
Cochilco proyecta que la oferta minera mundial crecerá apenas 0,2% en 2026, en un escenario marcado por interrupciones operacionales, retrasos de proyectos y deterioro de las leyes. En Chile, la caída sostenida de la concentración de cobre en el mineral aumenta la presión sobre plantas, energía y costos.
La disminución de las leyes del mineral vuelve a instalarse como una de las principales restricciones estructurales para el crecimiento de la producción de cobre. En Chile, donde la ley promedio ponderada pasó de 1,13% en 2002 a 0,62% en 2024, la industria enfrenta el desafío de obtener más metal desde mayores volúmenes de roca, aumentando la presión sobre capacidad de procesamiento, consumo energético y productividad.
El problema adquiere mayor relevancia en un mercado donde la oferta continúa mostrando dificultades para responder al crecimiento de la demanda. Cochilco proyecta que la producción minera mundial alcanzará 23,5 millones de toneladas de cobre en 2026, solo 0,2% por encima del año anterior.
Las interrupciones operacionales, las menores leyes del mineral y los retrasos en la puesta en marcha de nuevos proyectos están limitando el crecimiento esperado. Para 2027, el organismo proyecta una recuperación más marcada, con una producción cercana a 24,5 millones de toneladas y un incremento de 3,8%.
En Chile, sin embargo, el deterioro de las leyes no corresponde a un fenómeno coyuntural. Durante poco más de dos décadas, la ley promedio ponderada de cobre disminuyó cerca de 45%, una trayectoria que modifica directamente la economía de las operaciones.
Con menos cobre contenido por tonelada de mineral, las compañías necesitan extraer, transportar, chancar y procesar mayores volúmenes para obtener cantidades equivalentes de metal. Esto aumenta el uso de equipos, energía e infraestructura y, al mismo tiempo, convierte la capacidad disponible en las plantas concentradoras en un recurso cada vez más crítico.
Más mineral para producir la misma cantidad de cobre
La reducción de las leyes tiene consecuencias a lo largo de toda la cadena productiva. Una mina puede aumentar el movimiento de material, pero esa estrategia encuentra rápidamente límites cuando la planta concentradora opera cerca de su capacidad de diseño.
En ese escenario, enviar material de bajo valor a molienda puede desplazar mineral de mejor calidad y utilizar capacidad que podría destinarse a toneladas con mayor contenido de cobre.
“Con leyes más bajas, la respuesta no puede consistir solamente en mover y procesar más roca. La capacidad de una concentradora es un activo limitado, intensivo en energía y costoso de ampliar. Por eso adquiere cada vez más importancia conocer qué material estamos enviando a planta y utilizar esa capacidad donde puede generar mayor valor”, explica Bernardo Ossandón, ingeniero senior de NextOre, empresa de tecnología minera que forma parte de MagnaTerra Technologies.
El desafío también tiene una dimensión energética. Entre 2025 y 2034, la producción chilena de cobre aumentaría 8,3%, mientras que el consumo eléctrico de la industria crecería 20,2%, desde 27,6 TWh hasta 33,2 TWh.
La concentración aparece como el principal foco de esa demanda. Hacia 2034 utilizaría alrededor de 18,1 TWh, equivalentes al 55% de toda la electricidad consumida por la minería del cobre.
La diferencia entre el crecimiento esperado de la producción y el incremento de la demanda eléctrica muestra una presión cada vez mayor sobre la eficiencia del sistema productivo. Procesar toneladas que aportan poco metal no solo ocupa capacidad de planta: también incorpora costos energéticos, desgaste de equipos y requerimientos adicionales de agua y transporte.
Tecnología para conocer el mineral antes de la molienda
La necesidad de tomar decisiones antes de que el mineral ingrese a las etapas más intensivas en energía ha impulsado distintas tecnologías de caracterización, medición y clasificación.
Los análisis tradicionales de laboratorio continúan siendo fundamentales para controlar y conocer las características del mineral, pero actualmente conviven con soluciones capaces de entregar información durante la operación.
Entre ellas se encuentran tecnologías basadas en fluorescencia de rayos X (XRF) para determinar composición elemental y sistemas de transmisión de rayos X (XRT), que pueden diferenciar partículas utilizando características asociadas a su densidad atómica.
Los equipos de clasificación mediante sensores pueden identificar partículas individualmente y separarlas antes de que avancen hacia etapas posteriores del procesamiento. El objetivo es intervenir el flujo en un punto donde todavía resulta posible decidir qué material continúa hacia la planta y qué material puede seguir una ruta diferente.
Otra línea de desarrollo corresponde a analizadores instalados sobre correas transportadoras. Tecnologías como PGNAA y PFTNA permiten caracterizar elementalmente flujos continuos de material a granel y utilizar esa información para control de alimentación, clasificación, mezcla o administración de stocks.
La disponibilidad de datos en tiempo real amplía las alternativas para administrar una planta concentradora frente a la variabilidad natural del yacimiento.
Resonancia magnética llega al procesamiento de minerales
Entre las soluciones desarrolladas para esta etapa se encuentra la resonancia magnética aplicada al análisis de mineral, tecnología surgida de investigaciones de la agencia científica australiana CSIRO y posteriormente llevada a aplicaciones industriales por NextOre.
Su funcionamiento permite medir la ley de determinados minerales mientras el material avanza sobre una correa transportadora, sin detener el flujo operacional.
A diferencia de sistemas enfocados principalmente en composición elemental, esta tecnología utiliza pulsos de radiofrecuencia para detectar respuestas características de minerales específicos. El desarrollo permitió llevar una técnica utilizada originalmente sobre pequeñas muestras a volúmenes de material compatibles con las tasas de tratamiento requeridas por operaciones mineras.
La medición antes de la molienda abre la posibilidad de identificar diferencias de ley dentro del flujo y utilizar esa información en decisiones de clasificación o alimentación.
“Más que pensar que existe una tecnología que por sí sola resuelve el desafío de las menores leyes, lo relevante es disponer de la información adecuada en el momento en que todavía es posible actuar. En nuestro caso, buscamos conocer la ley del material a granel antes de la molienda, permitiendo que cada operación pueda tomar mejores decisiones respecto del uso de su capacidad de procesamiento”, señala Ossandón.
Productividad se vuelve decisiva para sostener la oferta
El deterioro de las leyes forma parte de una combinación más amplia de restricciones que están condicionando la oferta mundial de cobre. Junto con los problemas operacionales y los retrasos de nuevos proyectos, obliga a las compañías existentes a buscar aumentos de producción dentro de operaciones cada vez más complejas.
Para Chile, el desafío es especialmente relevante. El país mantiene una amplia base de yacimientos maduros, mientras las expansiones y proyectos de reposición deben compensar progresivamente condiciones mineralógicas más exigentes.
En ese contexto, incrementar producción ya no depende únicamente de ampliar minas o instalar mayor capacidad. La capacidad para identificar el valor del mineral antes de utilizar energía, agua y capacidad de molienda comienza a transformarse en una variable económica central.
Con leyes estructuralmente menores y plantas concentradoras llamadas a absorber una proporción creciente del consumo eléctrico del sector, la productividad estará cada vez más ligada a decisiones sobre qué toneladas procesar, cuándo hacerlo y con qué información.
La presión por producir más cobre para un mercado mundial ajustado convierte así la caracterización temprana del mineral, la clasificación y el control avanzado del proceso en herramientas que pueden adquirir mayor relevancia en la competitividad futura de las operaciones mineras.






