Tierras Raras

Minería en aguas profundas: el dilema de los minerales críticos y la protección del océano

La minería en aguas profundas plantea retos para la transición energética y conservación del océano. Se busca un equilibrio entre extracción y sostenibilidad.

Minería en aguas profundas: el dilema de los minerales críticos y la protección del océano
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La creciente necesidad de minerales críticos para la transición energética ha puesto el foco en la minería en aguas profundas, generando intensos debates sobre su viabilidad y sostenibilidad. Este fenómeno se ha intensificado tras la reciente celebración del Día Mundial de los Océanos el 8 de junio. Mientras que algunos sostienen que las reservas en las profundidades oceánicas superan con creces a las disponibles en tierra, otros advierten sobre los desconocidos impactos ambientales que podría acarrear esta práctica.

Recursos marinos en la transición energética

La demanda de minerales como el níquel, cobalto y manganeso sigue aumentando, impulsada por el crecimiento de tecnologías verdes como los vehículos eléctricos y las baterías. En este contexto, la minería en el océano ha ganado relevancia, apoyada por políticas gubernamentales que facilitan la obtención de permisos. Por ejemplo, la NOAA (Administración Nacional Oceanográfica y Atmosférica de EE.UU.) ha autorizado a The Metals Company (TMC) la licencia de exploración en una extensa área de 122,000 km² en la Zona Clarion-Clipperton del Pacífico, donde se estima que hay alrededor de 1.02 mil millones de toneladas de nódulos polimetálicos.

Efecto ambiental del seabed mining

Los defensores de la minería en aguas profundas argumentan que esta podría resultar en emisiones de carbono significativamente menores que las de la minería terrestre. Según TMC, la extracción submarina de níquel genera entre 6.2 kg de CO2 por kg en comparación con las 20 a 100 kg que se producen en la minería terrestre. Esta diferencia sugiere un potencial considerable para reducir la huella de carbono en la producción de estos minerales esenciales para la transición energética.

Sin embargo, la comunidad científica advierte que el conocimiento actual sobre los ecosistemas de aguas profundas es insuficiente para garantizar un proceso de extracción sostenible. Con aproximadamente 6000 a 8000 especies identificadas en la CCZ y solo un pequeño porcentaje descrito, la incertidumbre sobre cómo la minería afectará a estos seres vivos es motivo de preocupación y debate.

Avances en sostenibilidad y tecnología

Frente a estas inquietudes, las empresas están tomando medidas proactivas para minimizar el impacto ambiental de sus operaciones. Inversión en evaluaciones de impacto ambiental, tecnologías para el monitoreo en tiempo real, y medidas para reducir la perturbación del lecho marino están en la pauta. Por ejemplo, el uso de corers que permiten realizar muestreos con mínima alteración de los sitios, y sistemas de monitoreo que analizan el comportamiento de los sedimentos en tiempo real, son parte de esa estrategia.

La implementación de innovaciones tecnológicas, junto a asociaciones estratégicas, posicionan a la minería en aguas profundas como una opción viable comercialmente. El compromiso de las empresas en establecer estándares de extracción responsable es esencial para asegurar que los ecosistemas marinos sean protegidos, generando confianza entre reguladores y la comunidad.

La proyección hacia el futuro

El avance en proyectos de minería en aguas profundas podría concretarse para el año 2027, lo que destaca la urgencia del sector por cumplir con la creciente demanda de minerales para la transición sostenible. La oportunidad que tienen los actores involucrados es definir un nuevo marco de referencia para lo que debe significar la extracción responsable en un contexto donde el cambio climático y la sostenibilidad son prioritarios. La presión por garantizar que el medio ambiente no sea un sacrificio en la búsqueda de recursos es un desafío que la industria deberá afrontar con prudencia y responsabilidad.