Los países del RCEP acordaron crear un grupo de trabajo para evaluar la incorporación de Chile. El bloque reúne a 15 economías de Asia y Oceanía y en 2025 concentró un intercambio con Chile de US$90.940 millones, con el cobre como principal producto exportado.
Chile avanzó formalmente hacia una eventual incorporación a la Asociación Económica Integral Regional (RCEP), el acuerdo comercial que reúne a China, Japón, Corea del Sur, Australia, Nueva Zelanda y las diez economías de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN). Los ministros del bloque acordaron en Manila crear un grupo de trabajo para analizar la solicitud chilena, presentada en 2024, abriendo una etapa de evaluación técnica que deberá determinar si el país cumple los requisitos para ingresar.
La decisión fue adoptada durante la quinta reunión ministerial del RCEP, realizada el 21 de septiembre en Filipinas, y alcanza también a Bangladesh, Hong Kong y Sri Lanka. No significa que Chile haya sido aceptado: el siguiente paso será establecer un subgrupo específico que analizará el cumplimiento de los estándares del tratado y las condiciones de acceso a mercados que el país esté dispuesto a ofrecer.
Un mercado de más de 2.300 millones de personas
El RCEP está integrado por Brunéi Darussalam, Camboya, Indonesia, Laos, Malasia, Myanmar, Filipinas, Singapur, Tailandia y Vietnam, junto con Australia, China, Corea del Sur, Japón y Nueva Zelanda. El acuerdo fue firmado en noviembre de 2020 y comenzó a entrar en vigor desde el 1 de enero de 2022.
Las cifras explican la magnitud de la iniciativa. En 2025, las economías del RCEP reunían aproximadamente 2.306 millones de habitantes y un PIB conjunto de US$32,28 billones. Durante ese año exportaron bienes por US$7,29 billones. El bloque agrupa algunas de las mayores plataformas industriales, tecnológicas, manufactureras y logísticas del planeta.
Su importancia para Chile no es teórica. El intercambio comercial del país con las economías que integran el RCEP alcanzó US$90.940 millones durante 2025. Las exportaciones chilenas sumaron US$56.594 millones y las importaciones llegaron a US$34.346 millones, dejando un saldo comercial favorable para Chile de US$24.761 millones.
La magnitud de esa relación queda más clara al considerar que el comercio exterior total de Chile alcanzó US$199.667 millones durante 2025. China, uno de los integrantes del RCEP, se mantuvo además como el principal socio comercial del país.
El cobre concentra buena parte de los envíos chilenos
La eventual adhesión tiene un componente particularmente importante para la minería chilena. En 2025, las exportaciones mineras de Chile hacia los países del RCEP alcanzaron US$42.930 millones, de los cuales US$39.605 millones correspondieron a cobre.
El principal producto individual enviado a estas economías fueron los minerales de cobre y sus concentrados, con exportaciones por US$33.561 millones. Le siguieron los cátodos de cobre refinado, con US$3.904 millones.
También destacaron las cerezas frescas, con US$2.967 millones; el carbonato de litio de alta pureza, con US$1.570 millones; los concentrados tostados de molibdeno, con US$1.059 millones; y distintos tipos de celulosa.
La estructura del intercambio muestra que la relación de Chile con el RCEP ya es profunda incluso antes de una eventual adhesión. El cambio, por tanto, no consistiría simplemente en abrir por primera vez los mercados asiáticos para los productos nacionales.
Chile ya mantiene acuerdos comerciales con la mayoría de las economías del bloque. Cuando presentó formalmente su solicitud en junio de 2024, las excepciones eran Filipinas, Laos, Camboya y Myanmar. En julio de 2026, además, Chile y Filipinas concluyeron las negociaciones de un Acuerdo de Asociación Económica Integral, aunque ese tratado todavía debe completar las etapas necesarias para entrar en vigor.
Qué podría cambiar para las empresas chilenas
Uno de los elementos centrales del RCEP es que reúne bajo un mismo marco comercial a economías que anteriormente operaban mediante diferentes acuerdos bilaterales y regionales.
Esto puede ser relevante para empresas integradas en cadenas de producción asiáticas. El tratado establece reglas comunes sobre comercio de bienes y servicios, inversiones, comercio electrónico, procedimientos aduaneros, propiedad intelectual, medidas sanitarias y fitosanitarias y reglas de origen.
Estas últimas determinan qué productos pueden acogerse a los aranceles preferenciales del acuerdo. El sistema del RCEP permite considerar determinados materiales originarios de sus países miembros dentro del proceso productivo regional, una característica que facilita cadenas de suministro en las que componentes o materias primas atraviesan varias economías antes de llegar al producto final.
Para Chile, eso podría ampliar las alternativas para empresas que utilizan insumos asiáticos y posteriormente exportan bienes hacia otros mercados del mismo bloque. Sin embargo, las ventajas específicas dependerán de las condiciones que finalmente se negocien durante la adhesión y de las preferencias que resulten más convenientes frente a los tratados que Chile ya mantiene.
La incorporación todavía no está resuelta
El establecimiento del grupo de trabajo constituye el inicio de una nueva fase, pero no existe todavía una fecha para una eventual entrada de Chile.
Los procedimientos del RCEP establecen que las decisiones relacionadas con una adhesión deben adoptarse por consenso. El país solicitante debe demostrar capacidad para cumplir las disposiciones y reglas existentes del acuerdo, además de presentar condiciones de acceso a mercados consideradas comercialmente significativas por los miembros.
El nuevo subgrupo analizará específicamente el caso chileno y dará inicio a las discusiones técnicas. La evaluación abarcará tanto la compatibilidad normativa como las condiciones comerciales que Chile estaría dispuesto a asumir.
Para el país, el proceso se inserta en una estrategia de mayor integración con Asia. Chile ya pertenece al Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP), mantiene acuerdos bilaterales con las principales economías asiáticas y desde 2019 posee la condición de Socio de Desarrollo de ASEAN.
La diferencia del RCEP está en su escala y en la posibilidad de operar dentro de un mismo marco junto a China, Japón, Corea del Sur y las economías del Sudeste Asiático. Para Chile, cuya minería y comercio exterior dependen en gran medida de los mercados asiáticos, la negociación determinará si esa integración regional entrega ventajas adicionales respecto de la extensa red de tratados que ya se encuentra vigente.









