
El Ministerio de Minería identificó condiciones geológicas favorables en la zona centro-sur y planteó avanzar desde la extracción hacia etapas de procesamiento y separación. En Biobío, el proyecto de Penco considera una inversión de US$130 millones y aparece como la iniciativa más avanzada de esta nueva cadena productiva.
El Gobierno puso a Biobío, Ñuble y Maule entre las regiones con potencial para ampliar la minería chilena hacia las tierras raras, un grupo de minerales que ha ganado importancia por su uso en vehículos eléctricos, energías renovables, electrónica avanzada y otras tecnologías.
La estrategia fue expuesta ante la Comisión de Minería y Energía de la Cámara de Diputadas y Diputados, que este 9 de septiembre analizó específicamente la aprobación ambiental del proyecto de tierras raras impulsado en Penco y sus eventuales implicancias para la comuna y la Región del Biobío. A la sesión fueron convocados representantes del Ministerio de Minería, autoridades regionales y especialistas de la Universidad Católica de la Santísima Concepción.
Biobío aparece como el punto más avanzado
Aunque el Ejecutivo identifica condiciones favorables para este tipo de minerales en las tres regiones, Biobío es actualmente donde existe un proyecto concreto en una etapa más avanzada. El Ministerio destacó que la zona cuenta, además, con infraestructura portuaria, capacidades industriales, universidades y empresas proveedoras que podrían servir de base para desarrollar una cadena de valor más amplia.
En Penco y Concepción se encuentra el Proyecto de Desarrollo Minero de Extracción de Arcillas para Producción de Concentrado de Tierras Raras, cuyo titular ambiental es REE UNO SpA. La iniciativa contempla una inversión de US$130 millones y una planta con capacidad para producir del orden de 1.700 toneladas secas anuales de concentrado de tierras raras, según los antecedentes presentados al Servicio de Evaluación Ambiental (SEA).
Las cifras más recientes expuestas por el Ministerio de Minería señalan que uno de los proyectos considerados para la región podría generar alrededor de 400 empleos directos durante su construcción, con un máximo cercano a 600 trabajadores, y alcanzar hasta 1.400 puestos directos e indirectos durante la operación. También contempla un compromiso de 40% de contratación local.
El desafío es avanzar más allá de la extracción
La discusión del Gobierno no se limita a extraer estos minerales. El seremi de Minería del Biobío, Daniel Escobar, planteó que Chile podría avanzar hacia el procesamiento y separación de tierras raras, etapas que permitirían incorporar mayor valor industrial y desarrollar nuevas capacidades técnicas y profesionales en el país.
El Ministerio también informó que existe la proyección de desarrollar una planta de procesamiento y separación en la Región del Biobío, complementando la producción de concentrado. La apuesta apunta a aprovechar las capacidades industriales existentes en la zona centro-sur y evitar que la nueva actividad quede limitada únicamente a la extracción del recurso.
Las tierras raras incluyen elementos como neodimio, praseodimio, disprosio y terbio, utilizados principalmente en la fabricación de magnetos permanentes de alto desempeño. Estos componentes son relevantes para motores eléctricos, turbinas eólicas y distintas tecnologías que han elevado la importancia estratégica de estos minerales.
Proyecto de Penco tiene aprobación ambiental, pero mantiene reclamaciones
El proyecto de Penco fue aprobado ambientalmente durante 2026, tras su evaluación en el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental. Sin embargo, el proceso administrativo aún mantiene frentes abiertos: el registro actualizado del SEA muestra cuatro recursos de reclamación en trámite vinculados a la iniciativa, con el primero ingresado el 5 de agosto.
Ese escenario obliga a diferenciar el potencial geológico y los planes presentados por el Gobierno de la materialización efectiva de nuevas operaciones. El Ministerio señaló ante el Congreso que cualquier avance deberá considerar estándares ambientales, entrega de información, participación ciudadana y diálogo con las comunidades.
La exposición abre así una discusión que va más allá de un solo proyecto en Penco: si Biobío, Ñuble y Maule pueden transformarse en un nuevo polo minero e industrial para las tierras raras y cuánto de esa cadena de valor podría desarrollarse efectivamente dentro de Chile.












