
Por Cristian Recabarren, Ingeniero y Analista de Inteligencia de Mercados
La electrificación global no tiene un solo motor. Autos eléctricos, almacenamiento energético y redes de transmisión avanzan al mismo tiempo, pero no demandan cobre en la misma escala. La investigación dirigida por Cristian Recabarren muestra que el mayor consumidor estructural será la infraestructura eléctrica, seguida por los vehículos eléctricos, mientras que las baterías estacionarias crecerán rápido, pero desde una base menor.
El cobre está entrando en una nueva etapa de demanda. Ya no depende solo de construcción, maquinaria o manufactura tradicional. La expansión de redes eléctricas, electromovilidad, almacenamiento, data centers, inteligencia artificial y energías renovables está agregando nuevas capas de consumo sobre una oferta minera que avanza con más lentitud.
Según el estudio Copper in the Age of AI de S&P Global, la demanda mundial de cobre pasaría desde 28 millones de toneladas anuales en 2025 a 42 millones de toneladas en 2040, un aumento de 50%. La pregunta clave es qué sectores explicarán ese salto.
La lectura principal: no gana el auto eléctrico, gana la red
La investigación de mercado encabezada por Cristian Recabarren cruza tres grandes bloques: autos eléctricos, almacenamiento energético y transmisión/distribución eléctrica.
La conclusión es directa: los autos eléctricos son el mercado más visible para el público, pero las redes eléctricas son el mercado más intensivo y estratégico para el cobre.
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Demanda anual estimada de cobre hacia 2040
Comparación en millones de toneladas de cobre. Barra máxima: transmisión y distribución eléctrica.
Transmisión y distribución Redes eléctricas 7,1 Mt
Autos eléctricos Electromovilidad 6,3 Mt
Almacenamiento energético BESS 0,5 Mt
“La electrificación no se trata solo de cambiar autos a gasolina por autos eléctricos. Se trata de reconstruir la infraestructura que mueve la electricidad: líneas, transformadores, subestaciones, cables subterráneos, distribución urbana y conexión de nueva generación renovable. Ahí está el mayor volumen de cobre”, señala Recabarren.
Comparación rápida: inversión, crecimiento y cobre
| Mercado | Tamaño o volumen actual | Proyección clave | Demanda de cobre proyectada |
|---|---|---|---|
| Autos eléctricos | Más de 20 millones de autos eléctricos vendidos en 2025 | 23 millones de ventas en 2026 y hasta 510 millones de EVs en circulación hacia 2035, según la IEA | 2,6 Mt en 2025 y 6,3 Mt en 2040, según S&P Global |
| Almacenamiento energético | US$66.000 millones en inversión global en baterías para almacenamiento eléctrico en 2025, según la IEA | La capacidad global de almacenamiento debería crecer hasta 1.500 GW en 2030 en escenario NZE; las baterías representarían 1.200 GW | 0,3 Mt en 2025 y 0,5 Mt en 2040, según S&P Global |
| Transmisión y distribución eléctrica | US$483.000 millones en inversión global en redes en 2025, según BNEF | Más de US$7,5 billones acumulados en inversión T&D hacia 2040, según S&P Global | Hasta 7,1 Mt anuales en 2040, según S&P Global |
Autos eléctricos: el mercado más visible
El mercado de autos eléctricos es el más fácil de entender para el público porque se ve en la calle. De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía, las ventas mundiales de autos eléctricos superaron los 20 millones de unidades en 2025, equivalentes a una de cada cuatro ventas de autos nuevos.
Para 2026, la IEA proyecta ventas de 23 millones de autos eléctricos, cerca de 30% del mercado mundial de vehículos nuevos. Hacia 2035, el parque global de vehículos eléctricos, sin incluir dos y tres ruedas, podría llegar hasta 510 millones de unidades.
El uso de cobre por vehículo explica por qué este mercado importa. Un auto a combustión interna contiene alrededor de 24 a 25 kg de cobre, mientras un vehículo eléctrico de batería puede requerir entre 80 y 91 kg, dependiendo de tamaño, autonomía, arquitectura eléctrica y química de batería, según referencias de la Copper Development Association y S&P Global.
El cobre aparece en:
Motores eléctricos.
Cableado interno.
Baterías.
Inversores.
Sistemas de carga.
Conectores.
Electrónica de potencia.
Infraestructura de carga.
Según S&P Global, la demanda de cobre asociada a vehículos eléctricos crecería desde 2,6 millones de toneladas en 2025 a 6,3 millones de toneladas en 2040. Frente a una demanda total mundial proyectada de 42 millones de toneladas en 2040, eso equivale a cerca de 15% del consumo global de cobre.
El auto eléctrico será uno de los grandes motores de crecimiento, pero no será el mayor consumidor individual frente a las redes eléctricas.
Almacenamiento energético: menor volumen de cobre, pero rol crítico
El almacenamiento energético tiene otra lógica. No es el mayor mercado por volumen de cobre, pero será decisivo para que la electrificación funcione. Las baterías permiten absorber energía solar y eólica cuando hay excedentes y devolverla al sistema cuando la red lo necesita.
La IEA estima que la capacidad global de almacenamiento energético debería multiplicarse por seis hasta alcanzar 1.500 GW en 2030 en un escenario de cero emisiones netas. Dentro de ese total, las baterías representarían cerca de 90% del incremento, llegando a 1.200 GW.
En inversión, el World Energy Investment 2025 estima que el gasto mundial en baterías para almacenamiento del sector eléctrico alcanzaría US$66.000 millones en 2025.
El cobre en almacenamiento aparece en:
Láminas de cobre en baterías de ion-litio.
Barras conductoras.
Cables de potencia.
Inversores.
Transformadores.
Sistemas de control.
Conexión a subestaciones.
Contenedores BESS de escala industrial.
S&P Global proyecta que las adiciones anuales de sistemas BESS llegarían a 169 GW hacia 2040. En cobre, eso implicaría pasar desde 0,3 millones de toneladas anuales en 2025 a 0,5 millones de toneladas en 2040.
Esa cifra equivale a cerca de 1,2% de la demanda mundial de cobre proyectada para 2040. Es decir, el almacenamiento no será el mayor consumidor de cobre, pero sí será un habilitador clave para que crezcan los otros grandes consumidores: renovables, redes, data centers y electrificación industrial.
“Las baterías no ganan por volumen de cobre frente a las redes o los autos eléctricos, pero son el pegamento del sistema eléctrico moderno. Sin almacenamiento, la red necesita más respaldo, más flexibilidad y más inversión”, plantea Recabarren.
Transmisión y distribución: el gigante menos visible
Las redes eléctricas son el bloque más relevante para el cobre porque concentran infraestructura pesada: líneas de transmisión, redes de distribución, subestaciones, transformadores, cables subterráneos y sistemas de conexión.
Según S&P Global, conectar la nueva capacidad de generación y atender el crecimiento de la demanda eléctrica requerirá US$7,5 billones acumulados en inversión en transmisión y distribución hacia 2040. En promedio, el estudio estima necesidades anuales de US$130.000 millones en transmisión y US$338.000 millones en distribución.
La escala física también es enorme. La IEA advierte que el mundo debe agregar o reemplazar 80 millones de kilómetros de redes eléctricas hacia 2040, una cifra equivalente a toda la red eléctrica global existente.
El cobre se usa principalmente en:
Cables subterráneos.
Transformadores.
Bobinados.
Subestaciones.
Tableros.
Barras conductoras.
Equipos de distribución.
Sistemas de conexión industrial.
Redes urbanas de alta densidad.
S&P Global estima que una línea subterránea típica de transmisión puede usar 19.500 kg de cobre por kilómetro, mientras una línea subterránea de distribución puede requerir 3.700 kg por kilómetro. Además, el cobre puede representar 66% del peso total de los cables subterráneos.
La demanda anual de cobre vinculada a transmisión y distribución podría llegar a 7,1 millones de toneladas en 2040, el doble frente a 2020. Frente a una demanda total proyectada de 42 millones de toneladas en 2040, las redes representarían cerca de 17% del mercado mundial de cobre.
Ranking de demanda futura de cobre
| Ranking 2040 | Mercado | Demanda anual estimada de cobre | Participación sobre demanda mundial 2040 |
|---|---|---|---|
| 1 | Transmisión y distribución eléctrica | 7,1 Mt | 17% |
| 2 | Autos eléctricos | 6,3 Mt | 15% |
| 3 | Almacenamiento energético BESS | 0,5 Mt | 1,2% |
La diferencia es clave: los vehículos eléctricos explican una parte visible del crecimiento, pero la red eléctrica será el gran cuello de botella físico y minero de la transición energética.
La inversión también muestra la escala
La comparación por inversión confirma el mismo patrón. Según BloombergNEF, la inversión global en transición energética llegó a US$2,3 billones en 2025. Dentro de ese total, el transporte electrificado fue el mayor bloque, con US$893.000 millones, seguido por energías renovables con US$690.000 millones y redes eléctricas con US$483.000 millones.
La lectura minera es distinta a la lectura financiera. En inversión, el transporte electrificado aparece como el mercado más grande. En cobre, las redes compiten directamente por el primer lugar porque son intensivas en cables, transformadores y distribución.
El dinero se ve en autos eléctricos, pero el cobre se acumula en redes.
Por qué las redes pueden ser más críticas que los autos
Un auto eléctrico puede fabricarse, venderse y circular, pero si la red no crece, el sistema se congestiona. Lo mismo ocurre con data centers, plantas solares, parques eólicos, electrificación minera, hidrógeno, desalación, trenes eléctricos o nuevos polos industriales.
La red es el punto común de todos esos mercados. Por eso, cuando crece la electromovilidad también crece la necesidad de red. Cuando crece el almacenamiento, también crece la necesidad de conexión. Cuando crecen los data centers, aumenta la presión por subestaciones y transmisión. Cuando crecen las renovables, se requieren nuevas líneas para llevar energía desde zonas de generación hasta centros de consumo.
En palabras de Recabarren: “El auto eléctrico es la cara visible de la transición, pero la red eléctrica es la columna vertebral. Si falla la red, se frena todo: autos, baterías, data centers, renovables e industria”.
Datos clave
| Indicador | Cifra |
|---|---|
| Demanda mundial de cobre 2025, S&P Global | 28 Mt |
| Demanda mundial de cobre 2040, S&P Global | 42 Mt |
| Aumento proyectado de demanda mundial de cobre | 50% |
| Demanda de cobre en EVs 2025 | 2,6 Mt |
| Demanda de cobre en EVs 2040 | 6,3 Mt |
| Demanda de cobre en BESS 2025 | 0,3 Mt |
| Demanda de cobre en BESS 2040 | 0,5 Mt |
| Demanda de cobre en transmisión y distribución 2040 | 7,1 Mt |
| Inversión acumulada requerida en T&D hacia 2040 | US$7,5 billones |
| Redes a agregar o reemplazar hacia 2040, IEA | 80 millones de km |
| Ventas mundiales de autos eléctricos 2025 | Más de 20 millones |
| Ventas proyectadas de autos eléctricos 2026 | 23 millones |
| Parque global EV proyectado hacia 2035 | Hasta 510 millones |
Qué mercado demandará más cobre
La jerarquía es clara. En volumen de cobre, transmisión y distribución eléctrica lideran la demanda futura; los autos eléctricos siguen muy cerca como segundo gran bloque; y el almacenamiento energético será menor en toneladas, pero estratégico para estabilizar el sistema.
Esto no reduce la importancia de las baterías ni de la electromovilidad. Al contrario, muestra que todos estos mercados están conectados. La adopción masiva de autos eléctricos exigirá más cargadores, más transformadores y más redes urbanas. El crecimiento de baterías requerirá más conexión, inversores y subestaciones. La expansión renovable necesitará más transmisión. Y los data centers agregarán otra capa de presión.
Para Chile, la lectura es directa: la demanda futura de cobre no vendrá de un solo mercado, sino de la superposición de tres megatendencias: movilidad eléctrica, almacenamiento y redes. El desafío será convertir esa demanda en inversión minera, permisos, producción efectiva, fundición, refinación, reciclaje y desarrollo industrial antes de que la brecha global de oferta se profundice.












