Petróleo vuelve a dominar la agenda energética global. Los precios del crudo registraron un fuerte repunte este viernes en medio de la escalada militar entre Estados Unidos e Irán, mientras Qatar advirtió que el conflicto podría provocar una interrupción del suministro desde el Golfo Pérsico en cuestión de días, un escenario que ya tensiona a los mercados internacionales.
El movimiento en los mercados ha sido abrupto. El crudo Brent, referencia global para Europa, subía cerca de 4,5% hasta los US$89,23 por barril, alcanzando su nivel más alto en casi dos años y marcando un nuevo máximo de 52 semanas. En paralelo, el West Texas Intermediate (WTI) —referencia clave para el mercado energético de América y para países importadores como Chile— avanzaba 6,3% hasta US$86,06 por barril, su mayor cotización desde abril de 2024.
El salto acumulado durante la semana es aún más significativo: el WTI registra un alza superior al 32% en solo cinco días, lo que lo encamina a su mayor incremento semanal desde el inicio de la invasión rusa a Ucrania en 2022.
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El repunte refleja la creciente preocupación del mercado por el impacto que el conflicto podría tener sobre el suministro global de energía, especialmente considerando la relevancia estratégica del Estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más críticas para el comercio petrolero mundial.
El Estrecho de Ormuz vuelve al centro del riesgo energético
La escalada militar en Medio Oriente ha reducido drásticamente el tránsito de buques en el Estrecho de Ormuz, un corredor por el que normalmente circula cerca de una quinta parte del petróleo que se comercializa en el mundo.
La posibilidad de que el paso quede completamente bloqueado comenzó a reflejarse rápidamente en las cotizaciones del crudo.
En ese contexto, el ministro de Energía de Qatar, Saad al-Kaabi, advirtió en declaraciones al Financial Times que la situación podría deteriorarse con rapidez si la seguridad marítima continúa deteriorándose.
Según el funcionario, los exportadores del Golfo podrían verse obligados a suspender los envíos en cuestión de días, lo que tendría un impacto inmediato en la oferta global.
Al-Kaabi planteó además que, si los petroleros dejan de cruzar el Estrecho de Ormuz, el precio del crudo podría escalar hasta los US$150 por barril en las próximas semanas, un nivel que no se observa desde los máximos registrados tras la invasión rusa a Ucrania.
El riesgo es particularmente relevante porque el Golfo Pérsico concentra algunas de las mayores capacidades de exportación de petróleo del mundo, incluyendo a Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Irak y Qatar.
Movimientos tácticos de Estados Unidos y señales del mercado
Durante la noche los precios registraron una breve corrección a la baja, luego de que Estados Unidos anunciara una exención temporal de 30 días para que India retome compras de crudo ruso.
India, el tercer mayor importador de petróleo del mundo, había enfrentado previamente aranceles de penalización de hasta 25% por adquirir petróleo proveniente de Rusia. Sin embargo, esas medidas fueron retiradas el mes pasado, lo que abrió espacio para una flexibilización en el comercio energético.
La corrección también respondió a reportes que indican que el Departamento del Tesoro de Estados Unidos evalúa mecanismos para contener el alza del petróleo, incluyendo eventuales intervenciones en el mercado de futuros.
Pese a esas señales, el mercado sigue dominado por la incertidumbre geopolítica.
Impacto económico: energía cara y presiones inflacionarias
El conflicto entre Irán y Estados Unidos entró este viernes en su séptimo día, sin señales de desescalada.
El secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, afirmó en una conferencia de prensa que Washington está preparado para intensificar las operaciones militares.
“No hay escasez de voluntad estadounidense. Si creen que ya han visto algo, esperen. La cantidad de poder de combate que sigue llegando es múltiple de lo que es ahora”, señaló.
El encarecimiento del petróleo ya comienza a generar debate entre economistas sobre su impacto macroeconómico.
Según Atakan Bakiskan, economista jefe para Estados Unidos en Berenberg, un aumento del precio de la energía puede tener efectos contrapuestos sobre la inflación.
Por un lado, eleva directamente el índice de precios al consumidor al encarecer combustibles y transporte. Pero, al mismo tiempo, reduce el poder adquisitivo de los hogares y puede frenar la demanda por otros bienes, lo que eventualmente moderaría la inflación subyacente.
Mientras tanto, el mercado energético global permanece en estado de alerta. Si el flujo por el Estrecho de Ormuz se interrumpe efectivamente, el mundo podría enfrentar uno de los mayores shocks petroleros de las últimas décadas.









