La Comisión Europea adoptó un esquema que clasificará instalaciones por eficiencia energética e hídrica y mostrará su capacidad de aportar flexibilidad a la red y reutilizar calor. El sector ya consume cerca del 2,5% de la electricidad de la UE y su capacidad podría superar 28 GW en 2030.
La Comisión Europea dio este 21 de septiembre un nuevo paso para tratar a los centros de datos como grandes instalaciones industriales desde el punto de vista energético y ambiental, al adoptar un sistema común de clasificación que evaluará su consumo de electricidad y agua y hará comparables indicadores hasta ahora dispersos. La medida se produce mientras la Unión Europea intenta multiplicar su infraestructura de inteligencia artificial y nube sin agravar las restricciones de las redes eléctricas ni la presión sobre recursos hídricos.
El nuevo régimen se apoya en las obligaciones de información que ya afectan a centros de datos con una demanda instalada de tecnologías de información de al menos 500 kW. Sobre esos datos, una plataforma europea generará etiquetas electrónicas con clases de eficiencia energética y de agua, además de información sobre flexibilidad para el sistema eléctrico, fuentes de energía y preparación para reutilizar calor residual.
La primera generación de etiquetas está prevista para el 15 de agosto de 2027. El reglamento delegado adoptado por la Comisión todavía debe completar el procedimiento institucional europeo antes de entrar plenamente en vigor.
Una escala de A a G para energía y agua
El esquema introduce dos clasificaciones principales.
La primera utiliza el Power Usage Effectiveness (PUE), indicador que compara toda la energía consumida por una instalación con la utilizada directamente por sus equipos informáticos. Cuanto más cercano a 1 es el indicador, menor es la electricidad empleada en refrigeración, distribución, respaldo y otras funciones auxiliares.
La categoría A corresponderá a centros con un PUE de 1,15 o menos, mientras que instalaciones sobre 1,9 quedarán en la categoría G.
La segunda clasificación utilizará el Water Usage Effectiveness (WUE) para medir el consumo de agua en relación con la energía utilizada por los equipos informáticos. La clase A se asignará a valores iguales o inferiores a 0,1 metros cúbicos por MWh y la G a valores superiores a 1,0.
La Comisión considera relevante analizar ambos indicadores conjuntamente porque algunas tecnologías capaces de reducir el consumo eléctrico mediante refrigeración evaporativa pueden aumentar el uso de agua.
Por esa razón, la documentación asociada a la etiqueta deberá explicar además cómo interpretar la eficiencia hídrica según el estrés de agua existente en la ubicación del centro de datos. Consumir una determinada cantidad de agua no tiene las mismas consecuencias ambientales en una región con abundancia hídrica que en otra sometida a escasez.
No se trata solo de cuánta electricidad consumen
La nueva etiqueta pretende ampliar la evaluación más allá de un simple indicador de consumo.
También identificará si una instalación puede entregar servicios de flexibilidad a la red eléctrica, por ejemplo desplazando demanda desde períodos críticos, modificando temporalmente su consumo o participando en servicios destinados a mantener la estabilidad y resiliencia del sistema.
Otro indicador mostrará si el centro está preparado para recuperar y entregar calor residual a usuarios externos.
Prácticamente toda la electricidad consumida por los servidores termina transformándose en calor. En determinadas ubicaciones, esa energía puede utilizarse para calefacción urbana, edificios, instalaciones industriales u otros consumidores térmicos.
Los primeros datos recopilados por la UE muestran, sin embargo, que esta práctica sigue siendo limitada. De los centros incluidos en el primer ciclo de información, solo 67 declararon algún nivel de reutilización de calor, y la Comisión calcula que aproximadamente 1,8% del calor generado estaba siendo aprovechado. La propia institución advierte que la base de datos inicial todavía tiene limitaciones de cobertura y calidad.
El consumo crecerá junto con la inteligencia artificial
El endurecimiento del seguimiento coincide con una expansión acelerada de la infraestructura digital europea.
La Comisión estima que los centros de datos representan actualmente alrededor de 2,5% del consumo eléctrico de la Unión Europea. Su capacidad instalada podría pasar de aproximadamente 12 GW en 2025 a unos 28 GW en 2030, impulsada por servicios de nube, procesamiento de datos y, especialmente, inteligencia artificial.
En términos de energía, un informe presentado este lunes calcula que estas instalaciones consumieron unos 68 TWh en 2024 y podrían alcanzar 114 TWh en 2030, aproximadamente 3,2% de la demanda eléctrica comunitaria bajo las proyecciones utilizadas.
La presión podría ser mayor si la expansión de la IA supera las previsiones actuales.
La UE mantiene paralelamente el objetivo de triplicar su capacidad de centros de datos durante los próximos cinco a siete años, dentro de su estrategia para reducir dependencias tecnológicas y aumentar su infraestructura propia de computación.
El problema para el sistema eléctrico es que un único gran campus de centros de datos puede solicitar conexiones comparables con las de importantes instalaciones industriales, concentrando enormes cargas en zonas determinadas y obligando a reforzar líneas, subestaciones y generación.
La regulación parte de una obligación que ya existía
El umbral de 500 kW no nace con la medida presentada este lunes.
La Directiva europea de Eficiencia Energética ya obliga a los Estados miembros a exigir información de desempeño y sostenibilidad a los centros de datos que superen ese tamaño. Una regulación adoptada en 2024 definió los indicadores que deben reportarse a la base europea.
La nueva regulación transforma esos datos en un sistema comparable de clasificación y etiquetado público.
Los centros inferiores a 500 kW podrán participar voluntariamente, al igual que instalaciones que todavía se encuentren en fase de diseño y quieran comunicar el desempeño que esperan alcanzar.
La Comisión detectó problemas importantes durante la primera ronda de recopilación. Solo 770 centros de datos presentaron información, alrededor de 36% del número estimado de instalaciones sujetas a la obligación. Aproximadamente 70% de los datos reportados superó posteriormente los controles de consistencia aplicados.
Los límites obligatorios podrían llegar después
El esquema anunciado este lunes no impone todavía un máximo de consumo eléctrico o agua ni prohíbe operar a los centros clasificados en las categorías de menor eficiencia.
Su función inicial es medir, comparar y transparentar.
Pero la Comisión abrió simultáneamente una consulta para evaluar estándares mínimos obligatorios de desempeño aplicables tanto a instalaciones nuevas como existentes. El proceso estará abierto hasta el 14 de diciembre y una propuesta legislativa está prevista para el segundo trimestre de 2027.
Ese paso podría transformar las clasificaciones actuales en una base para futuras exigencias regulatorias.
Europa está configurando así una política en la que la infraestructura digital deja de evaluarse únicamente por su capacidad informática. Electricidad disponible, eficiencia de refrigeración, consumo de agua, ubicación, flexibilidad de demanda y aprovechamiento del calor pasan a formar parte de las variables con las que se decidirá cómo integrar la expansión de la inteligencia artificial al sistema energético.









