
Sernageomin puede elevar la alerta técnica de un volcán aunque no haya una erupción visible: la decisión se basa en cambios registrados por instrumentos y en la comparación de varias señales con el comportamiento habitual del sistema. La vigilancia la realiza la Red Nacional de Vigilancia Volcánica (RNVV), cuyo Observatorio Volcanológico de los Andes del Sur (OVDAS), en Temuco, procesa datos de manera permanente. La red mantiene monitoreo instrumental en tiempo real de 43 volcanes priorizados.
La guía de Sernageomin ¿Cómo se monitorea un volcán? describe un seguimiento que combina sismicidad, deformación, gases, aguas, infrasonido y observaciones de superficie. No todos los volcanes tienen los mismos equipos: la instrumentación se adapta al sistema vigilado y a las condiciones del lugar. La tarea no es esperar una columna de ceniza, sino detectar y evaluar variaciones antes de que necesariamente sean visibles para quienes viven cerca.
Sismómetros, GNSS y cámaras captan señales distintas
Los sismómetros registran movimientos del suelo que ayudan a los especialistas a distinguir fenómenos asociados con fractura de roca, movimiento de gases u otros procesos volcánicos. El dato sísmico no equivale por sí solo a una erupción: se analiza por sus características y por cómo cambia respecto de la actividad de referencia del volcán.
Para observar deformaciones se utilizan equipos GNSS de precisión e inclinómetros. Sus registros permiten seguir inflación o deflación del edificio volcánico; esos cambios pueden aportar indicios sobre variaciones internas, pero no constituyen una medición directa de una erupción inminente. La interpretación depende de la evolución de la señal y de su relación con otros parámetros.
La vigilancia de gases incluye mediciones indirectas con instrumentos como DOAS y muestreos directos. También se pueden analizar gases disueltos en aguas termales o manantiales. Cámaras, sobrevuelos y sensores remotos complementan esos datos con observaciones de fumarolas, columnas, temperatura y cambios superficiales. El infrasonido, que puede ser inaudible para las personas, ayuda a estudiar explosiones y actividad de lagos de lava. Cada método observa una parte distinta del sistema; por eso, la lectura conjunta es más informativa que una señal aislada.
Los niveles de alerta reflejan cambios respecto de la actividad habitual
Al 25 de octubre de 2026, el esquema técnico vigente todavía usa cuatro colores: verde, amarilla, naranja y roja. En verde, la actividad se considera habitual; la amarilla indica inestabilidad y puede incluir incrementos en los parámetros monitoreados, fumarolas o explosiones menores. La naranja corresponde a variaciones significativas y a un probable aumento de actividad frente al nivel inferior; la roja señala que se espera una erupción mayor inminente o que esta ya está en curso.
La categoría también se asocia a una frecuencia distinta de reportes: mensual en verde, quincenal en amarilla y diaria en naranja y roja, con posibilidad de mayor periodicidad en el nivel rojo según evolucione el proceso. Esa frecuencia muestra cómo se intensifica la comunicación técnica cuando cambia el escenario, pero no convierte cada reporte ni cada evento en un anuncio de erupción. Los reportes especiales pueden informar episodios destacables sin que necesariamente cambie el nivel de alerta.
La alerta técnica describe la evaluación científica de la actividad volcánica; no es, por sí sola, una orden de evacuación. La protección de la población y las medidas territoriales corresponden a las autoridades de emergencia, que consideran los antecedentes técnicos y la situación local. La separación entre evaluación volcánica y decisiones de emergencia también está incorporada en el protocolo anunciado por Sernageomin y Senapred.
El sistema de colores tiene fecha de reemplazo
Sernageomin y Senapred anunciaron un nuevo protocolo que reemplazará las cuatro alertas por colores por Estados de Actividad Volcánica, en una escala de 0 a 5. La fecha informada para su entrada en vigor es el 28 de octubre de 2026; por tanto, al momento de esta publicación, el esquema anterior sigue siendo el de referencia. El anuncio señala que Sernageomin definirá el estado con base en el análisis científico y que Senapred mantendrá los niveles de alertamiento territorial y las medidas de protección.
El monitoreo no elimina la incertidumbre: los instrumentos detectan cambios y permiten caracterizar la actividad, pero una anomalía puntual no basta para asegurar que ocurrirá una erupción. La lectura depende de la evolución de los registros, de las condiciones propias de cada volcán y de la combinación de evidencias disponibles. La fecha de implementación del nuevo protocolo, fijada por las instituciones, es el próximo hito del sistema de alertas.
REDIMIN Responde
¿Cuántos volcanes son monitoreados en tiempo real por la Red Nacional de Vigilancia Volcánica?
La Red Nacional de Vigilancia Volcánica mantiene monitoreo instrumental en tiempo real de 43 volcanes priorizados.
¿Qué métodos utiliza Sernageomin para monitorear la actividad volcánica?
Sernageomin utiliza un seguimiento que combina sismicidad, deformación, gases, aguas, infrasonido y observaciones de superficie. Los sismómetros, GNSS, cámaras, DOAS y otros instrumentos son parte del monitoreo.
¿Cuáles son los niveles de alerta técnica vigentes al 25 de octubre de 2026?
Al 25 de octubre de 2026, el esquema técnico vigente usa cuatro colores: verde, amarilla, naranja y roja. Cada color refleja un nivel de actividad diferente, desde habitual hasta una erupción mayor inminente.
¿Cuándo se implementará el nuevo protocolo de alertas volcánicas?
El nuevo protocolo que reemplazará las alertas por colores por Estados de Actividad Volcánica, en una escala de 0 a 5, se implementará el 28 de octubre de 2026.
¿Cuál es la función de Senapred en el nuevo protocolo de alertas volcánicas?
En el nuevo protocolo, Senapred mantendrá los niveles de alertamiento territorial y las medidas de protección, mientras que Sernageomin definirá el estado de actividad volcánica basado en el análisis científico.












