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Industria Minera

Pequeña minería activa protocolo de emergencia ante riesgo de deslizamientos por sistema frontal

La pequeña minería en el norte de Chile activa un protocolo de emergencia ante el riesgo de deslizamientos por intensas lluvias, priorizando la seguridad de los trabajadores y la evaluación de condici

Pequeña minería activa protocolo de emergencia ante riesgo de deslizamientos por sistema frontal

Las precipitaciones, el aumento de caudales y la inestabilidad de caminos y taludes elevan el riesgo en faenas del norte del país. Las autoridades pidieron suspender las operaciones cuando no existan condiciones seguras y trasladar a los trabajadores hacia zonas protegidas.

El avance del sistema frontal sobre distintas regiones de Chile llevó a reforzar las medidas de emergencia para la pequeña minería, especialmente en faenas ubicadas en sectores cordilleranos, precordilleranos y quebradas expuestas a escurrimientos, remociones en masa y cortes de caminos.

El protocolo preventivo establece que los productores deben evaluar anticipadamente la continuidad de las operaciones, revisar la estabilidad de taludes y botaderos, verificar los sistemas de drenaje y asegurar equipos, combustibles y maquinaria antes de que aumente la intensidad de las precipitaciones.

La instrucción central es evitar que trabajadores permanezcan al interior de minas, rajos, plantas o instalaciones cuando las condiciones meteorológicas puedan comprometer su evacuación. Ante señales de inestabilidad o pérdida de conectividad, la recomendación es suspender oportunamente las labores y descender hacia lugares seguros.

La contingencia tiene especial relevancia para la pequeña minería, un segmento que opera con menores dotaciones, infraestructura más limitada y, en muchos casos, caminos secundarios o accesos no pavimentados. Estas condiciones pueden dificultar la respuesta frente a lluvias intensas, crecidas repentinas o desprendimientos de material.

Taludes, botaderos y caminos concentran los principales riesgos

Las precipitaciones pueden modificar rápidamente las condiciones geotécnicas de una faena. La infiltración de agua aumenta el peso de los materiales, reduce la resistencia de algunos suelos y puede generar desprendimientos en laderas, bancos, cortes de caminos y botaderos.

El peligro no se limita a las zonas de extracción. También puede afectar plantas de procesamiento, campamentos, bodegas, instalaciones eléctricas, polvorines, estanques, canalizaciones y áreas utilizadas para el estacionamiento de equipos.

Uno de los puntos críticos es la estabilidad de los caminos de acceso. La acumulación de agua, la formación de barro y el arrastre de rocas pueden impedir el ingreso de vehículos de emergencia o dejar trabajadores aislados en sectores altos.

Por esta razón, el protocolo plantea revisar rutas principales y alternativas antes del inicio de cada turno. La evaluación debe considerar cruces de quebradas, badenes, pendientes pronunciadas, zonas con antecedentes de derrumbes y tramos que puedan quedar expuestos a aumentos de caudal.

La baja visibilidad también representa un riesgo operacional. La combinación de lluvia, neblina, viento y oscuridad puede afectar el desplazamiento de camionetas y maquinaria, aumentando la probabilidad de colisiones, salidas de camino o pérdida de control en pendientes.

Suspender una faena antes de quedar aislada

El llamado preventivo busca evitar que la decisión de paralizar una operación se adopte cuando la emergencia ya está en desarrollo. En la pequeña minería, esperar hasta que un camino quede cortado o un talud presente movimiento puede impedir una evacuación ordenada.

La suspensión debe evaluarse antes de que las condiciones se vuelvan críticas, considerando pronósticos meteorológicos, alertas regionales, comportamiento de quebradas, disponibilidad de comunicaciones y distancia hacia zonas seguras.

Cuando exista riesgo para las personas, la producción pasa a un segundo plano. El criterio operativo es detener las actividades, retirar al personal y mantener únicamente las funciones indispensables para dejar la faena en condiciones seguras.

Esto incluye cortar fuentes de energía cuando corresponda, asegurar instalaciones, retirar equipos desde cauces o zonas bajas y evitar el almacenamiento de materiales en puntos expuestos al escurrimiento.

En operaciones subterráneas, la revisión debe considerar posibles ingresos de agua, obstrucciones en las salidas, estabilidad de portales y funcionamiento de bombas. En explotaciones a cielo abierto, la atención se concentra en bancos, rampas, drenajes y sectores donde pueda acumularse agua.

Equipos y maquinaria deben trasladarse a zonas protegidas

El protocolo recomienda retirar maquinaria, vehículos, generadores y otros activos desde quebradas, lechos secos, zonas inundables o sectores cercanos a taludes inestables.

Aunque una faena esté temporalmente detenida, dejar equipos en puntos expuestos puede aumentar las pérdidas económicas y generar nuevos riesgos durante las labores posteriores de recuperación.

La pequeña minería utiliza frecuentemente cargadores frontales, excavadoras, camiones, compresores y plantas móviles que pueden quedar atrapados por barro o arrastre de material. Su traslado preventivo reduce el riesgo de daños mecánicos, contaminación por derrames o bloqueo de rutas internas.

También se deben asegurar combustibles, lubricantes, reactivos y residuos. El ingreso de agua a las áreas de almacenamiento puede provocar derrames o desplazamiento de recipientes, con efectos sobre suelos, cursos de agua y zonas de trabajo.

La protección de estos insumos no solo responde a una exigencia ambiental. También es necesaria para evitar incendios, fallas eléctricas y exposición de trabajadores durante la reactivación de las faenas.

Comunicación y evacuación forman parte del control operacional

Otro componente esencial es comprobar el funcionamiento de radios, teléfonos satelitales, equipos móviles y sistemas de aviso. La cobertura telefónica puede degradarse durante eventos meteorológicos, especialmente en sectores cordilleranos alejados.

Cada trabajador debe conocer las rutas de evacuación, los puntos de encuentro y la persona responsable de coordinar la salida. Los protocolos deben ser comunicados antes del turno y no cuando la emergencia ya se encuentra activa.

Las faenas también deben mantener un registro actualizado de las personas presentes, contratistas, vehículos y equipos desplegados. Este control facilita la coordinación con los organismos de emergencia si se produce un aislamiento, accidente o desaparición de contacto.

Cuando una operación enfrente una contingencia, los productores deben comunicar la situación de manera oportuna a las autoridades correspondientes. La entrega temprana de información permite coordinar rescates, cierres preventivos, evacuaciones o apoyo logístico.

La comunicación debe indicar la ubicación de la faena, número de personas afectadas, condición de los accesos, riesgos presentes y disponibilidad de refugios o rutas alternativas.

Atacama y Coquimbo refuerzan la prevención

Las regiones de Atacama y Coquimbo concentran una cantidad relevante de pequeños productores y faenas distribuidas en zonas interiores, donde las precipitaciones pueden activar quebradas que permanecen secas durante gran parte del año.

En estos territorios, asociaciones, sindicatos y productores fueron llamados a evaluar individualmente sus operaciones. Las condiciones pueden variar de manera significativa incluso entre faenas relativamente cercanas, debido a diferencias de altitud, relieve, tipo de suelo y conectividad.

Una lluvia moderada en zonas urbanas puede tener efectos mayores en sectores mineros, particularmente cuando ocurre sobre superficies erosionadas, pendientes pronunciadas o cuencas con escasa capacidad de absorción.

La prevención también debe extenderse a las plantas de beneficio y poderes compradores. Una interrupción en los accesos puede afectar el traslado de mineral, la recepción de cargas y la programación de procesos, generando impactos comerciales para productores que dependen de ciclos cortos de extracción y venta.

Impacto productivo para un segmento vulnerable

La suspensión temporal de faenas puede reducir entregas de mineral y afectar los ingresos de productores de menor escala. Sin embargo, una emergencia con trabajadores lesionados, equipos dañados o caminos destruidos puede provocar una paralización mucho más prolongada.

Para la pequeña minería, el costo de recuperar maquinaria, rehabilitar accesos o estabilizar una instalación puede superar ampliamente la pérdida asociada a detener algunos turnos de producción.

La continuidad operacional dependerá de la evolución del sistema frontal, el estado de las rutas y las inspecciones posteriores. Antes de reanudar actividades será necesario verificar que no existan grietas, asentamientos, material suelto, filtraciones, fallas en drenajes o daños en instalaciones eléctricas.

El retorno tampoco debe ejecutarse de manera automática una vez terminadas las lluvias. Parte de los deslizamientos puede ocurrir después de las precipitaciones, cuando el agua continúa infiltrándose o desplazándose por el interior de los materiales.

La industria observará especialmente la condición de caminos secundarios, quebradas y faenas de menor escala en el norte del país. La prioridad inmediata es evitar accidentes, mantener comunicación con los trabajadores y asegurar que ninguna operación continúe activa cuando la evacuación no pueda garantizarse.