Chile acumula 36 centros de datos operativos y una cartera de nuevos proyectos que podría elevar con fuerza su capacidad durante los próximos años. La expansión abre oportunidades para inversión y servicios digitales, pero también exige más electricidad, transmisión, conectividad y soluciones para reducir el consumo de agua.
La expansión mundial de los centros de datos está comenzando a tener consecuencias concretas para Chile. La inteligencia artificial, el crecimiento de los servicios en la nube y el procesamiento de cantidades cada vez mayores de información están aumentando la demanda por infraestructura digital, mientras empresas como Amazon Web Services, Microsoft y Google mantienen operaciones o proyectos relevantes en el país.
Colliers contabiliza actualmente 36 data centers en operación en Chile, con una capacidad instalada de 255 MW. A esa infraestructura se agregan proyectos en construcción que suman más de 120 MW y una cartera identificada hacia 2031 que contempla ocho nuevos desarrollos, capaces de incorporar otros 367,8 MW y movilizar inversiones estimadas en US$1.616 millones.
El fenómeno importa porque los centros de datos dejaron de ser simples instalaciones destinadas a almacenar información. Son parte de la infraestructura que permite operar servicios de nube, plataformas digitales, sistemas empresariales y aplicaciones de inteligencia artificial.
Para Chile, captar una mayor proporción de estas inversiones puede fortalecer su infraestructura tecnológica y mejorar su conexión con la economía digital global. Pero el crecimiento también plantea una pregunta cada vez más relevante: si el sistema eléctrico y la infraestructura del país podrán avanzar al mismo ritmo que la demanda computacional.
Amazon, Microsoft y Google aumentan la escala
La presencia de grandes proveedores globales permite dimensionar el mercado que se está desarrollando.
Microsoft inauguró en junio de 2025 su primera región de centros de datos en Chile. Denominada Chile Central, está formada por tres ubicaciones físicas independientes en la Región Metropolitana y permite prestar servicios de nube desde infraestructura instalada dentro del país.
Amazon Web Services prepara un movimiento de mayor escala. La compañía anunció la apertura de su región AWS South America (Chile) para fines de 2026, inicialmente con tres zonas de disponibilidad.
Amazon proyecta invertir más de US$4.000 millones durante 15 años en la construcción, conexión, operación y mantenimiento de su infraestructura chilena. La nueva región permitirá a sus clientes ejecutar aplicaciones y almacenar contenidos utilizando instalaciones ubicadas en Chile.
Google, por su parte, opera un centro de datos en Quilicura desde 2015 y mantiene una región de Google Cloud en Santiago desde 2021.
La compañía participa además junto a Desarrollo País en Humboldt Connect, sociedad vinculada al cable submarino Humboldt. El proyecto conectará directamente Chile con Australia a través del Pacífico Sur y contempla su entrada en operación comercial durante 2027.
La importancia de esa infraestructura va más allá de sumar capacidad de transmisión. Una conexión directa hacia Oceanía permitirá diversificar las rutas internacionales disponibles para Chile y mejorar su integración digital con Asia-Pacífico.
La inteligencia artificial aumenta la demanda por electricidad
El principal cambio detrás de esta nueva etapa es la inteligencia artificial.
La Agencia Internacional de Energía estima que el consumo eléctrico mundial de los centros de datos pasará de aproximadamente 485 TWh en 2025 a unos 950 TWh en 2030. La demanda de las instalaciones enfocadas en inteligencia artificial crecería todavía más rápido y podría triplicarse durante ese período.
El aumento responde, entre otros factores, al uso de procesadores de alto rendimiento necesarios para entrenar y ejecutar modelos de inteligencia artificial.
Ese crecimiento está modificando las decisiones de localización de la industria. La disponibilidad de electricidad ya no es solamente un costo operativo: puede determinar si un proyecto puede construirse y cuánto tiempo necesitará para conectarse.
Para Chile, esto genera una combinación de oportunidad y presión. El país dispone de una elevada participación de generación renovable y de una importante cartera de proyectos solares, eólicos y de almacenamiento. Sin embargo, disponer de generación en el sistema no significa que exista capacidad suficiente en cualquier punto de conexión.
La transmisión puede transformarse en el verdadero cuello de botella
El desafío aparece con especial claridad en la Región Metropolitana, donde se concentra buena parte de los centros de datos existentes y proyectados.
En su diagnóstico para la planificación de la transmisión, el Coordinador Eléctrico Nacional incorporó una demanda asociada a data centers en la Región Metropolitana de 220 MW para 2026, que aumenta a 412 MW en 2028 y 513 MW en 2030.
La cifra permite dimensionar el problema: instalar servidores puede ser relativamente rápido, pero ampliar subestaciones, reforzar líneas de transmisión y desarrollar nuevas obras eléctricas requiere períodos considerablemente mayores.
La Agencia Internacional de Energía advierte precisamente sobre esta diferencia de velocidades. Un centro de datos puede entrar en servicio en dos o tres años, mientras las nuevas redes eléctricas y otras obras energéticas suelen exigir procesos de planificación y construcción más prolongados.
Esto implica que la capacidad eléctrica disponible puede convertirse en uno de los principales criterios para decidir dónde se instalan los próximos proyectos.
También aumenta la relevancia del almacenamiento mediante baterías, que permite desplazar energía renovable entre distintos horarios y entregar mayor flexibilidad al sistema. Aun así, las baterías no sustituyen las ampliaciones de transmisión que sean necesarias para atender nuevos consumos.
El agua obliga a cambiar la tecnología de refrigeración
La electricidad no es el único recurso bajo presión. Los centros de datos generan grandes cantidades de calor y necesitan sistemas de refrigeración capaces de mantener los servidores funcionando permanentemente.
El consumo de agua depende de la tecnología utilizada y puede variar considerablemente entre instalaciones.
Google informó que su centro de datos de Quilicura consumió 121,8 millones de galones de agua durante 2024, equivalentes a unos 461 millones de litros.
La discusión ya ha tenido efectos concretos sobre nuevos proyectos. En Cerrillos, Google modificó el diseño de un centro de datos que originalmente contemplaba torres de enfriamiento basadas en agua. La compañía optó posteriormente por enfriadoras de condensación por aire, cambio que eliminó el uso proyectado de agua subterránea para refrigerar los servidores.
Amazon también ha informado que la futura región de AWS en Chile utilizará principalmente refrigeración por aire y que el agua será necesaria para los sistemas de enfriamiento durante una fracción limitada del año.
Estos cambios muestran que la competencia ya no depende solamente de encontrar terrenos y energía. La eficiencia hídrica y la relación de los proyectos con los territorios están pasando a formar parte de las decisiones de inversión.
El valor económico no está solo dentro del data center
Los centros de datos requieren grandes inversiones de capital, pero una vez terminados no generan necesariamente cantidades de empleo permanentes comparables con otras actividades intensivas en mano de obra.
Su importancia económica debe medirse también por la infraestructura y los servicios que permiten desarrollar.
Durante la construcción demandan obras civiles, sistemas eléctricos, refrigeración, telecomunicaciones, ingeniería y equipamiento especializado. Durante su operación requieren profesionales y empresas vinculadas a mantenimiento, redes, ciberseguridad y servicios tecnológicos.
Su efecto más amplio aparece en las empresas que utilizan esa infraestructura.
Bancos, mineras, compañías de retail, universidades, organismos públicos y desarrolladores de software pueden ejecutar cargas computacionales desde instalaciones ubicadas en Chile, disminuir latencias y, cuando sus necesidades regulatorias o empresariales lo requieren, mantener información dentro del territorio nacional.
Chile tiene una oportunidad, pero la inversión no está asegurada
El Gobierno incorporó esta industria dentro del Plan Nacional de Data Centers 2024-2030, que busca facilitar inversiones, descentralizar la infraestructura, disminuir sus impactos ambientales y fortalecer el capital humano asociado a las tecnologías de datos.
Cuando el plan fue elaborado, el Ministerio de Ciencia estimaba que la capacidad instalada podía triplicarse durante los siguientes cinco años. La expansión observada desde entonces confirma que existe una cartera importante, pero no significa que todos los proyectos anunciados necesariamente vayan a materializarse.
Esa diferencia es relevante.
La carrera por los data centers no se decidirá solamente por el número de anuncios o por los montos comprometidos. Los operadores necesitan terrenos adecuados, conexiones eléctricas disponibles, fibra óptica, rutas internacionales de datos, permisos, sistemas de refrigeración y certeza sobre los plazos de ejecución.
Chile ya consiguió atraer a algunos de los principales operadores tecnológicos mundiales. El desafío ahora es distinto: construir la infraestructura eléctrica y digital necesaria para que el crecimiento proyectado pueda efectivamente concretarse.
Ahí está la razón por la que la carrera por los centros de datos importa para el país. No se trata únicamente de albergar más edificios llenos de servidores, sino de determinar cuánto espacio tendrá Chile dentro de la infraestructura que sostendrá la expansión de la nube, el procesamiento de datos y la inteligencia artificial durante la próxima década.









