La administración de Donald Trump elevó la tensión financiera en torno a Venezuela al redirigir los ingresos de las exportaciones petroleras hacia una cuenta en Qatar bajo control estadounidense, un movimiento que —según expertos en reestructuración— amenaza con desordenar la jerarquía de acreedores y complicar la salida del default declarado en 2017. El control estadounidense del petróleo venezolano pone en riesgo un enfrentamiento de reestructuración de la deuda con China, con efectos que podrían trascender el caso venezolano.
Ingresos petroleros: la palanca que define quién cobra
Washington controla por ahora los producidos de ventas de crudo, la principal fuente de divisas del país, y con ello adquiere un poder inusual: influir en cuándo y a qué acreedores se podría pagar en un proceso de normalización financiera. Reuters consignó que el esquema contempla que el dinero de las ventas se deposite en una cuenta catarí bajo administración de EE.UU., lo que incrementa la opacidad y el potencial conflicto sobre prioridades de pago.
“Petróleo por deuda”: el mecanismo que queda atrapado
Una parte relevante de la deuda venezolana con China —estimada en torno a US$10.000–15.000 millones— se atendía mediante cargamentos de crudo, bajo arreglos que cobraron fuerza tras las sanciones de 2019. Documentos y fuentes citadas por Reuters apuntan a que supertanqueros realizaron envíos durante años para cubrir pagos de interés, mientras algunos flujos se canalizaban a cuentas vinculadas a Beijing para servicio de deuda. Con el nuevo control estadounidense, esos barriles quedan en una zona gris.
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Un choque de potencias con efectos sobre la reestructuración
El riesgo no es solo bilateral. Asesores de deuda advierten que, si EE.UU. termina subordinando reclamos de “tenedores heredados” o condiciona pagos, se vuelve más difícil cumplir el principio de “comparabilidad de trato” que suele ordenar las reestructuraciones (bilaterales primero, privados después). En otras palabras: sin una regla clara sobre el uso del petróleo, el tablero se desacomoda y el acuerdo se posterga.
China y el precedente: el “costo” para acuerdos globales
Especialistas citados por Reuters plantean que Beijing podría responder con su propia palanca: enfriar su cooperación en futuras reestructuraciones bajo marcos como el Common Framework, donde su participación ha sido determinante en procesos recientes de países emergentes. Así, la disputa por Venezuela podría contaminar negociaciones de deuda más allá de Sudamérica, en un momento de alta sensibilidad financiera global.
Mercado petrolero y ventas: permiso a China, pero sin descuento
En paralelo, la Casa Blanca afirmó que China podrá comprar crudo venezolano, pero no a precios “rebajados” como los observados anteriormente, trasladando la relación al terreno de transacciones de mercado más que a pagos directos por deuda. Esa redefinición tensiona el esquema histórico de “petróleo por préstamo” y deja a China con menos mecanismos inmediatos para asegurar cobros.
Un default de magnitud y una salida aún lejana
El trasfondo es una estructura de pasivos que analistas sitúan entre US$150.000 y US$170.000 millones, incluyendo bonos, préstamos bilaterales y laudos. En ese mapa, cualquier interferencia sobre el flujo petrolero —la caja esencial— convierte la reestructuración venezolana en un caso aún más complejo, con potencial de transformarse en un nuevo punto de fricción estratégica entre Washington y Beijing.









