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Prueban un imán gigante de 330 toneladas enfriado a 269 grados bajo cero para generar energía de fusión

El proyecto internacional ITER logró elevar una bobina superconductora hasta 34.000 amperios, comprobando su comportamiento bajo enormes fuerzas electromagnéticas. El siguiente desafío será duplicar esa corriente antes de instalarla en el reactor.

Prueban un imán gigante de 330 toneladas enfriado a 269 grados bajo cero para generar energía de fusión


El proyecto internacional de fusión nuclear ITER completó una nueva prueba de una bobina superconductora de 330 toneladas, enfriada a 269 grados bajo cero y sometida a una corriente eléctrica de 34.000 amperios. El ensayo, realizado en sus instalaciones de Saint-Paul-lez-Durance, en el sur de Francia, permitió comprobar el comportamiento de uno de los componentes fundamentales del futuro reactor experimental. Los resultados fueron comunicados el 2 de noviembre de 2026, después de concluir la segunda campaña de pruebas del sistema magnético.

La estructura, identificada como bobina de campo toroidal número 17, alcanzó la mitad de su corriente nominal de funcionamiento, establecida en 68.000 amperios. Aunque todavía falta completar las pruebas a plena corriente, los resultados permiten avanzar en la validación de los enormes electroimanes que deberán mantener confinado el plasma dentro del reactor.

Un imán de 330 toneladas sometido a condiciones extremas

La bobina ensayada tiene forma de D y forma parte del sistema de confinamiento magnético de ITER, considerado uno de los elementos tecnológicos más complejos del proyecto.

Para realizar las pruebas, los ingenieros redujeron su temperatura hasta aproximadamente 4 kelvin, equivalentes a -269 °C. En estas condiciones, el material superconductor utilizado en el dispositivo puede transportar corrientes eléctricas extraordinariamente elevadas con una resistencia prácticamente nula.

El sistema emplea conductores fabricados con niobio y estaño, materiales que adquieren propiedades superconductoras cuando se mantienen a temperaturas extremadamente bajas.

Esta característica resulta indispensable para generar los intensos campos magnéticos requeridos por la fusión nuclear. Utilizar conductores convencionales para transportar corrientes de semejante magnitud provocaría importantes pérdidas energéticas y problemas de calentamiento.

Durante el ensayo, la corriente eléctrica alcanzó los 34 kiloamperios (34.000 amperios), una cifra que permitió analizar cómo responde la estructura frente a las fuerzas electromagnéticas generadas durante su funcionamiento.

Los especialistas compararon las deformaciones observadas con las predicciones de los modelos estructurales. La concordancia entre el comportamiento real de la bobina y las simulaciones constituye uno de los principales resultados de la campaña.

Adrien Deydier, ingeniero mecánico principal de ITER involucrado en las pruebas, destacó que alcanzar ese nivel de corriente permitió confirmar que el componente se comporta conforme a las previsiones técnicas y adquirir experiencia para la futura puesta en servicio de los sistemas integrados.

De 10.000 a 34.000 amperios en pocos meses

El avance es parte de una secuencia de ensayos iniciada en mayo de 2026, cuando ITER comenzó a operar su instalación de pruebas criogénicas para grandes electroimanes superconductores.

La primera bobina examinada, identificada como número 7, fue enfriada hasta 4 kelvin y energizada con una corriente de 10.000 amperios.

Aquella campaña permitió evaluar las conexiones eléctricas, medir la resistencia de sus uniones y comprobar el funcionamiento de los mecanismos destinados a detectar una eventual pérdida de superconductividad.

Posteriormente, los ingenieros modificaron la infraestructura eléctrica para trabajar con corrientes superiores e instalaron la bobina número 17, cuyas pruebas comenzaron en agosto.

El procedimiento también presentó dificultades técnicas. Durante las evaluaciones iniciales se detectó una resistencia eléctrica superior a la prevista en una de las conexiones de alimentación.

La investigación identificó oxidación en una superficie de contacto, problema que fue corregido antes de continuar con los ensayos.

Superada esa dificultad, el equipo consiguió aumentar la corriente hasta los 34.000 amperios y completar la segunda campaña experimental.

La bobina fue retirada de las instalaciones de pruebas el 30 de octubre. Después de permanecer temporalmente almacenada, está previsto trasladarla al edificio de ensamblaje para integrarla en el último módulo sectorial de la cámara de plasma.

El siguiente desafío será alcanzar los 68.000 amperios

La próxima etapa contempla trabajar con una tercera bobina, identificada como número 19, fabricada como componente de reserva para el sistema magnético.

ITER tiene previsto comenzar su enfriamiento en abril de 2027, inicialmente para realizar nuevas pruebas a 34.000 amperios.

A diferencia de las campañas anteriores, esta evaluación incorporará conexiones eléctricas y sistemas de aislamiento que reproducirán condiciones utilizadas dentro del reactor.

Posteriormente, la instalación recibirá refuerzos estructurales para permitir los ensayos a la corriente nominal completa de 68.000 amperios.

Los especialistas también examinarán los márgenes de temperatura del sistema, calentando deliberadamente determinadas zonas para estudiar las condiciones en que el material pierde sus propiedades superconductoras.

Este fenómeno, conocido como quench, puede generar un rápido aumento de resistencia eléctrica, temperatura y tensión. Detectarlo oportunamente resulta esencial para proteger los electroimanes y evitar daños durante la operación.

Una vez concluida esa campaña, la instalación será adaptada para evaluar una bobina de campo poloidal, otro de los componentes encargados de controlar la forma y posición del plasma.

Por qué la fusión nuclear necesita imanes gigantes

ITER busca demostrar la viabilidad científica y tecnológica de producir energía mediante fusión nuclear, el proceso que alimenta al Sol y las estrellas.

A diferencia de la fisión nuclear, que libera energía mediante la división de núcleos atómicos pesados, la fusión combina núcleos ligeros para formar otros más pesados.

Para conseguirlo, los investigadores necesitan generar un plasma a temperaturas de millones de grados y mantenerlo confinado sin que entre en contacto directo con las paredes del reactor.

El dispositivo utilizado por ITER es un tokamak, una máquina con una cámara de vacío de geometría toroidal que emplea potentes campos magnéticos para controlar el plasma.

Su sistema magnético incluirá 18 bobinas toroidales con forma de D, seis bobinas poloidales y los seis módulos independientes de un solenoide central.

En conjunto, estos componentes están diseñados para almacenar una energía magnética de aproximadamente 51 gigajulios y producir los campos necesarios para iniciar, confinar y controlar el plasma.

La precisión de cada electroimán es fundamental, porque las fuerzas electromagnéticas y las condiciones térmicas pueden producir esfuerzos mecánicos considerables sobre estructuras de cientos de toneladas.

ITER busca producir 500 megavatios de potencia de fusión

El programa internacional reúne a la Unión Europea, China, India, Japón, Corea del Sur, Rusia y Estados Unidos, que participan en el desarrollo y suministro de componentes para el reactor.

Su objetivo científico principal es demostrar que un plasma puede generar 500 megavatios de potencia de fusión utilizando 50 megavatios de potencia de calentamiento, lo que representa una ganancia energética de diez veces respecto de la energía suministrada para calentar el plasma.

Sin embargo, esta relación corresponde al balance energético del plasma y no al consumo eléctrico total de las instalaciones.

Además, ITER no está diseñado para producir electricidad destinada a una red de distribución. Su función será demostrar tecnologías y condiciones físicas necesarias para desarrollar futuras centrales eléctricas de fusión.

El cronograma actualizado contempla iniciar las operaciones de investigación en 2034 y avanzar hacia los experimentos con deuterio y tritio a partir de 2039, conforme a los objetivos de planificación del proyecto.

Por ahora, el resultado obtenido con la bobina de 330 toneladas confirma el funcionamiento de un componente esencial bajo condiciones criogénicas y eléctricas exigentes. Todavía no demuestra la operación del sistema magnético completo ni la producción de energía por fusión.

La próxima prueba a 68.000 amperios será determinante para evaluar su comportamiento a plena corriente y reducir los riesgos técnicos antes de integrar estos enormes electroimanes en el futuro reactor experimental.

REDIMIN Responde

¿Qué prueba completó el proyecto ITER recientemente?

ITER completó una prueba de una bobina superconductora de 330 toneladas, enfriada a 269 grados bajo cero y sometida a una corriente eléctrica de 34.000 amperios.

¿Dónde se realizó el ensayo de la bobina superconductora?

El ensayo se realizó en las instalaciones de ITER en Saint-Paul-lez-Durance, en el sur de Francia.

¿Cuál es la corriente nominal de funcionamiento de la bobina de campo toroidal número 17?

La corriente nominal de funcionamiento de la bobina de campo toroidal número 17 está establecida en 68.000 amperios.

¿Qué materiales se utilizan en los conductores de la bobina superconductora de ITER?

Los conductores de la bobina superconductora de ITER están fabricados con niobio y estaño, materiales que adquieren propiedades superconductoras a temperaturas extremadamente bajas.

¿Cuál es el objetivo científico principal de ITER?

El objetivo científico principal de ITER es demostrar que un plasma puede generar 500 megavatios de potencia de fusión utilizando 50 megavatios de potencia de calentamiento, logrando una ganancia energética de diez veces respecto de la energía suministrada para calentar el plasma.