El Instituto Peruano de Economía advirtió que las demoras para convertir proyectos en nuevas operaciones están limitando la capacidad del país para aprovechar el ciclo de altos precios de los metales. Algunas iniciativas que entrarían en producción durante esta década acumulan procesos de desarrollo de al menos 49 años.
Los proyectos mineros incluidos en la cartera de inversión de Perú registran retrasos promedio estimados en 15 años, una demora que se suma a procesos de desarrollo que ya se extienden por varias décadas. La advertencia fue planteada por el Instituto Peruano de Economía (IPE), que identificó los largos plazos como uno de los principales obstáculos para transformar el potencial geológico del país en nuevas operaciones y producción minera.
El diagnóstico adquiere especial relevancia frente al tamaño del portafolio peruano. La Cartera de Proyectos de Inversión Minera 2026 del Ministerio de Energía y Minas contempla 66 iniciativas distribuidas en 19 departamentos, con inversiones estimadas conjuntamente en US$64.075 millones. El monto considera proyectos en distintas etapas de maduración, por lo que no equivale a capital ya ejecutado ni garantiza que todas las iniciativas entren en construcción dentro de los plazos actualmente previstos.
Proyectos que pueden tardar décadas en llegar a producción
Carlos Gallardo, gerente general del IPE, expuso el diagnóstico durante una sesión del Jueves Minero organizada por el Instituto de Ingenieros de Minas del Perú. El análisis considera 42 unidades mineras en operación o en cartera y utiliza como referencia los cronogramas de inversión publicados por el Ministerio de Energía y Minas, ajustándolos por los retrasos observados históricamente.
De acuerdo con las estimaciones presentadas, los proyectos que comenzarían a operar durante la actual década alcanzarían un tiempo promedio de desarrollo de al menos 49 años, medido desde las primeras etapas de exploración hasta el inicio productivo. El cálculo muestra que el problema no se concentra únicamente en la construcción de las minas: los mayores plazos se acumulan durante distintas fases de exploración, evaluación, permisos, decisiones de inversión y preparación del proyecto.
El IPE ya había identificado esta tendencia en un estudio previo sobre los tiempos de desarrollo minero en Perú. En ese trabajo, elaborado sobre 42 unidades mineras, estimó un promedio cercano a 40 años entre exploración y producción. En el caso de las unidades de cobre, el plazo era todavía mayor: alcanzaba 62 años considerando periodos de administración estatal y alrededor de 40 años al descontarlos. Tres de cada cinco proyectos analizados necesitaron más de tres décadas para desarrollarse.
US$64.075 millones permanecen en distintas etapas de desarrollo
La cartera oficial para 2026 muestra la magnitud de los recursos asociados a proyectos que Perú busca convertir en producción. Los 66 proyectos representan una inversión estimada de US$64.075 millones, un aumento de 1,7% frente a la actualización realizada en octubre de 2025.
El portafolio incluye tanto proyectos greenfield —nuevas operaciones— como ampliaciones, reposiciones y optimizaciones de minas existentes. La actualización de este año incorporó, entre otras iniciativas, Integración Atacocha-El Porvenir y Optimización Carahuacra-San Cristóbal, mientras San Gabriel dejó la cartera después de comenzar su etapa productiva en diciembre de 2025.
Sin embargo, la existencia de un proyecto dentro de la cartera no implica necesariamente una decisión definitiva de construcción. Las iniciativas se encuentran en etapas diferentes y todavía pueden requerir estudios, autorizaciones ambientales y sectoriales, acuerdos sociales, financiamiento o decisiones de inversión por parte de sus operadores antes de avanzar.
Altos precios no se traducen automáticamente en nuevas minas
La demora se produce además en un escenario internacional favorable para varias materias primas. El IPE calculó que, al primer trimestre de 2026, los precios de exportación de los metales se encontraban 88% por encima de los niveles de 2011.
Pese a ese escenario, la inversión minera como proporción del Producto Bruto Interno peruano se mantiene por debajo de los niveles registrados durante el anterior ciclo de altos precios. Para el instituto, esa diferencia muestra que una mejora de las cotizaciones internacionales no es suficiente para acelerar proyectos cuando existen restricciones internas que prolongan su ejecución.
Entre los factores que el IPE ha identificado en sus análisis aparecen la extensión de los procedimientos administrativos, los conflictos sociales, la incertidumbre en determinados proyectos y los largos tiempos de aprobación. En evaluaciones anteriores, el instituto estimó que algunos procedimientos vinculados a instrumentos ambientales y consulta previa pueden extender los procesos administrativos hasta seis o siete años, frente a plazos normativos que en conjunto deberían ser considerablemente menores.
El desafío de convertir la cartera en producción
El IPE plantea que Perú necesita reducir la diferencia entre disponer de recursos minerales y lograr que esos recursos lleguen efectivamente a explotación. Entre las medidas mencionadas se encuentran establecer reglas y plazos más predecibles, reducir duplicidades administrativas, prevenir conflictos antes de que paralicen inversiones y mejorar la capacidad de las instituciones responsables de evaluar proyectos.
El organismo también ha observado experiencias de países competidores como Chile, Canadá y Estados Unidos, donde se han impulsado mecanismos como ventanillas únicas, simplificación de procedimientos y tratamientos diferenciados para permisos de menor riesgo. La discusión, sin embargo, no se limita a acelerar autorizaciones: los proyectos deben mantener el cumplimiento de las exigencias ambientales, técnicas y sociales correspondientes.
La magnitud del portafolio peruano muestra lo que está en juego. Con US$64.075 millones en proyectos identificados, el desafío para el sector ya no consiste únicamente en incorporar nuevas iniciativas a la cartera, sino en determinar cuántas de ellas pueden superar las etapas pendientes y transformarse efectivamente en minas, ampliaciones y nueva capacidad productiva durante los próximos años.









