
El deshielo de la Antártida podría estar entrando en una fase de pérdidas difíciles de revertir en zonas clave. Un estudio publicado en Nature Climate Change modeló la respuesta de 18 cuencas de drenaje del continente y concluyó que existe un primer umbral —potencialmente tan bajo como 1–2 °C sobre niveles preindustriales— capaz de detonar el colapso de largo plazo de ~40% del volumen de hielo marino en la Antártida Occidental. En paralelo, identifica regiones de la Antártida Oriental con capacidad de aportar varios metros al nivel del mar bajo calentamientos sostenidos mayores.
Un mapa de 18 cuencas y un comportamiento que no es uniforme
La investigación modela el manto de hielo antártico como un conjunto de sistemas regionales. Su punto central es que no existe un único “punto de inflexión” para todo el continente: cada cuenca tiene umbrales y dinámicas distintas, y el sistema puede mostrar respuestas graduales o saltos abruptos dependiendo de la topografía y del clima.
Para estimar esos límites, los autores simularon 18 cuencas con el Parallel Ice Sheet Model (PISM), elevando progresivamente la temperatura media global y dejando que el sistema alcanzara un estado de equilibrio en cada escalón. Con ese enfoque se identifican respuestas no lineales, “escalones” y picos de pérdida de hielo bajo ciertos rangos térmicos.
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Antártida Occidental: Amundsen y Ronne aparecen con los umbrales más bajos
El estudio ubica en la Antártida Occidental los sectores más sensibles por su configuración marina (hielo apoyado sobre roca bajo el nivel del mar en varias zonas). En particular, apunta a:
Cuenca del mar de Amundsen (incluye Thwaites y Pine Island): el trabajo reporta un umbral crítico por debajo de +1 °C sobre niveles preindustriales. En una simulación de equilibrio a +1 °C, esta cuenca queda comprometida con la pérdida de ~70% del volumen relevante para el nivel del mar, equivalente a ~0,9 metros de aporte global a largo plazo.
Cuenca de Ronne: aparece entre las de menor umbral, junto a otros sectores occidentales cercanos al límite crítico con calentamientos relativamente bajos.
En el comunicado del Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático, la investigadora Ricarda Winkelmann resumió el hallazgo en estos términos: “No es un único umbral el que hay que vigilar en la Antártida: es una secuencia”. En el mismo texto, advierte que cruzar un punto de inflexión no implica colapso inmediato, sino un proceso que puede desplegarse en siglos, aunque “puede que el proceso ya se haya puesto en marcha” en partes de la Antártida Occidental, considerando el calentamiento global actual de ~1,3 °C.
En contexto, puede revisarse un análisis previo sobre la diferencia en el deshielo entre la Antártida Occidental y Oriental, que aborda por qué ambas zonas no responden igual a los forzantes climáticos.
Histéresis: cuando bajar la temperatura no “deshace” lo ocurrido
El artículo describe comportamiento de histéresis en el manto de hielo: una vez superados ciertos umbrales, el sistema puede quedar en una trayectoria donde no recupera su volumen inicial aunque la temperatura global vuelva a descender. En ese marco, el estudio menciona que la Antártida Occidental probablemente no volvería a su extensión moderna salvo que las temperaturas fueran al menos 1 °C más bajas que las preindustriales, lo que ilustra la naturaleza práctica de la irreversibilidad en escalas de siglos a milenios.
Antártida Oriental: hasta 5 metros de potencial en juego con 2–5 °C
Además de la Antártida Occidental, el estudio subraya que sectores marinos de la Antártida Oriental —con un potencial agregado de ~5 metros de aumento del nivel del mar— podrían perder estabilidad con calentamientos sostenidos de 2–5 °C sobre niveles preindustriales.
Entre los ejemplos modelados destaca la cuenca Cook/Ninnis/Mertz (asociada al sistema Wilkes), donde el riesgo de pérdidas marcadas aparece con 2–3 °C: el trabajo reporta que podría perder ~40% de su volumen, con un compromiso de ~1,2 metros de aumento del nivel del mar a largo plazo.
En el mismo comunicado, el coautor Julius Garbe remarcó que “no es solo la Antártida Occidental”: la masa de hielo oriental es lo bastante grande como para aportar diez veces más al aumento del nivel del mar que su contraparte occidental, y citó que regiones como Wilkes aumentan su exposición al riesgo en el rango de 2–5 °C.
Qué recomiendan monitorear y qué plantean sobre emisiones
El estudio enfatiza el monitoreo de las cuencas con umbrales más bajos, en especial los sectores occidentales vinculados a Thwaites y Pine Island. En el comunicado institucional, Winkelmann plantea que reducir rápidamente las emisiones de gases de efecto invernadero es “imperativo” para evitar una mayor desestabilización de cuencas de hielo, dado que parte del riesgo se define por qué umbrales se cruzan y cuánto tiempo se sostiene el calentamiento.
En paralelo a la discusión antártica, para el caso chileno existe literatura y seguimiento local sobre pérdida de masa glaciar en cordillera; un ejemplo es el reporte sobre retroceso de glaciares en los Andes centrales asociado a contaminación por carbón negro, que muestra cómo distintos mecanismos pueden acelerar o modular la pérdida de hielo en sistemas diferentes.








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