Industria Minera

Proyecto Vicuña busca un acuerdo de explotación bajo el Tratado Binacional de 1997: inversión estimada en US$18.100 millones

El Proyecto Vicuña , definido como un desarrollo binacional que integra los yacimientos Josemaría y Filo del Sol , enfrenta un desafío clave antes de entrar a…

Proyecto Vicuña busca un acuerdo de explotación bajo el Tratado Binacional de 1997: inversión estimada en US$18.100 millones
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El Proyecto Vicuña, definido como un desarrollo binacional que integra los yacimientos Josemaría y Filo del Sol, enfrenta un desafío clave antes de entrar a operación: cómo funcionará el proyecto en ambos lados de la frontera entre Argentina y Chile. Por eso, los directivos de Lundin y BHP ya están trabajando con autoridades de ambos países para definir un protocolo que permita explotar el distrito bajo el marco del Tratado Binacional.

La confirmación vino desde el CEO de Lundin Mining, Jack Lundin, en una conferencia telefónica posterior a la publicación del estudio técnico integrado del distrito, documento que fija una escala de inversión y producción que vuelve crítico despejar el componente legal transfronterizo.

Vicuña y el punto que debe destrabarse para operar en dos países

El marco que hoy existe para Vicuña se sostiene en el Tratado sobre Integración y Complementación Minera que Chile y Argentina firmaron el 29 de diciembre de 1997, junto con su protocolo complementario posterior, promulgado en Chile como norma interna. Ese instrumento establece el marco jurídico para facilitar actividades mineras en zona fronteriza y habilitar mecanismos especiales cuando un proyecto requiere operar a ambos lados de la cordillera, según el texto promulgado en Ley Chile.

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En la práctica, Vicuña ya cuenta con un protocolo para la fase de exploración. En el Informe Técnico NI 43-101 del proyecto se describe que existe un Protocolo Adicional Específico para la etapa de prospección y/o exploración, fechado el 6 de enero de 2006, cuyo principal beneficio durante exploración es autorizar el cruce fronterizo de personas y equipos para esas actividades dentro de un “área operacional”, bajo el paraguas del tratado. Ese punto está detallado en el Informe Técnico NI 43-101 del Proyecto Vicuña.

Ahora, el cambio de etapa obliga a ir más allá.

De un protocolo de exploración a un acuerdo de explotación

Ante la consulta del analista de metales y minería de UBS Investment Bank, Daniel Major, Jack Lundin abordó directamente la necesidad de pasar desde el esquema actual a uno que habilite la fase operativa del distrito.

Major planteó dos preocupaciones: primero, si existe un marco legal claro para los requisitos transfronterizos en las últimas etapas del proyecto; y segundo, si el camino de permisos en el lado chileno —históricamente más exigente— tiene una ruta clara para permitir cerrar esas etapas finales.

La respuesta de Lundin fue explícita sobre el plan de “escalar” el marco vigente:

“la estrategia de permisos forma parte, por supuesto, del plan estratégico general para el desarrollo y la entrada en operaciones a gran escala. Actualmente existe un tratado binacional entre Chile y Argentina. De hecho, contamos con un protocolo Vicuña para la etapa de exploración en la que se encuentran los proyectos. Esto nos permite entrar y salir de Chile y Argentina sin tener que pasar por aduanas cada vez. Ahora, lo que consideraríamos es escalar esto a un acuerdo de explotación entre ambos países, lo que nos permitiría mover productos y personal a través de esta fase de operaciones con mayor libertad. Por lo tanto, estamos trabajando con las autoridades chilenas y argentinas como parte de la comisión del tratado binacional para establecer esto. Y tenemos tiempo para asegurarnos de cumplir con todos los requisitos y obtener las aprobaciones necesarias para llevar esto a la fase de explotación”.

En la misma línea, Jack Lundin añadió que están analizando y comprendiendo los plazos de permisos, usando esas suposiciones para alcanzar la escala completa:

“Por lo tanto, creo que contamos con una buena estrategia, un esfuerzo colaborativo entre personas que trabajan para BHP, Lundin Mining y Vicuña Corp., así como con las autoridades argentinas y chilenas. Sin duda, es una gran iniciativa, pero creo que contamos con un buen plan y lo consideramos una opción viable para alcanzar la escala completa”.

Por qué la urgencia sube con un plan de US$18.100 millones y una vida útil de más de 70 años

El interés por cerrar un acuerdo de explotación no es una formalidad: Vicuña ya está siendo presentado como un distrito de gran escala con desarrollo por etapas. En su comunicación corporativa, Lundin Mining informó que el estudio técnico integrado (PEA) contempla:

  • Costo de capital inicial de Etapa 1 estimado en US$7.100 millones, y US$18.100 millones para las Etapas 1 a 3.

  • Cronograma de desarrollo y construcción de 40 meses para la Etapa 1, incluyendo 6 meses de puesta en marcha.

  • Vida útil inicial superior a 70 años.

  • Perfil de producción promedio para los primeros 25 años que apunta a 400 mil toneladas de cobre, 700 mil onzas de oro y 22 millones de onzas de plata.

Estos parámetros se informan en el comunicado corporativo del Estudio Técnico Integrado de Vicuña.

En ese mismo documento, Lundin también señaló que, con compromisos para ampliar su línea de crédito a US$4.500 millones, la compañía se considera financiada para la fase inicial de construcción, dentro del marco de su estrategia de crecimiento.

Qué se juega Chile en el diseño del protocolo operativo

Más allá del marco jurídico, el diseño del acuerdo de explotación impacta en aspectos operativos y económicos que, según el propio Lundin, deben quedar definidos para la etapa de operaciones. En la práctica, el protocolo debe bajar a tierra cómo se ejecuta el proyecto cuando producción, equipos y personal deben moverse y operar en ambos territorios.

En el historial reciente del distrito y su estructuración corporativa, Vicuña se consolidó tras la creación de la sociedad conjunta, como se explicó cuando se formalizó la formación de Vicuña Corp. con la integración de Josemaría y Filo del Sol. En paralelo, el distrito ha sido descrito en profundidad en el seguimiento de Filo del Sol y Josemaría como megayacimiento binacional y en el análisis más amplio de proyectos mineros binacionales y su efecto en la frontera Chile–Argentina.

A esa escala, el protocolo deja de ser un trámite y se vuelve una condición de operación.

Los puntos que deben quedar definidos en un acuerdo de explotación binacional

Según lo delineado por la compañía, la definición del marco para operar a ambos lados de la cordillera debe aterrizar, al menos, en ámbitos como:

  • Tránsito de productos a través de la frontera durante operaciones (movimiento de concentrados, insumos y carga).

  • Movilidad de personal (ingresos, traslados, turnos y reglas operativas en zona fronteriza).

  • Movimiento de equipos y su régimen aduanero y logístico para operación continua.

  • Proveedores y contratación, con reglas claras para compras, servicios y abastecimiento.

  • Mano de obra y su administración en un esquema con componentes en dos jurisdicciones.

  • Pago de impuestos y definición tributaria asociada a actividades, activos y flujos en cada país.

En paralelo, el distrito ya definió aspectos logísticos que conectan directamente con el lado chileno, como se informó en el detalle sobre la salida del concentrado por Chile y la ampliación de la línea de crédito, un punto que vuelve aún más relevante el diseño del acuerdo operativo transfronterizo.

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