BUENOS AIRES.– Argentina avanzó con fuerza durante 2025 en su estrategia de reposicionar la energía nuclear como un pilar de su matriz energética y como plataforma tecnológica de proyección internacional. La recuperación de la plena operación de las centrales, el impulso a los reactores modulares pequeños y la apertura al capital privado marcaron hitos relevantes. Sin embargo, en medio de este renovado impulso, persiste un eslabón crítico ausente: la minería de uranio.
Las cifras del último año reflejan la solidez del segmento industrial aguas abajo. Dioxitek alcanzó una producción de 190.000 toneladas de dióxido de uranio, mientras que Nucleoeléctrica Argentina generó más de 10,7 millones de MWh, equivalentes al 7,5% de la demanda eléctrica nacional. A ello se sumó el retorno de Atucha II a máxima potencia, junto con Atucha I y Embalse, consolidando la base operativa del sistema nuclear.
Un plan ambicioso con un cuello de botella
El plan nuclear presentado por el presidente Javier Milei en 2024 contempla la privatización parcial de Nucleoeléctrica Argentina, manteniendo el control estatal, con el objetivo de atraer recursos para la extensión de vida útil de los reactores y nuevas inversiones. En paralelo, se creó YPF Nuclear, enfocada en la exploración y producción de uranio, buscando revertir un estancamiento que se arrastra desde fines de los años noventa.
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No obstante, Argentina hoy importa la totalidad del uranio que consume. La clausura del yacimiento Sierra Pintada, en Mendoza, bajo la presión de la Ley 7722, simboliza las tensiones entre política ambiental, licencia social y seguridad energética. La frase clave que recorre el debate es clara: sin minería de uranio, el plan nuclear argentino queda incompleto.
Proyectos en carpeta y desafíos regulatorios
El proyecto Cerro Solo, propiedad de la Comisión Nacional de Energía Atómica, se encuentra en exploración avanzada, aunque condicionado por la restrictiva legislación minera de Chubut. En noviembre de 2025 recibió una visita técnica del Organismo Internacional de Energía Atómica, lo que reactivó expectativas sobre su eventual desarrollo.
En el ámbito privado, Blue Sky Uranium avanza con Amarillo Grande, actualmente en evaluación económica preliminar, mientras Jaguar Uranium impulsa Laguna Salada. Otros proyectos —Don Otto, Quebrada de Alipán, Río Colorado y Meseta Central— continúan en fases tempranas.
El desafío estratégico
Expertos coinciden en que el potencial geológico y el know-how existen. “El uranio es un mineral clave para la transición energética y Argentina tiene experiencia histórica en su ciclo”, señaló Mario Belardinelli, de KPMG Argentina. El reto pasa por modernizar marcos regulatorios, incorporar métodos extractivos innovadores y fortalecer la licencia social con beneficios tangibles para las comunidades.
Solo con ese equilibrio, Argentina podrá cerrar el círculo de su política nuclear y asegurar, de manera soberana, el insumo estratégico que sustenta su ambición energética y tecnológica.









