Industria Minera

AIE proyecta brecha de 25% en cobre para 2035 y Chile enfrenta el desafío de producir más

La AIE advierte que la producción de cobre en Chile podría estar un 25% por debajo de la demanda mundial para 2035, lo que plantea un desafío crítico para el mayor productor del metal.

AIE proyecta brecha de 25% en cobre para 2035 y Chile enfrenta el desafío de producir más
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La estimación compara la futura oferta minera con las necesidades de cobre primario. Cochilco prevé que la producción chilena caiga 2,6% en 2026.

La Agencia Internacional de Energía (AIE) estima que la producción de las minas existentes y los proyectos anunciados podría quedar 25% por debajo de las necesidades mundiales de cobre primario en 2035. La proyección, publicada en julio, volvió esta semana a la discusión en Chile tras un llamado a mejorar el rendimiento de las faenas en operación. Para el mayor productor mundial del metal, el desafío es aumentar la oferta mientras los nuevos proyectos avanzan hacia su puesta en marcha.

Qué significa la brecha proyectada

El 25% corresponde a un escenario de oferta futura, no a un déficit registrado hoy. La AIE compara la producción minera que espera de las operaciones existentes y los proyectos anunciados con el cobre primario que el mundo necesitaría en 2035. Para calcular esa necesidad, descuenta el aporte previsto del reciclaje y considera las pérdidas durante la refinación. El resultado puede variar si cambian la demanda, las fechas de entrada en operación de los proyectos o la oferta de material reciclado.

La estimación también mejoró respecto del informe de 2025: la brecha prevista bajó de alrededor de 30% a 25%, principalmente por el avance de proyectos en la República Democrática del Congo y Zambia. Aun así, la AIE proyecta que el cobre tendrá el mayor crecimiento en volumen entre los minerales que analiza, con unos siete millones de toneladas adicionales de demanda hacia 2040. Las redes eléctricas y las nuevas tecnologías figuran entre los motores de ese aumento.

La perspectiva de largo plazo tampoco debe confundirse con el balance del mercado refinado en los próximos meses. Cochilco proyecta para 2026 un superávit de 225 mil toneladas de cobre refinado, equivalente al 0,8% de la demanda mundial, y otro de 179 mil toneladas para 2027. Son cálculos para años y etapas distintas de la cadena productiva: pueden coexistir excedentes acotados de metal refinado a corto plazo con una insuficiencia de producción minera hacia 2035.

La situación de la producción chilena

Chile enfrenta esa discusión con una perspectiva de menor producción inmediata. En su proyección más reciente, Cochilco calcula que el país producirá 5,27 millones de toneladas de cobre en 2026, un 2,6% menos que en 2025. El organismo atribuye el ajuste, en buena medida, a un primer semestre débil en Codelco, Escondida y Spence, además de restricciones estructurales en otras operaciones. Para 2027 espera una recuperación hasta 5,55 millones de toneladas, apoyada parcialmente en la baja base de comparación de este año.

El resultado importa más allá de las empresas mineras. Según el anuario de Cochilco, el cobre representó el 50,32% del valor de las exportaciones chilenas en 2025. Esa dependencia hace que sostener la producción y la competitividad tenga consecuencias para los ingresos por exportaciones y la recaudación fiscal, aunque la magnitud de esos efectos también dependerá de los precios y los costos.

Aumentar la extracción exige, además, enfrentar condiciones cada vez más demandantes. Cochilco prevé que el consumo eléctrico de la minería del cobre suba de 27,6 TWh en 2025 a 33,2 TWh en 2034: un crecimiento de 20,2%, frente a un alza proyectada de 8,3% en la producción para el mismo período. La diferencia refleja, entre otros factores, el peso del procesamiento del mineral y del uso de agua de mar en las faenas.

La propuesta de mejorar las faenas existentes

Nicolás Orellana, director comercial de X Analytic, empresa que desarrolla soluciones de inteligencia artificial para minería, planteó que Chile debe buscar parte de la respuesta dentro de las operaciones que ya producen. Entre las aplicaciones que menciona están la anticipación de fallas de equipos, el seguimiento de procesos en tiempo real y la detección de pérdidas de eficiencia antes de que afecten la producción. Sus declaraciones no entregan una estimación verificable de cuántas toneladas adicionales permitirían obtener esas herramientas.

La distinción es relevante: reducir detenciones o mejorar la recuperación de cobre puede elevar el rendimiento de una planta, pero la magnitud del efecto depende de cada yacimiento y proceso. La tecnología puede ayudar a aprovechar mejor la capacidad instalada; para cerrar una brecha mundial como la calculada por la AIE también cuentan la ejecución de nuevos proyectos, la reposición de capacidad en minas existentes y el reciclaje.

Qué aporta la comparación con el salitre

Orellana recurrió a la historia del salitre para advertir sobre el costo de adoptar tarde nuevas tecnologías. La comparación apunta a la pérdida de una posición dominante en un mercado estratégico, pero los antecedentes históricos son más amplios que una sola innovación: la industria salitrera enfrentó la competencia de fertilizantes artificiales y el cierre de mercados agrícolas europeos durante la Primera Guerra Mundial.

En el cobre, la advertencia del ejecutivo se refiere a la competitividad de Chile frente a otros productores. La proyección de la AIE no anticipa una caída de la demanda del metal; plantea que la oferta de los proyectos considerados podría resultar insuficiente para atenderla. Los próximos años mostrarán cuánto pueden aportar las mejoras operacionales chilenas y qué proyectos logran entrar en producción a tiempo para responder a ese crecimiento.