Revisa el tiempo en las faenas mineras de Chile
Descubre

¿Qué es el molibdeno y por qué aparece junto al cobre en las minas chilenas?

Chile se consolida como uno de los principales productores de molibdeno, un metal valioso que se extrae como subproducto del cobre en grandes operaciones mineras.

¿Qué es el molibdeno y por qué aparece junto al cobre en las minas chilenas?

Es uno de los metales menos conocidos que produce Chile, pero está presente en varias de sus grandes operaciones cupríferas. Su aparición no es una coincidencia: cobre y molibdeno pueden concentrarse durante los mismos procesos geológicos que dieron origen a enormes yacimientos en la Cordillera de los Andes.

Cuando una mina chilena procesa millones de toneladas de roca para obtener cobre, en algunos casos aparece un segundo producto de alto valor escondido entre los minerales sulfurados. Es el molibdeno, un metal que se utiliza principalmente para fabricar aceros capaces de soportar altas temperaturas, corrosión y fuertes esfuerzos mecánicos.

Chile produjo alrededor de 43.400 toneladas de molibdeno fino durante 2025, equivalentes a cerca del 16,6% de la producción minera mundial de este metal. Con ese volumen, el país se ubicó entre los mayores productores globales, detrás de China y por delante de importantes productores como Estados Unidos y Perú.

Lo curioso es que buena parte de ese molibdeno no proviene de minas construidas exclusivamente para extraerlo. Se obtiene como subproducto de grandes operaciones de cobre, una relación que comienza millones de años antes de que una pala, un camión o una perforadora llegue a tocar la roca.

Un metal escondido dentro de otros minerales

El molibdeno es un elemento químico identificado con el símbolo Mo y el número atómico 42. En la naturaleza normalmente no se encuentra como metal puro, sino formando parte de distintos minerales.

La fuente comercial más importante es la molibdenita, cuya fórmula química es MoS₂: un compuesto formado por molibdeno y azufre. Visualmente puede presentar tonos gris metálico y su estructura tiene propiedades particulares que incluso permiten utilizar derivados de la molibdenita como lubricantes.

Pero su verdadero valor industrial aparece cuando el molibdeno se incorpora en pequeñas cantidades a otros metales. Agregado al acero puede mejorar propiedades como la resistencia mecánica, la dureza, el comportamiento a altas temperaturas y la resistencia frente a determinados ambientes corrosivos.

Por esa razón aparece en aceros especiales utilizados en sectores como energía, construcción, transporte, industria química, petróleo y gas, además de aplicaciones sometidas a condiciones particularmente exigentes. También se utiliza en superaleaciones, catalizadores, lubricantes y diversos productos químicos.

La conexión comienza bajo la Cordillera de los Andes

Para entender por qué el molibdeno aparece en minas de cobre chilenas hay que mirar hacia los procesos geológicos que formaron los grandes yacimientos de la cordillera.

Una parte fundamental de la producción chilena de cobre proviene de yacimientos tipo pórfido cuprífero. Son sistemas minerales enormes, relacionados con actividad magmática y con fluidos calientes ricos en agua, azufre y distintos elementos químicos que circularon a través de fracturas en la corteza terrestre.

Estos sistemas hidrotermales pudieron afectar grandes volúmenes de roca. A medida que los fluidos cambiaron de temperatura, presión y composición química, distintos minerales comenzaron a precipitar dentro de vetillas, fracturas y zonas de roca alterada. Allí se concentraron minerales que contienen cobre, pero también podían depositarse molibdenita, oro, plata y otros elementos.

El Servicio Geológico de Estados Unidos estima que los depósitos tipo pórfido suministran aproximadamente 60% del cobre y 95% del molibdeno producido mundialmente, una señal de hasta qué punto ambos metales están geológicamente relacionados.

En otras palabras, cobre y molibdeno pueden ser productos distintos de una misma gigantesca “fábrica geológica”.

Por qué los Andes tienen tantos de estos yacimientos

La explicación está vinculada a uno de los procesos que define la geología chilena: la subducción de la placa de Nazca bajo la placa Sudamericana.

Durante millones de años, esta interacción tectónica ha favorecido la generación de magmas en profundidad y la construcción de la Cordillera de los Andes. Algunos de esos sistemas magmáticos liberaron fluidos hidrotermales capaces de transportar metales a través de la corteza.

Cuando las condiciones fueron adecuadas, esos metales terminaron concentrándose hasta formar grandes sistemas mineralizados. Es el origen de numerosos pórfidos cupríferos presentes a lo largo de Chile y de otros países de la franja andina.

El resultado puede verse hoy en gigantes como Chuquicamata, Los Pelambres, Collahuasi, Andina o El Teniente, operaciones donde la economía del yacimiento no necesariamente termina en el cobre. La producción chilena de molibdeno registrada oficialmente incluye, además de distintas divisiones de Codelco, operaciones como Los Pelambres, Collahuasi, Anglo American Sur y un conjunto de faenas entre las que se encuentran Sierra Gorda, Caserones, Centinela, Spence y Quebrada Blanca.

Eso tampoco significa que todos los pórfidos de cobre contengan suficiente molibdeno para recuperarlo económicamente. La cantidad, distribución y mineralogía pueden cambiar considerablemente de un depósito a otro, por lo que su aprovechamiento depende tanto de la geología como de las características metalúrgicas y económicas de cada operación.

Cómo se separa el molibdeno del cobre

Que ambos metales estén en el mismo yacimiento no significa que salgan juntos como producto final. Una vez extraído el mineral, comienza un proceso diseñado precisamente para separarlos.

En las operaciones que procesan minerales sulfurados, la roca primero es triturada y molida hasta alcanzar un tamaño que permita liberar las partículas minerales. Posteriormente entra a circuitos de flotación, donde se aprovechan diferencias en las propiedades superficiales de los minerales para separarlos de la roca sin valor económico.

Cuando existe molibdenita recuperable, puede obtenerse inicialmente un concentrado donde conviven minerales de cobre y molibdeno. Ese material pasa posteriormente por etapas de flotación selectiva, destinadas a separar la molibdenita de los sulfuros de cobre.

El resultado es un concentrado de molibdeno que después puede someterse a procesos metalúrgicos adicionales. Una ruta industrial habitual consiste en tostar el concentrado de molibdenita para producir óxido de molibdeno, material que posteriormente puede utilizarse directamente en determinadas aplicaciones o convertirse, entre otros productos, en ferromolibdeno para la industria siderúrgica.

La lógica es similar a aprovechar distintos productos contenidos en una misma materia prima: la mina fue desarrollada principalmente por su cobre, pero una planta capaz de recuperar molibdeno puede capturar valor adicional que de otra forma terminaría perdiéndose.

Un subproducto que puede cambiar la economía de una mina

La palabra subproducto podría hacer pensar que el molibdeno tiene poca importancia. En una gran operación cuprífera, esa interpretación puede ser engañosa.

La producción de molibdeno genera ingresos adicionales y puede influir en los costos netos asociados a la producción de cobre. Cuando su precio internacional es alto y la recuperación metalúrgica es favorable, el efecto económico puede ser relevante para una faena.

Chile ofrece una demostración de esa escala. En 2025 produjo aproximadamente 43.358 toneladas de molibdeno fino, frente a unas 38.487 toneladas en 2024. Solo las operaciones contabilizadas dentro de Codelco produjeron algo más de 15.100 toneladas durante 2025, mientras Los Pelambres superó las 12.500 toneladas.

Esta producción también muestra una característica particular del mercado: la oferta de molibdeno puede estar parcialmente condicionada por decisiones tomadas en minas cuyo negocio principal es el cobre. Si una operación cuprífera modifica su producción, cambia las zonas que explota o encuentra variaciones en las leyes de molibdeno de su mineral, la producción del subproducto también puede cambiar.

Del yacimiento chileno a los aceros de alta resistencia

El viaje del molibdeno continúa mucho después de abandonar la concentradora.

Gran parte termina incorporada en aceros inoxidables, aceros de ingeniería, herramientas, fundiciones y superaleaciones. Su ventaja es que cantidades relativamente pequeñas pueden modificar de manera importante el comportamiento del material, aumentando propiedades necesarias para componentes que deben funcionar bajo presión, altas temperaturas, esfuerzos mecánicos o ambientes corrosivos.

Paradójicamente, parte del molibdeno extraído desde una mina puede terminar nuevamente dentro de la propia industria minera. Aceros de altas prestaciones son utilizados en maquinaria, tuberías, componentes sometidos a desgaste y numerosas estructuras industriales donde la resistencia y la duración son fundamentales.

Así, detrás del protagonismo mundial del cobre chileno existe otro metal mucho menos visible. El molibdeno comparte con él una historia que comenzó en antiguos sistemas magmáticos bajo los Andes, continúa dentro de las plantas concentradoras y termina incorporándose a materiales diseñados para trabajar en algunas de las condiciones más exigentes de la industria moderna.

Entender esa relación permite mirar una mina de cobre de otra manera: un gran yacimiento no necesariamente contiene un solo producto, sino un sistema geológico complejo donde distintos elementos pueden adquirir valor gracias a la combinación de geología, ingeniería y tecnología de procesamiento.