
Los centros de datos en Nevada operan día y noche para sostener servicios que el usuario da por sentados: streaming, nube, banca, mensajería y ahora también cargas intensivas de inteligencia artificial. En el corredor industrial de Tahoe Reno, por ejemplo, Switch describe un campus planificado para hasta 650 MW de potencia y 7,2 millones de pies cuadrados de superficie de data center, una escala propia de infraestructura eléctrica mayor y no de “bodegas con servidores” como todavía se imagina parte del público.
Qué es un centro de datos y por qué importa su ubicación
Un centro de datos es una instalación que concentra servidores, almacenamiento y equipos de red para procesar, resguardar y distribuir información. No es una metáfora: cada video reproducido, archivo subido, consulta en la nube o modelo de IA ejecutado se apoya en hardware físico que requiere energía continua, conectividad y control térmico.
La elección del desierto responde a una lógica industrial: disponibilidad de suelo para campus grandes, acceso a red eléctrica y cercanía a corredores de fibra. En Nevada, esa concentración ya es visible en la expansión del eje Tahoe Reno Industrial Center, donde el negocio dejó de ser periférico y pasó a competir por capacidad eléctrica como cualquier industria intensiva.
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Energía 24/7: cuando la nube se mide en megavatios
La discusión energética no es un detalle: es el corazón del modelo. El Departamento de Energía de Estados Unidos estima que los centros de datos consumieron alrededor del 4,4% de la electricidad total del país en 2023 y proyecta que podrían llegar a 6,7%–12% hacia 2028, con un salto desde 176 TWh en 2023 a un rango estimado de 325–580 TWh en 2028, según el reporte difundido por la autoridad federal.
En Nevada, el peso relativo también se está moviendo rápido. Un fact brief de The Nevada Independent, citando análisis del Electric Power Research Institute (EPRI), sostiene que los centros de datos representaron 8,69% de la electricidad consumida en el estado en 2023, con una proyección de 20% hacia 2030, en un contexto donde ya operan actores como Tesla y Google, y donde se anuncian nuevas expansiones de infraestructura.
Claves operativas que explican la magnitud del consumo:
Carga constante: la demanda no es estacional como en otras actividades; es continua.
Redundancia: respaldo eléctrico, UPS y generación de emergencia elevan la infraestructura instalada.
Crecimiento por densidad: más cómputo por metro cuadrado incrementa la potencia por sala.
Refrigeración: el costo invisible detrás del rendimiento
Los servidores generan calor de forma permanente. Mientras más densa es la computación —y más crítica la disponibilidad— mayor es el desafío térmico. En zonas áridas, la discusión se cruza con el tipo de enfriamiento elegido y con el uso de agua en tecnologías específicas (por ejemplo, sistemas evaporativos o híbridos), además del consumo eléctrico asociado a la climatización.
En la práctica, el control térmico define parte del CAPEX, de la huella ambiental y del diseño de continuidad operativa. Por eso, una parte relevante de la innovación de data centers se está moviendo hacia eficiencia energética, arquitectura de salas y técnicas de enfriamiento con menor penalización hídrica.
Streaming, nube e IA: la nueva ola que presiona la red
La demanda ya no la empuja solo el video y la nube corporativa. El ciclo actual incorpora cargas de IA con necesidades de cómputo sostenidas y, en muchos casos, hardware especializado. En Nevada, el mismo reporte local que cita el peso de 2023 también menciona nuevas inversiones y ampliaciones: Switch habla de “AI factories” en construcción, y se consignan desembolsos relevantes de operadores para desplegar data centers de gran escala.
A nivel país, el propio Departamento de Energía vincula el repunte proyectado con la expansión de centros de datos y el avance de aplicaciones de inteligencia artificial, además de otros factores de electrificación industrial.
Por qué el tema también se sigue desde Chile: inversión, permisos y suministro eléctrico
La discusión no es ajena al mercado local. En Chile, Equinix reportó US$1.000 millones acumulados en inversión y cuatro centros de datos consolidados, con una agenda donde los plazos regulatorios y la competitividad de permisos pasan a ser parte del costo del proyecto.
Ese contexto se cruza con variables que en minería y energía ya son conocidas:
Disponibilidad de renovables: el Coordinador Eléctrico Nacional reportó que la solar llegó al 30,7% de la capacidad instalada del sistema a diciembre de 2024, un dato que se vuelve relevante cuando industrias intensivas buscan contratos de largo plazo y metas de sostenibilidad.
Flexibilidad del sistema: proyectos de almacenamiento con baterías se posicionan como infraestructura para estabilizar inyección y gestionar picos, una discusión que se acelera con nuevas cargas eléctricas.
Agua como restricción estructural: la experiencia minera en gestión hídrica —incluida la expansión de la desalinización— aparece como antecedente técnico cuando el debate incorpora consumos no tradicionales y estrés hídrico.
Infraestructura crítica: resiliencia, seguridad y continuidad operativa
Los grandes centros de datos funcionan como infraestructura crítica por su rol en servicios esenciales. En la práctica incorporan:
Energía redundante y respaldo.
Operación 24/7 con monitoreo y seguridad física.
Conectividad múltiple y rutas alternativas de fibra.
Protocolos de continuidad y recuperación ante fallas.
Ese estándar se vuelve más exigente a medida que aumentan las cargas críticas (finanzas, gobierno, salud, comercio y plataformas globales) y la dependencia de la economía digital de disponibilidad permanente.












