
Un estudio de Cochilco revela que la energía utilizada para desalinizar y transportar agua de mar aumentó de 2,2 a 12,4 petajoules entre 2015 y 2025. El bombeo hacia faenas ubicadas a gran altura concentra el 83% de ese consumo y plantea nuevos desafíos para la infraestructura eléctrica, la eficiencia operacional y los proveedores mineros.
El transporte de agua de mar hacia las operaciones mineras se ha convertido en uno de los procesos de mayor crecimiento energético de la industria del cobre en Chile. La Comisión Chilena del Cobre (Cochilco) confirmó que el consumo asociado a la desalinización e impulsión de este recurso se multiplicó por 5,6 entre 2015 y 2025, pasando de 2,2 a 12,4 petajoules (PJ). El incremento responde a la expansión del uso de agua marina para abastecer faenas situadas a cientos de kilómetros de la costa y, en numerosos casos, a miles de metros sobre el nivel del mar.
Los resultados forman parte del informe “Consumo de energía en la minería del cobre. Actualización al año 2025”, publicado en octubre de 2026, que analiza la evolución de la demanda energética de las operaciones cupríferas nacionales.
El hallazgo revela un desafío para la minería chilena: reducir la dependencia de fuentes de agua continentales requiere desarrollar sistemas de captación, tratamiento y transporte que consumen cantidades crecientes de electricidad.
El bombeo consume casi cinco veces más energía que la desalinización
Una de las principales conclusiones del estudio es que el mayor consumo energético asociado al agua de mar no proviene de su tratamiento, sino de su transporte hasta las instalaciones mineras.
En 2025, los 12,4 PJ de energía utilizados para el suministro de agua marina se distribuyeron de la siguiente manera:
- 10,3 PJ en impulsión: energía utilizada principalmente para bombear el agua hacia las faenas.
- 2,1 PJ en desalinización: electricidad requerida para remover sales y acondicionar el recurso mediante procesos de tratamiento.
De esta forma, la impulsión representó aproximadamente el 83% del consumo energético asociado al uso de agua de mar, mientras que la desalinización concentró el 17% restante.
El estudio también estableció que la energía utilizada específicamente para impulsar agua aumentó 4,8 veces durante la década.
Esta diferencia es relevante porque habitualmente la atención sobre los costos energéticos del abastecimiento hídrico se concentra en las plantas desalinizadoras. Sin embargo, en la minería chilena, la geografía puede convertir el transporte en una exigencia energética considerablemente mayor.
El consumo total de ambos procesos en 2025 equivale aproximadamente a 3,4 teravatios-hora (TWh) de electricidad, una magnitud que refleja la importancia que ha adquirido el suministro hídrico dentro de la demanda eléctrica minera.
Por qué subir agua desde la costa requiere tanta electricidad
Las principales operaciones de cobre del norte de Chile se encuentran en zonas desérticas y cordilleranas, alejadas del océano Pacífico.
Para abastecer estas instalaciones, las compañías deben construir sistemas que pueden incluir captaciones marítimas, plantas desalinizadoras, estaciones de bombeo, subestaciones eléctricas, tuberías de gran diámetro y estanques de almacenamiento.
El principal desafío físico es superar la diferencia de altura entre el nivel del mar y las plantas de procesamiento.
Para impulsar agua hacia una faena elevada se necesita generar presión suficiente para vencer la gravedad. A esta exigencia se suman las pérdidas de carga producidas por la fricción del agua contra las paredes de las tuberías, los accesorios hidráulicos y las condiciones de operación.
Mientras mayor sea el caudal transportado y la altura que debe superar el sistema, mayor será generalmente la energía requerida.
La distancia también influye, debido a que los acueductos extensos presentan pérdidas hidráulicas que deben compensarse mediante equipos de bombeo y una adecuada selección de tuberías.
Esto explica por qué el diseño de los sistemas de impulsión se ha transformado en un componente relevante para la planificación energética de nuevos proyectos mineros.
De siete a quince operaciones abastecidas con agua de mar
La expansión de la infraestructura hídrica permite dimensionar el crecimiento registrado por Cochilco.
En 2015, solamente siete operaciones mineras utilizaban agua de mar. Para 2020, la cifra había aumentado a nueve y, en 2025, llegó a quince.
De estas quince operaciones, once cuentan con sistemas de desalinización, mientras que otras utilizan modalidades de abastecimiento que pueden considerar agua marina sin desalar.
El informe establece que aproximadamente el 73% de las operaciones que emplean agua de mar se concentra en las regiones de Antofagasta y Atacama, territorios que reúnen importantes yacimientos de cobre y enfrentan restricciones de disponibilidad hídrica.
Durante la década, el volumen de agua marina utilizado por la industria aumentó 3,6 veces.
El crecimiento del consumo energético fue proporcionalmente mayor, lo que refleja que la demanda eléctrica no depende exclusivamente del volumen transportado. También intervienen factores como la configuración de los sistemas, los desniveles geográficos y la infraestructura utilizada.
La creciente incorporación de agua de mar responde tanto a la necesidad de asegurar el suministro operacional como a los esfuerzos por disminuir la extracción desde fuentes continentales.
Cochilco proyecta otros 5,4 TWh de consumo eléctrico hacia 2034
La tendencia podría continuar durante los próximos años.
En su informe de proyección de consumo eléctrico para el período 2025-2034, Cochilco estima que la electricidad destinada conjuntamente a desalinización e impulsión de agua de mar aumentaría aproximadamente 60%, desde 3,4 TWh en 2025 hasta 5,4 TWh en 2034.
Para ese último año, la impulsión concentraría el 81,7% del consumo eléctrico asociado al abastecimiento marino.
Si se materializa el escenario proyectado, el uso de agua de mar se convertiría en el segundo proceso de mayor consumo eléctrico de la minería del cobre, después de las plantas concentradoras, representando alrededor del 16,2% de la demanda eléctrica sectorial.
Estas cifras corresponden a estimaciones basadas en la evolución esperada de las operaciones y los proyectos mineros. Su cumplimiento dependerá de la ejecución efectiva de las inversiones consideradas.
El crecimiento también deberá abordarse dentro de un contexto energético más amplio. En 2025, la minería chilena del cobre consumió 210,6 PJ de energía, un 27,3% más que en 2015, mientras que la producción disminuyó desde 5,77 hasta 5,39 millones de toneladas de cobre fino.
La diferencia refleja que las operaciones deben movilizar y procesar mayores cantidades de material para mantener niveles de producción relativamente similares.
Nuevas exigencias para la infraestructura y los proveedores mineros
El incremento de la demanda eléctrica asociada al transporte de agua abre un campo de desarrollo tecnológico para empresas proveedoras de equipos, ingeniería y servicios especializados.
Entre las soluciones que adquieren relevancia se encuentran las bombas de alta presión y eficiencia, motores eléctricos industriales, variadores de frecuencia, sistemas de automatización, instrumentación hidráulica y plataformas de monitoreo energético.
También resulta importante el diseño y mantenimiento de acueductos, estaciones de impulsión, subestaciones eléctricas y sistemas de protección frente a fenómenos como golpes de ariete, corrosión y desgaste de componentes.
En materia de eficiencia, una oportunidad consiste en optimizar los puntos de operación de las bombas, disminuir pérdidas de presión y ajustar el funcionamiento de los equipos a las necesidades reales de suministro.
La digitalización puede contribuir mediante sistemas de monitoreo continuo, análisis de vibraciones, control de presiones y mantenimiento predictivo, herramientas que permiten identificar desviaciones operacionales antes de que provoquen fallas.
Estas áreas representan oportunidades tecnológicas y comerciales potenciales para los proveedores, pero el informe de Cochilco no constituye un anuncio de licitaciones ni establece contratos o inversiones específicas para su implementación.
El desafío de asegurar electricidad para el agua
La expansión del abastecimiento marino también obliga a considerar la confiabilidad del suministro eléctrico.
Una interrupción prolongada de los sistemas de impulsión puede comprometer la disponibilidad de agua para procesos industriales, especialmente en operaciones que dependen de fuentes ubicadas a grandes distancias.
Por ello, el diseño debe contemplar aspectos como continuidad operacional, respaldo eléctrico, almacenamiento de agua, mantenimiento preventivo y capacidad de respuesta ante contingencias.
La incorporación de electricidad renovable constituye otro elemento relevante. Cochilco identificó que en 2025 el 80,1% de la electricidad consumida por la minería del cobre estaba acreditada mediante contratos como de origen renovable.
Aunque esto contribuye a reducir las emisiones indirectas asociadas al suministro eléctrico, no elimina la necesidad de optimizar el consumo de energía de los sistemas hidráulicos.
El desafío consiste en combinar una matriz eléctrica de menores emisiones con infraestructura capaz de transportar mayores volúmenes de agua utilizando la menor cantidad de energía técnicamente posible.
El agua y la energía se convierten en desafíos inseparables
Los antecedentes de Cochilco muestran que el abastecimiento de agua de mar ya no puede analizarse exclusivamente como una solución hídrica.
Su implementación exige inversiones en infraestructura, disponibilidad de electricidad, tecnologías de bombeo y sistemas de control que deben funcionar de manera coordinada durante toda la vida útil de una operación minera.
La experiencia de 2015 a 2025 confirma la magnitud de esa relación: mientras el número de faenas que utilizan agua marina pasó de siete a quince, el consumo energético del proceso aumentó más de cinco veces.
Hacia 2034, la expansión prevista del abastecimiento marino podría incrementar todavía más su participación en la matriz eléctrica minera.
Para las compañías, el desafío será garantizar agua suficiente sin elevar innecesariamente los costos energéticos. Para los proveedores, estará en desarrollar soluciones que mejoren la eficiencia, confiabilidad y mantenimiento de una infraestructura que adquiere cada vez mayor importancia para la continuidad de la minería del cobre en Chile.






