Minería Internacional

ONU activa apoyo a seis países para llevar minerales críticos desde la extracción hacia mayor procesamiento local

La ONU lanza un nuevo mecanismo de apoyo a seis países ricos en minerales críticos, buscando potenciar su capacidad de procesamiento y captura de valor en un contexto de creciente demanda energética.

ONU activa apoyo a seis países para llevar minerales críticos desde la extracción hacia mayor procesamiento local
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Indonesia, Zambia, Guinea, Zimbabwe, Madagascar y Nigeria serán los primeros países del nuevo mecanismo de Naciones Unidas, que apunta a fortalecer procesamiento, industrialización, regulación y captura de valor en cadenas de cobre, litio, níquel, cobalto, grafito y otros minerales estratégicos.

La Organización de las Naciones Unidas puso en marcha un nuevo mecanismo de asistencia para que seis economías ricas en minerales críticos aumenten el valor que retienen de sus recursos, en momentos en que la expansión de las energías renovables, las baterías y la electromovilidad está elevando la importancia estratégica de las cadenas mundiales de suministro minero.

El Country Support Mechanism on Critical Energy Transition Minerals tendrá como primeros participantes a Guinea, Indonesia, Madagascar, Nigeria, Zambia y Zimbabwe. La iniciativa fue anunciada el 23 de septiembre por el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, en el contexto de la Cumbre Climática 2026 realizada en Nueva York.

El foco va más allá de incrementar la extracción. El programa busca que países actualmente concentrados en la producción y exportación de materias primas puedan desarrollar capacidades de procesamiento, industrialización y gestión de sus cadenas de valor, acompañadas de mejores estándares regulatorios, ambientales y sociales.

La decisión abre un nuevo frente en la discusión mundial sobre minerales críticos: quién captura el valor económico generado entre la mina y la fabricación de baterías, vehículos eléctricos, redes eléctricas, sistemas de almacenamiento y tecnologías renovables.

Seis países con posiciones estratégicas en minerales críticos

La composición del primer grupo refleja la diversidad de recursos que requiere la transición energética.

Indonesia ocupa una posición dominante en el mercado mundial del níquel, metal fundamental para determinadas químicas de baterías y para la industria del acero inoxidable. Zambia, en tanto, se encuentra entre los principales productores africanos de cobre y busca ampliar su participación en las etapas posteriores a la extracción.

Zimbabwe dispone de una industria de litio que ha adquirido creciente relevancia en África y viene impulsando políticas orientadas a aumentar el procesamiento doméstico del mineral. Guinea tiene una posición central en bauxita y potencial adicional en otros minerales, mientras Madagascar dispone de recursos de grafito, níquel y cobalto.

Nigeria completa el grupo con una base de recursos minerales cuyo desarrollo industrial sigue siendo comparativamente limitado frente al tamaño de su economía.

El denominador común es claro: se trata de países con recursos relevantes, pero donde una parte sustancial del valor económico potencial puede generarse fuera de sus fronteras si los minerales salen con escaso procesamiento.

Procesamiento y regulación entran al centro de la estrategia

El mecanismo será liderado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Oficina de Coordinación del Desarrollo de Naciones Unidas. Su funcionamiento utilizará las oficinas residentes de la organización para determinar las necesidades particulares de cada país y coordinar asistencia técnica.

El apoyo contempla áreas como gobernanza minera, políticas públicas, marcos legales y regulatorios, agregación de valor, desarrollo industrial y fortalecimiento de salvaguardas ambientales, sociales y de derechos humanos.

No existe, por tanto, un modelo industrial único para los seis participantes. La estructura minera de Indonesia es distinta de la de Zambia, mientras las necesidades de Guinea difieren de las de Nigeria o Madagascar.

La apuesta consiste en adaptar las herramientas a las características de cada economía y conectar la explotación de recursos con inversiones posteriores en procesamiento e infraestructura.

El programa también se inserta en un trabajo más amplio iniciado por Naciones Unidas en 2024 con el Panel sobre Minerales Esenciales para la Transición Energética. Ese proceso estableció siete principios orientados a incorporar equidad, transparencia, sostenibilidad, protección ambiental y beneficios económicos locales a lo largo de las cadenas minerales.

La demanda podría casi triplicarse hacia 2030

La presión por reorganizar estas cadenas responde a una transformación estructural del mercado energético.

Cobre, litio, níquel, cobalto, grafito y tierras raras son insumos fundamentales para vehículos eléctricos, baterías, generación solar, turbinas eólicas, redes eléctricas y almacenamiento energético.

Naciones Unidas proyecta que la demanda por minerales críticos para la transición energética podría casi triplicarse hacia 2030, una trayectoria que aumenta tanto las oportunidades económicas para países productores como los riesgos asociados a una expansión acelerada de la extracción.

El desafío es particularmente relevante para economías emergentes que poseen depósitos estratégicos, pero carecen de suficiente capacidad de refinación, procesamiento o manufactura.

En ese escenario, aumentar la producción minera no necesariamente se traduce en una transformación industrial equivalente. La mayor parte de los márgenes puede trasladarse hacia las etapas posteriores de la cadena, especialmente refinación, materiales activos, componentes, fabricación tecnológica y reciclaje.

Por eso, el debate sobre minerales críticos está dejando de concentrarse exclusivamente en seguridad de suministro. La localización del procesamiento y la distribución de los beneficios económicos se están convirtiendo en variables centrales de la política minera internacional.

Una competencia creciente por capturar valor

Algunos países productores ya están utilizando instrumentos más agresivos para modificar su posición dentro de las cadenas globales.

Zimbabwe, por ejemplo, ha avanzado con restricciones sobre minerales sin procesar y proyecta profundizar las exigencias de procesamiento doméstico de litio. Indonesia siguió durante años una estrategia de industrialización vinculada al níquel, buscando atraer inversiones posteriores a la etapa extractiva.

La lógica detrás de estas políticas es que una tonelada de mineral exportada posee un impacto económico distinto cuando parte de su transformación ocurre dentro del país productor.

Sin embargo, avanzar hacia etapas posteriores exige capital, energía competitiva, infraestructura, tecnología, estabilidad regulatoria y acceso a mercados. La existencia de recursos geológicos por sí sola no garantiza que un país pueda desarrollar una industria de refinación o manufactura competitiva.

Ese será uno de los principales desafíos del mecanismo de Naciones Unidas: convertir objetivos de agregación de valor en proyectos económicamente sostenibles y capaces de atraer inversión.

Qué significa para el mercado minero internacional

La iniciativa también anticipa cambios para las compañías mineras y los inversionistas.

Los países productores están buscando que nuevos proyectos incorporen una contribución económica más amplia que la extracción y el pago de impuestos. Procesamiento local, infraestructura, proveedores, empleo especializado, transferencia tecnológica y estándares ambientales están adquiriendo mayor peso en las discusiones sobre desarrollo minero.

Al mismo tiempo, Estados Unidos, Europa y Asia buscan asegurar suministros de minerales críticos frente a la concentración geográfica de varias etapas de procesamiento.

Esa combinación está transformando al sector minero en una pieza de política industrial y seguridad económica.

Para productores tradicionales de minerales de transición, incluido Chile, el movimiento resulta relevante porque refuerza una discusión que también atraviesa a América Latina: cómo aprovechar la demanda estructural por cobre, litio y otros recursos para capturar una mayor proporción del valor generado por las nuevas cadenas energéticas.

El nuevo mecanismo no implica financiamiento automático de minas, fundiciones o refinerías. Su alcance inicial se concentra en asistencia técnica, fortalecimiento institucional y coordinación de capacidades. Pero su creación confirma una tendencia que seguirá marcando las decisiones de inversión minera durante los próximos años: disponer del recurso será cada vez menos suficiente si los países productores aspiran a participar también en las etapas industriales que vienen después de la extracción.