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Industria Minera

Más cobre, ¿a qué costo? Chile movió 3.454 millones de toneladas de material en sus rajos durante 2025

La minería chilena enfrenta crecientes desafíos operacionales al mover más de 3.454 millones de toneladas de material en 2025, lo que eleva los costos de producción de cobre.

Más cobre, ¿a qué costo? Chile movió 3.454 millones de toneladas de material en sus rajos durante 2025
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La disminución de las leyes, la profundización de los yacimientos y el aumento del movimiento de roca están elevando las exigencias operacionales de la minería chilena. Producir más cobre no necesariamente significa producirlo con mayor eficiencia.

Por Cristian Recabarren Ortiz | Ingeniero en Minas, Editor y Fundador de REDIMIN

Chile busca recuperar su crecimiento productivo y aumentar la extracción de cobre durante las próximas décadas. Sin embargo, existe una variable que debería ocupar un lugar mucho más relevante en esta discusión: ¿cuántas toneladas de roca debemos extraer, transportar y procesar para obtener cada tonelada adicional de cobre fino?

La respuesta comienza a revelar uno de los principales desafíos estructurales de nuestra minería. Los yacimientos envejecen, las leyes disminuyen, los rajos se profundizan y las distancias de transporte aumentan. En este escenario, mantener o incrementar la producción puede exigir un esfuerzo operacional considerablemente mayor.

Una minera puede aumentar sus toneladas procesadas y, al mismo tiempo, deteriorar su productividad por tonelada de cobre recuperado. Es una diferencia fundamental que no siempre queda reflejada cuando evaluamos el desempeño de la industria únicamente mediante sus cifras de producción.

Chile mueve miles de millones de toneladas para sostener su producción

El informe de consumo energético de la minería del cobre 2025 de Cochilco entrega cifras especialmente reveladoras sobre el esfuerzo físico que requiere nuestra actividad minera.

Durante 2025, las operaciones de cobre a rajo abierto registraron un movimiento total de 3.453,7 millones de toneladas de material, desglosado de la siguiente manera:

  • 1.831,4 millones de toneladas de lastre.
  • 787,5 millones de toneladas de mineral sulfurado.
  • 337,9 millones de toneladas de mineral oxidado.
  • Aproximadamente 496,9 millones de toneladas correspondientes a remanejos y otros movimientos.

Esto significa que, por cada tonelada de mineral extraído en los rajos, se removieron aproximadamente 1,63 toneladas de lastre, considerando los volúmenes agregados de extracción de 2025. No es una relación estéril-mineral aplicable individualmente a todas las faenas.

01 movimiento material 2025

En paralelo, Chile produjo 5,388 millones de toneladas de cobre fino durante el año. Esta última cifra corresponde a la producción nacional, que también incluye minería subterránea, por lo que no debe utilizarse directamente como denominador del movimiento exclusivo de los rajos.

La dimensión de estos volúmenes permite comprender por qué pequeñas variaciones en productividad, consumo de combustible, disponibilidad de equipos o distancias de transporte pueden representar diferencias económicas significativas.

Menores leyes: cada tonelada de cobre requiere procesar más mineral

La disminución de las leyes constituye probablemente la presión estructural más importante sobre el procesamiento.

Las estadísticas de Cochilco muestran que la ley promedio ponderada del mineral procesado en Chile cayó desde 1,29% en 2000 hasta 0,58% en 2025.

02 ley y toneladas requeridas

Las implicancias físicas son evidentes.

Considerando únicamente el cobre contenido, sin incorporar las pérdidas de recuperación metalúrgica:

  • Con una ley de 1,29%, se necesitan aproximadamente 77,5 toneladas de mineral para contener una tonelada de cobre.
  • Con una ley de 0,58%, se necesitan aproximadamente 172,4 toneladas de mineral para contener esa misma tonelada.

Es decir, más del doble de mineral para obtener la misma cantidad de cobre contenido, bajo una comparación simplificada que no contempla diferencias de recuperación, mineralogía ni métodos de tratamiento.

Este ejercicio no significa que todas las faenas chilenas hayan duplicado su movimiento de material, pero permite visualizar el efecto directo de la disminución de las leyes.

Cuando a esta condición se suman mayores distancias de transporte, roca más competente, relaciones estéril-mineral desfavorables o menores recuperaciones, la exigencia económica puede aumentar considerablemente.

La energía confirma que producir cobre exige cada vez más esfuerzo

La evolución del consumo energético entrega otra señal.

Entre 2015 y 2025, la minería chilena del cobre incrementó su consumo de energía en 27,3%, alcanzando 210,6 petajoules anuales. Durante el mismo período, la producción disminuyó desde aproximadamente 5,77 a 5,39 millones de toneladas de cobre fino.

03 intensidad energetica 2015 2025

En términos agregados, esto representa un aumento cercano al 36% en la energía consumida por tonelada de cobre producida, calculado a partir de las cifras redondeadas.

El transporte de material constituye uno de los principales factores. La minería a rajo abierto concentró el 44% del consumo energético sectorial en 2025 y utilizó predominantemente combustibles.

A ello se suman mayores exigencias de molienda, bombeo de agua, impulsión de agua de mar y mantenimiento de infraestructura.

No sería correcto atribuir todo este crecimiento energético a ineficiencias de gestión. La mayor participación de minerales sulfurados y los cambios en las condiciones físicas de las minas también modifican las necesidades energéticas.

Pero desde una perspectiva de competitividad, el problema permanece: necesitamos destinar más energía para sostener volúmenes de cobre relativamente similares.

¿Cuánto está costando realmente mover más roca?

Determinar un costo nacional por tonelada de material removido requiere información operacional que no está disponible de manera homogénea para todas las faenas.

El costo depende de la profundidad del rajo, distancia y pendiente de transporte, productividad de los equipos, consumo de diésel, características de la roca, mantenimiento y utilización de flota, entre otras variables.

04 puente cash cost 2024 2025

Sin embargo, podemos dimensionar la sensibilidad económica del problema.

Si aplicamos un incremento hipotético de apenas US$0,10 por tonelada movida sobre los 3.453,7 millones de toneladas registrados en los rajos durante 2025, el impacto aritmético sería de aproximadamente US$345 millones anuales.

No se trata de un sobrecosto efectivamente observado, sino de un ejercicio de sensibilidad que demuestra la importancia de controlar el costo unitario de movimiento de material.

Por otra parte, el Observatorio de Costos 2025 de Cochilco registró un cash cost C1 promedio de 180,8 centavos de dólar por libra en una muestra de 21 operaciones, frente a 186,6 centavos en 2024.

A primera vista, esta disminución podría interpretarse como una mejora generalizada de eficiencia. No obstante, el resultado estuvo favorecido por mayores créditos de subproductos y menores cargos de tratamiento y refinación, factores que compensaron incrementos en costos operacionales de las faenas.

Esto demuestra que un menor cash cost no necesariamente significa que extraer y procesar mineral se haya vuelto físicamente más eficiente.

Además, el C1 no representa el costo económico total de desarrollar, sostener y reponer la capacidad productiva de una operación.

La profundización de los yacimientos agrega otra presión

La geometría de explotación modifica sustancialmente la economía de una mina a medida que avanza su desarrollo.

En determinados rajos maduros, alcanzar nuevas fases mineralizadas puede requerir mayores volúmenes de prestripping, profundización de bancos, ampliación de accesos y recorridos de transporte más extensos.

05 sensibilidad costo movimiento

Esto tiene consecuencias sobre tiempos de ciclo, requerimientos de camiones, consumo de neumáticos, mantenimiento y exposición a condiciones geotécnicas más complejas.

En minería subterránea, la profundización también puede incrementar las exigencias de ventilación, bombeo, sostenimiento y transporte vertical.

Por ello, no basta con comparar una mina de hoy con su producción histórica. Es necesario evaluar cuánto capital, energía y trabajo adicional está requiriendo para entregar la misma tonelada de cobre fino.

El indicador que debería ganar protagonismo: toneladas de material movido por tonelada de cobre recuperado

Considero que la discusión sobre productividad minera en Chile debería incorporar con mayor fuerza indicadores capaces de reflejar el esfuerzo operacional completo.

Además de la producción de cobre fino, una operación debería seguir sistemáticamente:

  • Toneladas totales movidas por tonelada de cobre recuperado.
  • Relación estéril-mineral y su evolución según fase minera.
  • Costo de extracción y procesamiento por tonelada de cobre fino.
  • Energía consumida por tonelada de cobre recuperado.
  • Distancia equivalente de transporte y tiempos de ciclo.
  • Recuperación metalúrgica, dilución y pérdidas de mineral.
  • Capital de sostenimiento requerido por tonelada de producción.

Estos indicadores permitirían identificar situaciones donde un aumento de toneladas extraídas o tratadas termina generando beneficios marginales cada vez menores.

La planificación minera, la clasificación y preconcentración de mineral, la optimización geometalúrgica y nuevas alternativas de transporte pueden contribuir a controlar este deterioro.

Pero también debemos aceptar que existen restricciones geológicas y económicas que ninguna optimización operacional puede eliminar completamente.

Producir más cobre no debería ser nuestro único objetivo

Chile necesita aumentar su producción de cobre, pero esa aspiración no puede separarse de una pregunta mucho más importante: ¿a qué costo incremental lo conseguiremos?

Un proyecto que agrega producción mediante mayores capacidades de chancado, molienda y transporte puede ser económicamente atractivo, especialmente en escenarios de precios elevados. Sin embargo, también puede incrementar considerablemente sus necesidades de capital, energía y mantenimiento.

Por eso, el éxito de una expansión no debería medirse únicamente por las toneladas adicionales de cobre producidas, sino por el valor económico que esas toneladas generan después de considerar sus costos y riesgos.

Esto refuerza además la necesidad de recuperar la exploración greenfield para incorporar nuevos recursos con condiciones geológicas y económicas competitivas, sin asumir que un descubrimiento nuevo tendrá necesariamente mayor ley o menores costos.

La minería chilena dispone de capacidades técnicas extraordinarias, pero debemos evitar que nuestra estrategia de crecimiento termine dependiendo exclusivamente de mover y procesar cantidades cada vez mayores de roca para recuperar volúmenes relativamente similares de metal.

La pregunta que debería orientar nuestras próximas inversiones no es solamente cuánto más cobre podemos producir, sino cuánta roca, energía y capital necesitamos para producir cada tonelada adicional. Esa relación será determinante para la competitividad futura de Chile.

REDIMIN Responde

¿Cuánto material movió la minería chilena a rajo abierto en 2025?

En 2025, las operaciones de cobre a rajo abierto en Chile registraron un movimiento total de 3.453,7 millones de toneladas de material.

¿Cuál fue la producción de cobre fino en Chile durante 2025?

Chile produjo 5.388 millones de toneladas de cobre fino durante 2025.

¿Cómo ha cambiado la ley promedio del mineral procesado en Chile desde 2000 hasta 2025?

La ley promedio ponderada del mineral procesado en Chile cayó desde 1,29% en 2000 hasta 0,58% en 2025.

¿Cuál fue el incremento en el consumo energético de la minería chilena del cobre entre 2015 y 2025?

Entre 2015 y 2025, la minería chilena del cobre incrementó su consumo de energía en 27,3%, alcanzando 210,6 petajoules anuales.

¿Cuál fue el cash cost C1 promedio registrado por Cochilco en 2025?

El cash cost C1 promedio registrado por Cochilco en 2025 fue de 180,8 centavos de dólar por libra.