
El metal superó los US$4.250 por onza ante la caída de los rendimientos del Tesoro estadounidense y nuevas señales diplomáticas sobre Irán. El mercado mantiene la atención en los datos laborales de Estados Unidos y su impacto sobre las tasas de interés.
El precio del oro registró este miércoles una de sus mayores alzas de 2026 y alcanzó su nivel más alto en casi siete semanas, apoyado por la caída de los rendimientos de los bonos del Tesoro de Estados Unidos, un dólar debilitado y expectativas de avances diplomáticos que reduzcan las tensiones en Medio Oriente.
El oro al contado avanzó 4,4%, hasta US$4.256,85 por onza, después de tocar un máximo intradía de US$4.258,99. Los futuros estadounidenses, en tanto, subieron 4% y se ubicaron en US$4.317,40 por onza.
El movimiento amplió las ganancias acumuladas durante las últimas sesiones y mostró un cambio significativo respecto de las primeras operaciones del día, cuando el metal avanzaba de manera acotada mientras los inversionistas esperaban nuevos indicadores del mercado laboral estadounidense.
La combinación de menores tasas de mercado y un retroceso del dólar volvió a favorecer al oro, un activo que no entrega intereses y que suele ganar atractivo cuando disminuye el rendimiento de los instrumentos de deuda.
Bonos, dólar y expectativas de tasas
Uno de los principales factores detrás del repunte fue la moderación de los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense. La tasa de referencia a diez años se mantuvo por debajo de los máximos observados a fines de julio, reduciendo el costo de oportunidad de mantener posiciones en metales preciosos.
Un dólar menos fortalecido también mejoró las condiciones para los compradores internacionales. Como el oro se transa globalmente en moneda estadounidense, una depreciación del billete verde reduce su precio relativo para inversionistas que operan con otras divisas.
El mercado intenta determinar ahora si la Reserva Federal deberá mantener una política monetaria restrictiva o incluso elevar nuevamente las tasas para contener las presiones inflacionarias. Esa discusión ha condicionado el desempeño del oro durante buena parte del año.
Tasas más elevadas suelen afectar negativamente al metal, porque aumentan el retorno de los bonos y otros activos financieros. Por el contrario, señales de desaceleración económica, menores presiones de precios o un debilitamiento del empleo tienden a respaldar las cotizaciones.
Los inversionistas esperan los próximos antecedentes laborales de Estados Unidos, incluidos los registros de contratación privada y el informe oficial de empleo no agrícola. Las cifras serán relevantes para medir la fortaleza de la economía y anticipar las decisiones que podría adoptar la Reserva Federal en sus siguientes reuniones.
Distensión geopolítica cambia el mapa del mercado
La evolución de las conversaciones entre Estados Unidos e Irán también pasó a ocupar un lugar central en las operaciones. Las expectativas de un entendimiento que permita reducir las tensiones y normalizar parcialmente el tránsito energético por el estrecho de Ormuz provocaron movimientos simultáneos en los mercados de petróleo, bonos y metales.
Aunque una reducción del riesgo geopolítico suele disminuir la demanda de oro como refugio, en esta jornada predominó otro efecto: la posibilidad de una normalización de los flujos petroleros ayudó a reducir las expectativas inflacionarias y presionó a la baja los rendimientos de los bonos estadounidenses.
Ese escenario terminó favoreciendo al oro, pese a que la percepción de riesgo global disminuyó durante parte de la sesión.
El comportamiento refleja la complejidad que ha adquirido el mercado de metales preciosos. La cotización ya no responde únicamente a la búsqueda tradicional de activos defensivos, sino también al efecto que el petróleo, la inflación y las tasas de interés ejercen sobre la política monetaria estadounidense.
Una caída persistente de los precios energéticos podría reducir las presiones sobre los costos de transporte, producción industrial y generación eléctrica. A su vez, una menor inflación entregaría más espacio a la Reserva Federal para evitar nuevas alzas de tasas, una condición generalmente positiva para el oro.
El oro todavía opera bajo su récord de enero
Pese al fuerte incremento diario, el metal continúa por debajo de los máximos alcanzados a comienzos de 2026. El oro llegó a superar los US$5.500 por onza en enero, antes de entrar en una fase de corrección marcada por ventas de inversionistas, mayores expectativas de tasas y ajustes en las posiciones de fondos financieros.
Desde ese máximo, la cotización ha experimentado una elevada volatilidad. El mercado también enfrentó salidas desde fondos respaldados por oro y una moderación temporal de las compras realizadas por bancos centrales.
La recuperación sobre los US$4.250 por onza mejora el escenario técnico de corto plazo, pero aún no confirma un retorno hacia los máximos históricos. Para sostener el avance, el mercado necesitaría señales más claras de menores tasas, debilidad del dólar o una reactivación estructural de la demanda de inversión.
La evolución de los fondos cotizados, las adquisiciones de bancos centrales y la demanda física de Asia seguirá siendo determinante. Estos componentes han permitido compensar parcialmente las liquidaciones financieras observadas durante los episodios de mayor volatilidad.
Plata también sube con fuerza
El avance se extendió al resto del complejo de metales preciosos. La plata aumentó cerca de 4,9%, beneficiada tanto por el impulso financiero del oro como por sus perspectivas de utilización industrial.
A diferencia del oro, una proporción significativa de la demanda de plata proviene de actividades manufactureras, sistemas fotovoltaicos, electrónica y tecnologías vinculadas con la electrificación. Por esa razón, su precio combina factores monetarios con expectativas sobre producción industrial y transición energética.
El palladio avanzó alrededor de 1,6%, mientras el platino mostró un comportamiento más estable. Ambos metales continúan expuestos a las perspectivas de la industria automotriz, la fabricación de catalizadores y las restricciones de oferta en los principales países productores.
La reacción simultánea de los metales mostró que el repunte no estuvo limitado a una operación defensiva puntual. La caída de los rendimientos estadounidenses impulsó una revalorización más amplia de activos sin retorno financiero directo.
Qué observará la industria minera
Para las compañías productoras de oro, una cotización sobre los US$4.000 por onza mantiene márgenes potencialmente elevados, aunque los resultados dependerán de la evolución de los costos operacionales, la energía, los salarios, las leyes minerales y los gastos de desarrollo.
Un precio sostenido en niveles altos puede mejorar la valorización de proyectos, incentivar campañas de exploración y facilitar el acceso a financiamiento. También podría reactivar iniciativas postergadas por razones económicas, especialmente depósitos de menor ley o proyectos con mayores requerimientos de capital.
Sin embargo, la volatilidad registrada durante 2026 obliga a las compañías a mantener criterios conservadores. Las decisiones de inversión minera suelen considerar precios de largo plazo inferiores a las cotizaciones del mercado para evitar que movimientos transitorios justifiquen proyectos que después pierdan rentabilidad.
Las próximas señales vendrán desde el mercado laboral estadounidense, los rendimientos de los bonos y las negociaciones diplomáticas en Medio Oriente. Esa combinación definirá si el salto del oro corresponde al inicio de una recuperación más duradera o a una reacción acelerada frente a un nuevo ajuste de las expectativas monetarias.












