadores turísticos y comercios vinculados a la temporada de invierno. Con condiciones seguras y una cobertura persistente, la actividad podría extenderse hasta septiembre.

Para el abastecimiento hídrico, la agricultura y la generación eléctrica, el balance inicial representa un alivio tras años de escasez. No obstante, el beneficio efectivo dependerá de la cantidad real de agua almacenada, la evolución del clima y la capacidad del país para administrar el recurso durante los meses secos.