
Wells Fargo reafirmó su visión alcista sobre el oro pese al retroceso que acumula el metal desde comienzos de marzo, en un escenario marcado por presiones inflacionarias, tensión en Medio Oriente y cambios en las expectativas sobre tasas de interés. La revisión mantiene al metal precioso en el centro de las coberturas financieras para 2026.
¿Qué argumentos sostuvo el banco pese al retroceso del metal?
En su más reciente informe de inversión, los analistas de Wells Fargo encabezados por Edward Lee reiteraron la tesis estructural favorable para el oro, apoyada en los mismos factores que impulsaron su fuerte avance en 2025: tasas de interés más bajas, compras de bancos centrales y riesgos geopolíticos.
La entidad planteó que esos elementos seguirían entregando soporte al metal de manera relativamente independiente del ánimo de corto plazo en los mercados. Bajo esa lectura, la baja reciente no alteraría el escenario de fondo, sino que abriría una “oportunidad táctica” para quienes buscan exposición al oro.
Te puede interesar
Lee sostuvo en la nota que la posibilidad de menores tasas de interés de corto plazo y la necesidad de cobertura frente a “sorpresas de política” aceleradas explican la mejora en la proyección del banco para 2026.
Caída de marzo y competencia de otros activos
Desde comienzos de marzo, el precio del oro ha caído más de 15%, afectado por la preocupación del mercado ante un repunte inflacionario asociado al conflicto en Medio Oriente. Según los antecedentes entregados, el metal se mueve ahora en torno a US$4.500 por onza, cerca de un 20% por debajo del máximo de casi US$5.600 anotado a fines de enero.
Aunque el oro suele actuar como refugio, en este episodio ha enfrentado la competencia de otros activos defensivos. El avance de los precios de la energía reajustó las expectativas sobre futuros recortes de tasas y favoreció flujos hacia el dólar estadounidense y los bonos, restando impulso al bullion en el corto plazo.
Wells Fargo, sin embargo, considera que ese freno sería transitorio. Su visión es que las presiones inflacionarias actuales tenderían a moderarse más adelante en el año, permitiendo que vuelvan a imponerse los factores que sostuvieron el rally previo del metal.
El nuevo rango objetivo y el respaldo de otros bancos
Con ese marco, Wells Fargo proyectó que el oro podría cerrar el año entre US$6.100 y US$6.300 por onza, lo que implica un alza de 35% a 40% respecto de los niveles actuales. La nueva estimación supera con amplitud su meta previa para fines de año, ubicada entre US$4.500 y US$4.700 por onza.
Uno de los argumentos centrales para elevar ese rango fue el aumento de las “policy surprises”, expresión con la que el banco aludió a medidas como aranceles y desregulación, factores que podrían reforzar la demanda por oro como cobertura dentro de las carteras.
La mirada de Wells Fargo no es aislada. JPMorgan mantuvo para fines de 2026 una referencia de US$6.300 por onza en un escenario de demanda persistente de bancos centrales e inversionistas, de acuerdo con un reporte de Reuters sobre la proyección del banco. En paralelo, UBS elevó su objetivo a US$6.200 por onza para los primeros tres trimestres de 2026, según su informe “Gold run to continue” publicado por la propia entidad.
Ese rango de expectativas muestra que, pese a la corrección reciente, el oro sigue siendo visto por grandes bancos globales como un activo con soporte estructural en un entorno de incertidumbre macroeconómica y geopolítica.






