
Científicos de la Universidad de Edimburgo reprodujeron condiciones posteriores a un impacto utilizando rocas de un cráter alemán. En pocas semanas aparecieron comunidades microbianas capaces de soportar temperaturas de hasta 70 °C.
Un impacto de asteroide puede destruir ecosistemas enteros, pero también transformar las rocas del lugar en ambientes capaces de albergar vida. Esa posibilidad acaba de recibir nuevo respaldo experimental gracias a una investigación publicada el 17 de octubre de 2026 en la revista científica Geobiology, que consiguió establecer comunidades de microorganismos en condiciones hidrotermales simuladas, utilizando materiales procedentes de un antiguo cráter de impacto en Alemania.
El estudio fue encabezado por Sabrina M. C. Hardy, investigadora del Centro de Astrobiología de la Universidad de Edimburgo, junto con especialistas de instituciones británicas y estadounidenses.
Los resultados muestran que las rocas fracturadas y modificadas por un impacto pueden proporcionar espacios habitables para microorganismos resistentes al calor, una vez que las temperaturas descienden hasta niveles compatibles con la vida.
El descubrimiento aporta información para comprender cómo los ecosistemas podrían recuperarse después de catástrofes extraterrestres y por qué los cráteres de Marte constituyen lugares de interés para buscar posibles señales de vida antigua.
Un cráter de 25 kilómetros permitió recrear las condiciones posteriores al impacto
Para desarrollar el experimento, los investigadores recurrieron al cráter de Ries, ubicado en Baviera, al sur de Alemania.
Esta estructura geológica tiene aproximadamente 25 kilómetros de diámetro y se formó hace unos 14,8 millones de años, cuando un objeto extraterrestre impactó contra la superficie terrestre.
La colisión generó temperaturas y presiones extremas, fracturó grandes volúmenes de roca y produjo materiales geológicos particulares.
Entre ellos se encuentra la suevita, una roca formada por fragmentos de distintos materiales y componentes fundidos durante el impacto.
Los científicos recogieron aproximadamente 8,6 kilogramos de suevita en la cantera Aumühle, seleccionando muestras de una zona relativamente poco alterada por procesos hidrotermales posteriores.
Este material resultaba especialmente interesante porque conserva características físicas relacionadas con el impacto, incluyendo fracturas, poros y componentes vítreos.
Las cavidades y espacios internos pueden proporcionar lugares donde los microorganismos se establezcan cuando existen agua, nutrientes y condiciones térmicas adecuadas.
A partir de estas muestras, el equipo diseñó un sistema experimental que permitiera estudiar cómo una comunidad microbiana podría colonizar materiales semejantes a los presentes en un cráter después de su enfriamiento.
Tres experimentos a 50, 60 y 70 grados Celsius
Los investigadores seleccionaron tres porciones de suevita de 750 gramos cada una y las fragmentaron utilizando herramientas esterilizadas.
Posteriormente, colocaron las rocas en tres sistemas acuáticos independientes, mantenidos a temperaturas constantes de 50, 60 y 70 grados Celsius.
Cada recipiente contenía 1,4 litros de agua destilada, utilizada para favorecer que la composición química del líquido evolucionara principalmente por su interacción con las rocas.
A continuación, incorporaron diez gramos de suelo procedente de un ambiente templado de Edimburgo, con el propósito de introducir microorganismos y reproducir una posible llegada de vida desde los alrededores de un cráter.
La idea consistía en evaluar si organismos presentes en ambientes relativamente comunes podían establecerse en condiciones semejantes a las de un sistema hidrotermal generado por un impacto.
Estos sistemas pueden formarse cuando el calor acumulado en las rocas después de una colisión interactúa con agua disponible en el subsuelo.
El experimento no reprodujo la colisión de un asteroide ni sus temperaturas iniciales extremas. Simuló una etapa posterior, cuando las rocas ya se habían enfriado lo suficiente para permitir actividad biológica.
Los microorganismos comenzaron a colonizar las rocas en pocas semanas
Los resultados fueron especialmente interesantes por la rapidez con que se desarrollaron las comunidades microbianas.
Durante las primeras semanas, las muestras experimentaron transformaciones físicas y químicas.
Algunas superficies expuestas al aire comenzaron a oxidarse, mientras que parte del material rocoso se desintegró y formó depósitos de sedimentos dentro de los recipientes.
Estas modificaciones originaron diferentes espacios potencialmente habitables.
Después de doce semanas, los científicos identificaron microorganismos establecidos en tres ambientes distintos: las superficies oxidadas de las rocas, sus cavidades internas sumergidas y los sedimentos acumulados en el fondo.
Mediante observaciones microscópicas detectaron biopelículas, agrupaciones de microorganismos adheridos a superficies sólidas.
También encontraron organismos que habían penetrado en poros y fracturas de las rocas, formando comunidades denominadas endolíticas.
Estas observaciones confirmaron que los materiales derivados de impactos pueden ofrecer distintos espacios para la colonización microbiana bajo condiciones hidrotermales controladas.
Encontraron bacterias capaces de desarrollarse a temperaturas elevadas
El análisis genético permitió identificar una amplia diversidad de microorganismos en los sistemas experimentales.
Entre las bacterias detectadas destacaron representantes de los géneros Meiothermus y Aneurinibacillus, conocidos por incluir especies capaces de desarrollarse en ambientes cálidos.
También aparecieron microorganismos relacionados con el género Brockia, que incluye bacterias con capacidades metabólicas vinculadas al aprovechamiento de compuestos inorgánicos.
En el conjunto de las muestras analizadas, los investigadores identificaron organismos pertenecientes a 340 géneros.
Las comunidades presentaron diferencias según las condiciones térmicas y los espacios que ocupaban dentro de los recipientes.
Algunas se desarrollaron sobre las superficies exteriores de las rocas, mientras otras consiguieron establecerse en cavidades protegidas del interior.
La presencia de estos microorganismos resulta relevante porque demuestra que ambientes sometidos a temperaturas considerablemente superiores a las habituales pueden sostener comunidades biológicas diversas.
Además, después de doce semanas, los científicos incorporaron nuevas cantidades de suelo y materia orgánica para observar cómo respondían las comunidades a una segunda entrada de microorganismos y nutrientes.
Los resultados mostraron modificaciones en la composición de las poblaciones, aunque el diseño experimental no permitió atribuir esos cambios exclusivamente a uno de los dos aportes.
Hierro, azufre y metano: las pistas químicas del experimento
La investigación no se limitó a identificar microorganismos.
El equipo también examinó su material genético para determinar qué procesos metabólicos podrían desarrollar dentro de los sistemas hidrotermales.
Los análisis detectaron genes asociados con los ciclos del hierro, azufre, carbono y metano, elementos importantes para diversas reacciones químicas utilizadas por los microorganismos.
Entre los hallazgos aparecieron genes vinculados con la reducción de sulfatos, un proceso mediante el cual determinadas bacterias pueden obtener energía utilizando compuestos de azufre.
También se identificaron microorganismos y genes relacionados con procesos de producción de metano.
La presencia de estas capacidades potenciales sugiere que los ambientes hidrotermales posteriores a un impacto podrían sostener comunidades capaces de participar en distintos ciclos biogeoquímicos.
Sin embargo, existe una diferencia importante entre identificar genes y demostrar que todos esos procesos se encuentran funcionando.
Los investigadores no midieron directamente la actividad de reducción de sulfatos, por lo que los resultados permiten establecer potencial metabólico, pero no confirmar la intensidad de todas las reacciones identificadas.
Qué significa el descubrimiento para la búsqueda de vida en Marte
Una de las aplicaciones más interesantes del estudio corresponde a la astrobiología, disciplina que investiga las posibilidades de existencia de vida fuera de la Tierra.
Marte conserva numerosos cráteres producidos por impactos de asteroides y otros cuerpos celestes durante miles de millones de años.
Algunos de estos eventos pudieron generar sistemas hidrotermales temporales mediante la interacción entre rocas calientes y agua.
Si esas condiciones se mantuvieron durante períodos suficientes, los cráteres podrían haber ofrecido ambientes potencialmente habitables para microorganismos.
La investigación realizada con suevita alemana refuerza esta posibilidad al demostrar experimentalmente que materiales de impacto pueden sostener comunidades microbianas cuando existen condiciones adecuadas de temperatura, agua y disponibilidad de organismos.
Además, las fracturas y cavidades de las rocas podrían proporcionar espacios protegidos donde eventualmente quedaran conservadas señales de actividad biológica.
Estas señales, conocidas como biofirmas, constituyen uno de los objetivos de las investigaciones destinadas a reconstruir ambientes habitables en otros planetas.
No obstante, el experimento no demuestra que exista o haya existido vida en Marte.
Las condiciones químicas, atmosféricas y ambientales del planeta rojo pueden diferir considerablemente de las utilizadas en los sistemas de laboratorio.
El experimento no demuestra que los meteoritos creen vida
Aunque los resultados amplían el conocimiento sobre la habitabilidad posterior a los impactos, los científicos reconocen limitaciones importantes.
El estudio utilizó rocas procedentes de un único cráter y cada temperatura fue representada por un solo sistema experimental, por lo que no es posible generalizar estadísticamente las diferencias observadas entre temperaturas.
Además, las rocas no fueron esterilizadas y los investigadores introdujeron suelo con microorganismos.
Por esta razón, no resulta posible determinar con certeza si cada especie identificada procedía originalmente de la suevita o del suelo incorporado.
El experimento tampoco demuestra que los impactos generen vida espontáneamente. Lo que confirma es que ciertos ambientes formados a partir de materiales de impacto pueden ser colonizados por organismos existentes.
Esta diferencia resulta fundamental para interpretar el alcance científico del descubrimiento.
El trabajo aporta evidencia experimental sobre una etapa de recuperación biológica que hasta ahora se investigaba principalmente mediante restos fósiles, señales químicas conservadas en rocas y modelos teóricos.
La principal conclusión es que la destrucción provocada por un impacto no necesariamente representa el final de las posibilidades de habitabilidad del lugar afectado.
Cuando el calor disminuye y existe agua disponible, las rocas fracturadas pueden transformarse en nuevos espacios para la colonización microbiana.
Así, un fenómeno capaz de devastar ecosistemas también puede dejar condiciones geológicas que favorezcan su posterior recuperación, una posibilidad que ayuda a comprender tanto la historia de la vida terrestre como los ambientes donde podrían buscarse sus huellas más allá de nuestro planeta.
REDIMIN Responde
¿Qué condiciones simularon los científicos de la Universidad de Edimburgo en su experimento?
Simularon condiciones hidrotermales posteriores a un impacto de asteroide utilizando rocas de un cráter alemán, específicamente del cráter de Ries en Baviera.
¿Qué tipo de rocas utilizaron los investigadores para el experimento?
Utilizaron suevita, una roca formada por fragmentos de distintos materiales y componentes fundidos durante el impacto, recogida en la cantera Aumühle.
¿A qué temperaturas se realizaron los experimentos con las rocas?
Los experimentos se realizaron a temperaturas constantes de 50, 60 y 70 grados Celsius.
¿Qué microorganismos destacaron en el análisis genético de las muestras?
Destacaron bacterias de los géneros Meiothermus y Aneurinibacillus, conocidos por desarrollarse en ambientes cálidos, y microorganismos relacionados con el género Brockia.
¿Qué procesos metabólicos potenciales identificaron los investigadores en los microorganismos?
Identificaron genes asociados con los ciclos del hierro, azufre, carbono y metano, incluyendo la reducción de sulfatos y la producción de metano.
