La operación de cobre y molibdeno en Antofagasta busca sumar recursos, elevar producción y evaluar una ampliación de su concentradora desde 130.000 a 165.000 toneladas por día.
Sierra Gorda SCM prepara una inversión de US$100 millones en exploración durante cinco años como parte de una estrategia para extender la vida útil de su operación en la Región de Antofagasta y sostener su rol dentro de la gran minería del cobre en Chile.
El plan fue informado por el gerente general de la compañía, Marcelo Bustos, en una entrevista publicada por El Mercurio y recogida por Reuters en MINING.COM. La iniciativa considera una campaña exploratoria para el período 2028-2032, la extensión de la mina hasta 2049 y una eventual ampliación de capacidad de la planta concentradora.
El objetivo central es mover el horizonte operacional desde 2035 hasta 2049, lo que implicaría agregar 14 años al plan minero vigente. Para una operación de baja ley, intensiva en procesamiento y con altos requerimientos de eficiencia, la exploración pasa a ser una variable clave para sostener producción, justificar inversiones y mejorar la planificación de largo plazo.
Tres proyectos para sostener la operación
La estrategia que prepara Sierra Gorda se estructura en tres frentes. El primero es la campaña de exploración por US$100 millones, programada para ejecutarse entre 2028 y 2032. El segundo es la extensión de vida útil de la mina hasta 2049. El tercero es la evaluación de un aumento en la capacidad de la concentradora, desde las actuales 130.000 toneladas métricas por día hacia 165.000 toneladas métricas por día.
Según la información entregada por la compañía al medio, el plan de exploración será ingresado en 2026 mediante un Estudio de Impacto Ambiental, mientras que el proyecto para extender la vida útil se presentaría entre 2027 y 2028. La decisión sobre la eventual ampliación de planta debería adoptarse durante este año.
La secuencia es relevante para la industria porque muestra cómo las grandes operaciones de cobre en Chile están ordenando sus decisiones de crecimiento: primero exploración y permisos, luego actualización del plan minero y finalmente inversiones de capacidad. En un escenario de leyes decrecientes y mayor presión sobre costos, el aumento de procesamiento solo tiene sentido si existe respaldo geológico suficiente y continuidad operacional.
Una operación clave en cobre y molibdeno
Sierra Gorda SCM opera una mina a rajo abierto de cobre y molibdeno en la comuna de Sierra Gorda, en pleno desierto de Atacama. De acuerdo con la información corporativa de KGHM, la faena se ubica aproximadamente 60 kilómetros al suroeste de Calama y a una altitud cercana a 1.700 metros.
La propiedad está en manos de la polaca KGHM Polska Miedź, con 55%, y de la australiana South32, con 45%. La actual estructura accionaria se consolidó luego de la salida de Sumitomo y el ingreso de South32 como socio en 2022.
La operación inició su puesta en marcha en 2014 y comenzó producción comercial el 1 de julio de 2015. Su principal producto es concentrado de cobre, con molibdeno como subproducto relevante. También contiene oro y plata en menor escala, según la descripción técnica de la propia compañía.
En su sitio corporativo, Sierra Gorda SCM informa que durante 2023 procesó un promedio de 130.121 toneladas métricas por día, con una producción de 150.198 toneladas de cobre fino y 2.982 toneladas de molibdeno. La empresa también señala que la planta tiene una capacidad aprobada de 230.000 toneladas por día, aunque su procesamiento efectivo se mueve entre 110.000 y 130.000 toneladas por día.
Por qué importa la exploración
La inversión anunciada no corresponde a una expansión inmediata de producción, sino a una fase previa: buscar y confirmar recursos que permitan sostener la operación por más tiempo. En minería de gran escala, esa etapa es decisiva porque condiciona permisos, secuencia minera, uso de planta, contratos de suministro, necesidades de agua, energía, relaves, equipos y empleo.
En el caso de Sierra Gorda, la exploración tiene además un componente estratégico. La operación explota un yacimiento tipo pórfido cuprífero de baja ley, donde la rentabilidad depende de grandes volúmenes de tratamiento, continuidad operacional y control de costos. Por eso, cualquier aumento en la capacidad de procesamiento debe estar respaldado por un plan minero robusto y reservas o recursos suficientes para alimentar la planta durante varios años.
La compañía ya opera en una zona de alta concentración minera, cercana a otros activos cupríferos relevantes del norte chileno. En ese contexto, extender la vida útil hasta 2049 permitiría mantener demanda por proveedores, servicios especializados, transporte, energía, mantenimiento, tecnología y empleo en la Región de Antofagasta.
Agua, energía y eficiencia operacional
Uno de los elementos que diferencia a Sierra Gorda dentro de la minería chilena es su modelo de abastecimiento hídrico. La compañía informa que utiliza 100% de agua de mar no desalinizada en sus operaciones, lo que evita competir por aguas continentales en una zona de alta escasez hídrica. Según Sierra Gorda SCM, la operación también alcanzó 100% de suministro eléctrico renovable durante 2023.
KGHM detalla que la faena utiliza agua de mar proveniente de sistemas de enfriamiento de una central en Mejillones, la cual es impulsada hasta la mina mediante una tubería de 144 kilómetros. Ese tipo de infraestructura es relevante porque cualquier expansión o extensión operacional debe considerar la disponibilidad y continuidad de insumos críticos, especialmente agua y energía.
La compañía también destaca el uso de rodillos de molienda de alta presión, tecnología HPGR, orientada a mejorar eficiencia energética en el procesamiento de minerales. En una operación de baja ley, estos factores pueden incidir directamente en competitividad, costos unitarios y desempeño ambiental.
El peso industrial para Antofagasta
La Región de Antofagasta concentra una parte sustantiva de la producción minera chilena y reúne operaciones de cobre, molibdeno, litio y otros minerales estratégicos. En ese escenario, el plan de Sierra Gorda no solo apunta a extender la vida de una faena específica, sino también a sostener actividad económica en una zona donde la minería define empleo, contratación de servicios, infraestructura y recaudación.
La extensión hasta 2049, si se concreta, daría mayor visibilidad a trabajadores, contratistas y proveedores. La propia compañía informa en su sitio institucional que cuenta con más de 4.000 trabajadores y contratistas, además de una producción anual cercana a 165.000 toneladas de cobre fino como referencia corporativa.
Para Chile, el anuncio también se cruza con un desafío más amplio: mantener su posición en el mercado global del cobre en un contexto de mayor demanda por electrificación, redes, energías renovables y tecnologías limpias. La oferta futura no depende solo de nuevos proyectos greenfield, sino también de la capacidad de las operaciones actuales para extender vida útil, mejorar leyes de corte, optimizar plantas y sostener permisos.
Qué observará la industria
El primer hito será el ingreso del Estudio de Impacto Ambiental del plan de exploración durante 2026. Ese proceso deberá entregar más detalles sobre áreas a intervenir, plataformas, sondajes, caminos, cronograma, medidas ambientales y relación con comunidades.
Luego, entre 2027 y 2028, la atención estará puesta en el proyecto de extensión de vida útil. Allí deberían aparecer los datos más relevantes para la industria: nuevo plan minero, horizonte operacional, eventuales cambios en infraestructura, necesidades de relaves, consumo de agua, energía, empleo y producción esperada.
La eventual ampliación de la concentradora a 165.000 toneladas por día será otro punto crítico. Si la decisión avanza, Sierra Gorda podría reforzar su escala dentro del distrito cuprífero de Antofagasta, aunque la viabilidad dependerá de permisos, inversión final, respaldo geológico y condiciones de mercado.
La señal de fondo es clara: Sierra Gorda busca asegurar continuidad más allá de 2035 y convertir la exploración en la base de una nueva etapa operacional. En una industria donde los tiempos de permisos y desarrollo son cada vez más largos, iniciar ahora el proceso ambiental y técnico puede marcar la diferencia entre administrar el agotamiento de una mina o sostener una plataforma productiva hasta mediados de siglo.







