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Estados Unidos bloquea exportaciones de tungsteno y residuos de baterías para asegurar minerales críticos

Estados Unidos implementará restricciones a la exportación de tungsteno y residuos de baterías de ion-litio por un año, buscando fortalecer su cadena de suministro de minerales críticos y reducir la d

Estados Unidos bloquea exportaciones de tungsteno y residuos de baterías para asegurar minerales críticos
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La administración de Donald Trump restringirá por un año la salida de chatarra con tungsteno y “black mass” de baterías de ion-litio, en una nueva intervención sobre las cadenas de suministro de minerales estratégicos y en medio de la competencia con China por materiales utilizados en defensa, energía y tecnología.

Estados Unidos decidió cerrar temporalmente la exportación de determinados residuos con minerales críticos, una medida que obligará a mantener dentro del país chatarra con tungsteno y material proveniente del procesamiento de baterías de ion-litio. La restricción apunta a aumentar la disponibilidad de materias primas secundarias para la industria estadounidense y fortalecer una cadena de reciclaje que Washington considera estratégica para su seguridad económica y militar.

La decisión se aplicará durante un año y comenzará a regir el 27 de agosto de 2026. El foco estará puesto en dos corrientes de materiales: los residuos y chatarra que contienen tungsteno y la denominada “black mass”, mezcla obtenida después de triturar baterías de ion-litio y que puede contener litio, níquel, cobalto, manganeso y grafito recuperables.

El cambio representa un paso adicional en la política estadounidense para reducir su exposición a cadenas internacionales dominadas por China, particularmente en minerales utilizados por fabricantes de baterías, industria tecnológica, acero especializado y sistemas de defensa.

El tungsteno entra al centro de la seguridad mineral

El tungsteno posee características que lo convierten en un insumo difícil de sustituir en determinadas aplicaciones. Su elevada dureza y resistencia a altas temperaturas permiten utilizarlo en herramientas industriales, aleaciones, componentes de alto desempeño y aplicaciones vinculadas al sector defensa.

Estados Unidos enfrenta además una limitación estructural: actualmente no cuenta con minas de tungsteno activas a escala comercial, lo que incrementa la relevancia del reciclaje y de los inventarios existentes dentro de su territorio. La disponibilidad internacional del metal también se ha tensionado en medio de las restricciones chinas y del aumento de la demanda asociada al reforzamiento de las cadenas de suministro militares.

En este escenario, permitir que material recuperable salga del país significa perder una fuente secundaria de suministro que puede ser reincorporada al circuito productivo.

La nueva regulación busca modificar precisamente ese flujo. Los vendedores estadounidenses deberán colocar estos materiales en el mercado doméstico, salvo que obtengan una excepción o autorización específica.

Baterías usadas pasan a ser una reserva de minerales

El segundo componente de la política es especialmente relevante para la industria de baterías.

Cuando las baterías de ion-litio son trituradas durante su proceso de reciclaje se obtiene una mezcla conocida como black mass. Lejos de ser únicamente un residuo industrial, este material constituye una concentración secundaria de metales que posteriormente pueden ser separados, refinados y reincorporados a nuevas cadenas productivas.

Entre los elementos potencialmente recuperables se encuentran litio, níquel, cobalto, manganeso y grafito, todos materiales relevantes para distintas químicas de baterías y considerados estratégicos dentro de las políticas de seguridad mineral impulsadas por Washington.

La lógica detrás de la restricción es evitar que Estados Unidos exporte la materia prima secundaria mientras mantiene dependencia externa para acceder posteriormente a materiales refinados.

El problema es que conservar los residuos dentro del país no garantiza por sí solo que puedan procesarse.

Estados Unidos todavía dispone de una capacidad limitada para transformar determinados residuos de baterías en materiales nuevamente aptos para fabricación industrial. Parte importante de ese procesamiento continúa concentrándose en Asia, lo que deja una brecha entre la disponibilidad física del material y la capacidad para recuperar sus metales a escala comercial.

Un mercado de reciclaje bajo presión

La medida también busca dar mayor respaldo a una industria estadounidense de reciclaje que ha enfrentado dificultades financieras.

Empresas orientadas a desarrollar capacidad para recuperar materiales desde baterías usadas han debido enfrentar altos requerimientos de capital, volatilidad en los precios de los metales y dificultades para alcanzar rápidamente escalas competitivas frente a los grandes centros asiáticos de procesamiento.

Casos como Li-Cycle y Ascend Elements reflejan las tensiones existentes en el sector norteamericano, mientras nuevas instalaciones buscan avanzar en el procesamiento doméstico de materiales críticos.

La administración estadounidense espera que restringir las exportaciones aumente el volumen disponible para operadores locales.

El Departamento de Comercio mantendrá, sin embargo, la posibilidad de entregar exenciones caso a caso cuando las restricciones puedan generar impactos financieros severos para determinadas compañías.

Esto será relevante porque retener materiales sin contar con compradores o capacidad industrial suficiente podría provocar acumulación de inventarios y presión sobre los precios internos de la chatarra.

Estados Unidos exporta miles de toneladas de residuos electrónicos

La magnitud potencial del mercado explica parte del interés de Washington.

Estados Unidos exporta aproximadamente 33.000 toneladas métricas mensuales de residuos electrónicos, parte de los cuales contiene minerales críticos recuperables. Redirigir una fracción de esos volúmenes hacia plantas domésticas podría incrementar la disponibilidad secundaria de materias primas sin necesidad de esperar el desarrollo de nuevas minas.

El reciclaje aparece así como una segunda vía dentro de la estrategia mineral estadounidense.

Por un lado, Washington busca acelerar proyectos mineros y aumentar la producción doméstica. Por otro, pretende evitar que metales ya ingresados a su economía vuelvan a salir incorporados en productos fuera de uso, baterías agotadas o residuos industriales.

La administración Trump ya había establecido como prioridad ampliar la producción estadounidense de minerales y reducir la dependencia de proveedores extranjeros, bajo el argumento de que el acceso seguro a estas materias primas es relevante para transporte, infraestructura, defensa y nuevas tecnologías.

China sigue condicionando el mercado de minerales críticos

La decisión tiene una dimensión geopolítica directa.

China mantiene una posición dominante en distintas etapas del procesamiento global de minerales críticos y durante los últimos años ha utilizado controles de exportación sobre determinados materiales y tecnologías vinculadas a su procesamiento.

Para Estados Unidos, esa concentración representa un riesgo particularmente sensible en productos destinados a defensa.

La respuesta de Washington ha combinado incentivos a proyectos domésticos, financiamiento de nuevas cadenas de suministro, restricciones comerciales y controles destinados a reducir el uso de materiales provenientes de China.

La retención de chatarra de tungsteno y residuos de baterías lleva esa estrategia al terreno de la economía circular: no se trata solamente de encontrar nuevas minas, sino también de impedir que minerales ya disponibles dentro del país abandonen nuevamente su cadena industrial.

El reciclaje se convierte en política minera

La restricción estadounidense muestra un cambio más amplio en la forma en que las principales economías están abordando la seguridad de suministro.

Los residuos mineros, baterías agotadas, componentes electrónicos y chatarra metálica están comenzando a ser considerados depósitos secundarios de minerales cuya importancia aumenta cuando el suministro primario se concentra geográficamente o enfrenta restricciones comerciales.

Europa avanza en una dirección similar. La Unión Europea contempla restricciones a determinadas exportaciones de black mass hacia países fuera de la OCDE, reforzando la tendencia a conservar dentro de las grandes economías industriales materiales con potencial de recuperación.

Para la industria minera, el avance del reciclaje no elimina la necesidad de nuevas operaciones. El crecimiento esperado de sectores como almacenamiento energético, electrificación, infraestructura eléctrica, tecnología y defensa seguirá requiriendo producción primaria.

Pero la medida estadounidense incorpora una nueva variable al mercado: la competencia por minerales críticos ya no comienza únicamente en la mina. También alcanza la chatarra, las baterías usadas y los residuos industriales capaces de convertirse nuevamente en materia prima.

Estados Unidos busca precisamente cerrar ese circuito. Mantener tungsteno y metales de baterías dentro de sus fronteras permitirá comprobar durante los próximos doce meses si las restricciones comerciales pueden acelerar efectivamente una industria nacional de recuperación de minerales o si la falta de capacidad de procesamiento seguirá siendo el principal cuello de botella.