
Los metales preciosos revirtieron sus pérdidas luego de que el banco central estadounidense mantuviera las tasas de interés. La reacción del dólar, los bonos y las expectativas inflacionarias volvió a situar al oro y la plata en el centro de las decisiones de inversión minera.
El precio del oro recuperó terreno este miércoles 29 de julio y llegó a superar los US$4.100 por onza, luego de que la Reserva Federal de Estados Unidos mantuviera sin cambios su tasa de interés de referencia. La decisión debilitó al dólar, redujo los rendimientos de los bonos del Tesoro y activó nuevas compras de metales preciosos tras una apertura marcada por la volatilidad.
El oro al contado avanzó cerca de 2% durante la jornada, después de haber descendido momentáneamente bajo la barrera de los US$4.000 por onza. Los futuros estadounidenses también recuperaron parte de las pérdidas registradas durante las operaciones previas al anuncio monetario.
La plata mostró una reacción aún más intensa. El metal subió más de 3% y volvió a aproximarse a los US$59 por onza, ampliando su recuperación desde los mínimos observados a mediados de julio.
El movimiento confirmó que las decisiones de política monetaria continúan siendo uno de los principales factores para la valorización de los metales preciosos, incluso en un escenario internacional dominado por tensiones geopolíticas, altos precios energéticos y persistentes presiones inflacionarias.
La Reserva Federal mantiene la tasa entre 3,5% y 3,75%
El Comité Federal de Mercado Abierto decidió conservar la tasa de fondos federales en un rango de 3,5% a 3,75%, nivel vigente desde fines de 2025. La pausa era el escenario esperado por la mayor parte del mercado, aunque una fracción de los inversionistas había anticipado la posibilidad de un incremento de 25 puntos base.
La reacción del oro se produjo porque la ausencia de una nueva alza redujo temporalmente la presión sobre los activos que no entregan intereses. Cuando aumentan las tasas y los rendimientos de los bonos, mantener oro resulta comparativamente menos atractivo para los inversionistas. El efecto contrario ocurre cuando el mercado prevé una política monetaria menos restrictiva.
Tras conocerse la decisión, el dólar retrocedió frente a otras monedas y disminuyeron los rendimientos de la deuda estadounidense. Ambas variables entregaron soporte inmediato a las cotizaciones del oro y la plata.
El escenario, sin embargo, sigue abierto. La inflación estadounidense permanece por encima del objetivo de 2% y el encarecimiento de la energía continúa condicionando las próximas decisiones monetarias. El mercado comenzó a recalibrar la probabilidad de un aumento de tasas en septiembre, a la espera de nuevos datos sobre consumo, empleo y precios.
Un rebote después de una fuerte corrección
La recuperación se produjo después de varios meses de retroceso para el oro. El metal alcanzó máximos históricos durante el primer trimestre de 2026, pero posteriormente perdió más de 20% de su valor debido al repunte de los rendimientos financieros y al temor de que la inflación obligara a mantener tasas elevadas durante más tiempo.
La cotización encontró soporte en torno a los US$4.000 por onza durante julio. Esa zona ha concentrado compras de inversionistas institucionales, bancos centrales y operadores que consideran que los riesgos fiscales, monetarios y geopolíticos siguen justificando una exposición relevante al metal.
Las compras de bancos centrales continúan siendo un factor estructural para el mercado. La diversificación de reservas, la búsqueda de protección frente a la depreciación de monedas y el aumento de la incertidumbre internacional han sostenido la demanda oficial, aunque a un ritmo más moderado que durante los máximos alcanzados anteriormente.
El reciente rebote no elimina la volatilidad. Las perspectivas del oro dependen ahora de la trayectoria de la inflación estadounidense, la evolución del dólar y las señales que entregue la Reserva Federal antes de su próxima reunión de política monetaria.
La plata vuelve a superar al oro
El comportamiento de la plata destacó por sobre el del oro. Además de su condición de activo financiero, el metal mantiene una exposición directa a sectores industriales como energía solar, electrónica, vehículos eléctricos, redes eléctricas y centros de datos.
Esa doble condición suele amplificar sus movimientos. Cuando aumentan las expectativas de crecimiento industrial y simultáneamente mejora el interés por activos defensivos, la plata puede registrar variaciones superiores a las del oro.
Durante 2026, su cotización ha mostrado oscilaciones pronunciadas. Después de superar los US$100 por onza en enero, el metal sufrió una corrección profunda y cayó hacia la zona de US$55 a mediados de julio. Pese al ajuste, todavía mantiene un avance significativo frente a los niveles registrados un año antes.
La recuperación hacia US$59 refleja compras técnicas, cobertura de posiciones y una nueva evaluación de la demanda industrial. La expansión de infraestructura eléctrica y digital continúa requiriendo grandes cantidades de plata para contactos, conductores, paneles fotovoltaicos y componentes electrónicos.
Para los proyectos mineros, el comportamiento del precio puede modificar rápidamente la rentabilidad esperada. Una cotización sostenida sobre los niveles actuales favorece la evaluación de iniciativas primarias de plata y de operaciones polimetálicas donde el metal se obtiene como subproducto del cobre, plomo, zinc u oro.
Efecto sobre las compañías productoras
Las acciones de empresas vinculadas a los metales preciosos también reaccionaron al anuncio de la Reserva Federal. Productoras de oro y compañías de royalties recuperaron terreno, luego de registrar pérdidas durante las primeras horas de negociación.
El precio del metal tiene un efecto directo sobre los márgenes operacionales. Una diferencia de US$100 por onza puede representar variaciones relevantes en los ingresos de una faena, especialmente cuando se trata de operaciones con altos volúmenes de producción o costos cercanos al precio de mercado.
La situación financiera de cada minera dependerá, no obstante, de otros factores como la ley del mineral, el costo de la energía, los salarios, los insumos, la recuperación metalúrgica y las inversiones necesarias para mantener la producción.
Los elevados precios nominales del oro no se traducen automáticamente en mayores utilidades. La industria enfrenta costos crecientes por combustibles, reactivos, equipos, agua, permisos y construcción. La inflación minera ha reducido parte del beneficio entregado por la valorización del metal.
En el caso de la plata, la menor escala de muchas compañías productoras aumenta su sensibilidad frente a cambios de precio. Un repunte sostenido puede facilitar financiamientos, reactivaciones de minas y campañas de exploración, mientras que una corrección abrupta puede obligar a postergar inversiones.
Qué observará la industria minera
La atención del mercado se trasladará ahora hacia los próximos indicadores de inflación de Estados Unidos y las señales previas a la reunión de septiembre de la Reserva Federal. Un nuevo aumento de tasas podría fortalecer al dólar y volver a presionar las cotizaciones de los metales preciosos.
En cambio, una moderación de la inflación o un deterioro de la actividad económica podría reducir la necesidad de nuevos ajustes monetarios, favoreciendo al oro y la plata.
La evolución del petróleo también será determinante. Los precios energéticos elevados incrementan los costos de las operaciones mineras, pero al mismo tiempo refuerzan la demanda por activos de protección frente a la inflación. Esa combinación explica parte de la volatilidad observada durante 2026.
Para productores, inversionistas y desarrolladores de proyectos, el nivel alcanzado por ambos metales entrega una señal favorable, aunque todavía insuficiente para confirmar un cambio definitivo de tendencia. La estabilidad sobre los US$4.000 para el oro y la capacidad de la plata para consolidarse cerca de US$60 serán las referencias inmediatas para el sector.
La jornada dejó una conclusión operacional para la minería de metales preciosos: las tasas de interés continúan moviendo las valorizaciones con la misma intensidad que la producción, las reservas y los costos. En un mercado sensible a cada señal macroeconómica, la gestión financiera y la disciplina de capital seguirán siendo tan relevantes como el desempeño de las faenas.











