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Oro repunta 9% en agosto y comienza a recuperar su condición de activo refugio

El oro experimenta un repunte del 9% en agosto, alcanzando los US$4.400 por onza, impulsado por la demanda institucional y la moderación de las tasas de interés, a pesar de la volatilidad geopolítica.

Oro repunta 9% en agosto y comienza a recuperar su condición de activo refugio
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El metal precioso volvió a situarse en torno a US$4.400 por onza tras caer bajo US$4.000 en junio. El movimiento devuelve protagonismo a la demanda institucional y de bancos centrales, aunque la guerra con Irán y las tasas de interés mantienen elevada la volatilidad.

El oro acumula un repunte cercano al 9% durante agosto y vuelve a negociarse alrededor de US$4.400 por onza, una recuperación que comienza a recomponer su tradicional papel como activo refugio después de varios meses de fuertes correcciones provocadas por el impacto financiero de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán.

El movimiento marca un cambio relevante frente al comportamiento observado durante el primer semestre. El metal había alcanzado un récord cercano a US$5.595 por onza en enero, pero posteriormente cayó por debajo de los US$4.000 durante junio, en medio de una búsqueda global de liquidez, mayores precios de la energía y expectativas de tasas de interés más elevadas.

La recuperación de agosto no elimina esas presiones, pero muestra que inversionistas institucionales están comenzando nuevamente a aumentar su exposición al metal en un escenario caracterizado por incertidumbre geopolítica, menor fortaleza del dólar y señales de moderación inflacionaria en Estados Unidos.

Del récord a una corrección cercana al 30%

La magnitud del ajuste del oro durante 2026 sorprendió al mercado precisamente porque coincidió con una fuerte escalada de riesgos geopolíticos.

La guerra iniciada a fines de febrero generó inicialmente condiciones que normalmente favorecen al metal. Sin embargo, el impacto sobre el petróleo y las expectativas inflacionarias produjo el efecto contrario.

El encarecimiento de la energía elevó las perspectivas de inflación, redujo las probabilidades de recortes de tasas y fortaleció temporalmente activos denominados en dólares. Al mismo tiempo, distintos inversionistas vendieron posiciones líquidas —entre ellas oro— para obtener efectivo frente a la volatilidad de los mercados.

El resultado fue una caída desde máximos cercanos a US$5.600 hasta niveles inferiores a US$4.000 por onza. Al cierre de julio, el oro se mantenía aproximadamente 28% por debajo de su máximo histórico de enero.

Ese comportamiento no necesariamente implicó una pérdida permanente de su condición de refugio. En episodios de estrés financiero severo, el oro también puede transformarse temporalmente en una fuente de liquidez, especialmente cuando inversionistas necesitan cubrir pérdidas o reducir exposición en otras clases de activos.

Agosto cambia nuevamente el escenario

Durante agosto, varias de las condiciones que habían presionado al metal comenzaron a moderarse.

Una inflación estadounidense más contenida redujo las expectativas de nuevos aumentos de tasas de interés, mientras el dólar perdió terreno frente a otras monedas. El 17 de agosto, la divisa estadounidense llegó a niveles mínimos de dos meses frente al euro tras datos de ventas minoristas inferiores a lo esperado.

Para el oro, la evolución de las tasas resulta especialmente relevante.

A diferencia de los bonos, el metal no genera intereses. Por eso, cuando aumentan los rendimientos reales de los instrumentos financieros, mantener oro implica un mayor costo de oportunidad. Cuando las expectativas de tasas disminuyen, esa desventaja se reduce.

El comportamiento del petróleo constituye otra variable crítica. Una nueva escalada energética derivada de la guerra podría volver a presionar la inflación mundial y modificar las expectativas sobre la política monetaria de Estados Unidos.

Por ahora, el avance del metal hasta la zona de US$4.400 muestra que parte de esas presiones comenzó a ser absorbida por el mercado.

Bancos centrales vuelven al centro del mercado

Más allá de los movimientos de corto plazo, la demanda de los bancos centrales continúa siendo uno de los factores estructurales detrás del precio del oro.

Durante el segundo trimestre de 2026, las compras de bancos centrales alcanzaron 289 toneladas, mientras distintas autoridades monetarias continuaron aumentando la participación del metal dentro de sus reservas internacionales.

China también ha reforzado esta tendencia. Durante julio incorporó cerca de 20 toneladas de oro a sus reservas, uno de sus mayores incrementos mensuales de los últimos años.

El interés responde a una estrategia más amplia de diversificación.

En un escenario marcado por tensiones geopolíticas, elevados niveles de deuda soberana y mayor volatilidad de las monedas, distintas economías buscan reducir parcialmente su exposición a instrumentos financieros tradicionales y fortalecer activos que no dependen directamente de la solvencia de un emisor.

La recuperación registrada durante las últimas semanas también muestra señales de mayor demanda institucional por barras de gran tamaño en mercados asiáticos. En China, las primas sobre el precio internacional alcanzaron recientemente alrededor de US$1,50 por onza, reflejando un renovado interés comprador.

Los ETF todavía muestran una recuperación limitada

Pese al aumento del precio, el retorno de los inversionistas financieros todavía es gradual.

Los fondos cotizados respaldados por oro incorporaron aproximadamente US$7.000 millones durante la primera mitad de agosto, llevando sus activos administrados a cerca de US$582.000 millones.

El dato muestra una recuperación, pero todavía moderada frente a la magnitud del aumento experimentado por el precio del metal.

También permanece débil parte de la demanda física tradicional, especialmente en segmentos de joyería y monedas, donde los elevados precios internacionales reducen la capacidad de compra de consumidores.

Esto deja al mercado dependiendo en mayor medida de bancos centrales, fondos institucionales y grandes inversionistas.

Qué significa para la industria aurífera

Para las compañías productoras de oro, un precio estabilizado sobre US$4.000 por onza mantiene márgenes potencialmente elevados para numerosos proyectos, aunque el impacto final depende directamente de los costos operacionales, leyes minerales, inversión de capital y condiciones de cada faena.

Una recuperación sostenida también puede modificar las decisiones de inversión del sector.

Los ciclos alcistas del oro suelen mejorar las evaluaciones económicas de proyectos en exploración y desarrollo, aumentar el flujo de caja de productores existentes y facilitar el financiamiento de compañías junior que buscan avanzar campañas de perforación o estudios técnicos.

Sin embargo, la volatilidad registrada durante 2026 obliga a mirar más allá del precio spot.

Entre enero y junio el mercado demostró que incluso niveles históricamente altos pueden experimentar correcciones rápidas cuando cambian simultáneamente las expectativas sobre petróleo, inflación, tasas de interés y liquidez global.

El mercado observa la zona de US$4.500

El oro se aproxima ahora a una zona técnica relevante. Su promedio móvil de 200 días se encuentra alrededor de US$4.504 por onza, nivel que podría actuar como resistencia para la recuperación iniciada durante agosto.

Superar ese rango reforzaría la percepción de que la fuerte corrección del primer semestre comenzó a quedar atrás.

El escenario, sin embargo, continúa condicionado por la evolución de la guerra con Irán, el comportamiento del petróleo y las próximas decisiones de la Reserva Federal.

Para la industria minera, la señal más relevante es que el oro comienza nuevamente a atraer capital después de una de las correcciones más agresivas registradas desde su máximo histórico. El metal todavía se mantiene lejos del récord de enero, pero el repunte de agosto vuelve a instalar la posibilidad de que su demanda estructural como reserva de valor recupere protagonismo durante la segunda mitad de 2026.