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Energía

Moléculas verdes: informe proyecta que la UE podría bajar su dependencia energética de 57% a 28% en 2040

Un estudio de Moeve y PwC revela que el hidrógeno renovable, biometano y biocombustibles avanzados podrían reemplazar hasta el 40% de los combustibles fósiles en Europa hacia 2040, reduciendo la dependencia energética.

Moléculas verdes: informe proyecta que la UE podría bajar su dependencia energética de 57% a 28% en 2040
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Un estudio de Moeve y PwC plantea que el hidrógeno renovable, el biometano y los biocombustibles avanzados podrían sustituir parte relevante de los combustibles fósiles en Europa. La proyección abre una señal para países con potencial exportador de energía limpia, entre ellos Chile.

La producción interna de moléculas verdes podría reducir a la mitad la dependencia energética exterior de la Unión Europea hacia 2040, según un informe elaborado por Moeve en colaboración con PwC y reportado por Cinco Días. El estudio estima que la dependencia energética del bloque podría bajar desde el 57% actual hasta el 28% en 2040.

La categoría incluye hidrógeno renovable y sus derivados, como amoniaco o metanol, además de biometano y biocombustibles de segunda generación. Su foco no está en reemplazar toda la electricidad renovable, sino en cubrir sectores donde la electrificación directa es más difícil, como industria pesada, química, transporte marítimo, aviación y transporte de larga distancia.

Qué proyecta el informe

El estudio sostiene que las moléculas verdes podrían sustituir hasta el 40% de la demanda de combustibles fósiles en Europa hacia 2040. Para 2050, el potencial subiría hasta el 50% de la demanda actual, con una participación cercana a un tercio del mix energético europeo y una reducción de 22% en emisiones de CO2, de acuerdo con las cifras difundidas por el informe.

La tesis central es energética y geopolítica: Europa busca reducir su exposición a proveedores externos de petróleo, gas y carbón, una vulnerabilidad que quedó expuesta tras la guerra en Ucrania y la crisis de precios energéticos. La Comisión Europea ya había fijado bajo REPowerEU objetivos para producir 10 millones de toneladas de hidrógeno renovable e importar otros 10 millones de toneladas hacia 2030, aunque esos objetivos han sido cuestionados por su factibilidad.

Sectores donde podrían tener mayor impacto

El informe apunta especialmente a actividades que no pueden descarbonizarse solo con electricidad renovable. En ese grupo aparecen siderurgia, fertilizantes, refino, transporte marítimo, aviación y procesos industriales intensivos en calor.

En esos casos, el hidrógeno renovable puede operar como insumo industrial o como base para combustibles sintéticos. El biometano puede reemplazar parte del gas natural en redes o procesos térmicos. Los biocombustibles avanzados, como SAF para aviación o HVO para transporte, pueden utilizar residuos y materias primas no alimentarias para reducir emisiones sin cambiar completamente la infraestructura existente.

El costo sigue siendo el punto crítico

El propio informe reconoce la existencia de una “prima verde”, es decir, un mayor costo frente a las alternativas fósiles. La proyección es que esa brecha se reduzca durante la próxima década por tres factores: caída de costos renovables, mayor eficiencia industrial y encarecimiento relativo de las emisiones de CO2.

Según el estudio, el impacto final en precios al consumidor podría ubicarse entre 1% y 5% desde la década de 2030 en ciertos productos o servicios. En aviación, por ejemplo, la adopción regulada de combustibles sostenibles podría traducirse en aumentos acotados en pasajes, aunque dependerá de distancia, regulación y disponibilidad de oferta.

Por qué importa para Chile

Para Chile, la discusión europea no es lejana. Si la Unión Europea acelera la demanda por hidrógeno renovable, amoniaco verde, metanol verde o combustibles sintéticos, se abre un espacio para países con alto potencial solar y eólico, infraestructura portuaria y estrategia exportadora.

Chile ya ha posicionado al hidrógeno verde como una apuesta industrial de largo plazo, especialmente en zonas como Magallanes y el norte del país. Sin embargo, el mercado todavía enfrenta barreras relevantes: costos de producción, disponibilidad de agua desalinizada, permisos, infraestructura eléctrica, puertos, contratos de compra y competencia de otras regiones con subsidios más agresivos.

La oportunidad no está garantizada. Europa puede producir parte de estas moléculas internamente y también importar desde regiones con costos competitivos. Para Chile, la ventaja dependerá de convertir potencial renovable en proyectos financiables, con permisos resueltos y contratos de demanda.

La advertencia sobre el hidrógeno

El entusiasmo por las moléculas verdes convive con señales de cautela. En 2024, el Tribunal de Cuentas Europeo advirtió que las metas de hidrógeno renovable de la Unión Europea eran poco realistas y que el bloque estaba lejos de cumplirlas, pese a contar con miles de millones de euros en apoyo público. Reuters informó que el organismo cuestionó que las metas se basaran más en voluntad política que en análisis robustos.

Ese punto es clave para Chile y para cualquier país exportador: no basta con anunciar proyectos. La demanda europea debe materializarse en regulación, subsidios, contratos, infraestructura de transporte y señales de precio suficientemente claras.

Qué observar ahora

La década actual será decisiva para saber si las moléculas verdes pasan de ser una promesa industrial a una alternativa real para reducir importaciones fósiles. Para Europa, el desafío es bajar dependencia energética sin crear nuevas vulnerabilidades. Para Chile, el punto concreto es otro: transformar su ventaja renovable en inversión, producción y contratos antes de que otros hubs energéticos capturen esa demanda.